La dualidad de Cristina: entre la denuncia

La Presidenta muestra su estrategia "bipolar". Por un lado, apunta contra aquellos que lucran y perjudican a los países. Por otro, ve con buenos ojos que el magnate, que logró hundir a la libra esterlina, sea quien resuelva el problema de deuda. Además, encontró a los culpables de la suba del blue



Estaba semivacía la sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas a la hora que hablaba Cristina Kirchner.
No como se supondría debía estar para interiorizarse sobre un "triple leading case" en campos tan importantes como el desarrollo económico, las finanzas soberanas y el terrorismo.

Pero la verdad es que esa imagen no era de extrañar: salvo cuando habla el mandatario estadounidense o el de algún país que está en el epicentro de un conflicto, este suele ser el panorama habitual de estas maratónicas sesiones de discursos presidenciales. Y este año no fue la excepción.
A pesar del cierto convencimiento en el plano interno sobre que la forma en que se resuelva el conflicto de la deuda nacional puede ser crucial para el futuro de las finanzas globales, esta asamblea volvió a dejar en claro que la Argentina no es considerada ni más ni menos influyente que sus vecinos.

Sin embargo, la Presidenta no daba señales de tener la autoestima herida. Más bien, su discurso fue considerado -a nivel del Gobierno- un punto alto en la disputa contra los "fondos buitre".

Al menos, así fue evaluado en el ámbito de la estrategia comunicacional y diplomática. Porque el discurso de Cristina llegaba tras un la votación de la ONU para que se estableciera un marco normativo "antibuitre" para las negociaciones de deuda soberana.

Tras agradecer el apoyo (la iniciativa argentina ganó por 124 a 11), la Presidenta denunció que hubo "presiones para que no se votara" y rescató que el caso albiceleste resultó, en definitiva, un triunfo del multilateralismo.

El otro evento, previo al discurso, que la jefa de Estado aprovechó para resaltar en su alocución, fue el almuerzo con el compatriota más influyente del mundo, el Papa Francisco.

Con su habilidad retórica, Cristina vinculó el tema financiero de los "buitres" con el terrorismo. Casi como para afirmar entrelíneas que el Sumo Pontífice, al expresar su preocupación por la violencia global, también daba su apoyo tácito a la postura argentina.
Mientras tanto, en Buenos Aires...
Ell dato relevante para el Gobierno argentino no era el nivel de concurrencia a la hora del discurso de Cristina ni mucho menos, las repercusiones que sus palabras pudieran tener sobre la Justicia estadounidense.

Como en muchas otras ocasiones, el verdadero auditorio en el que la Presidenta estaba pensando al hablar en el exterior no estaba conformado tanto por la comunidad internacional sino por el público interno.

A la hora en que Cristina reivindicaba los logros del "modelo de crecimiento con inclusión social", en Buenos Aires se volvían a batir récords en el mercado cambiario paralelo.

Lejos de pretender tapar el tema, el Gobierno ha resuelto crear un vínculo entre el dólar blue y los buitres.

Es un giro clásico en el "relato": cuando un problema crecer al punto de ya no poder ser ocultado, se lo presenta como el resultado de una acción conspirativa. Ya pasó así con la inflación, los despidos en empresas y la caída de las inversiones.

"Poner la cara con Griesa es más fácil que hacerlo con cuarenta millones de argentinos", ironiza el economista Carlos Melconian.

En la misma línea, José Luis Espert, tras el discurso de la mandataria apuntó: "Para ella hay buitres internos que especulan tanto financieramente que ya son terroristas económicos".

Lo cierto es que, para el espectador argentino, la calificación de "terroristas" que mencionó Cristina sobre los fondos buitre hizo acordar al episodio de la imprenta Donnelley.

Es lo que algunos analistas han denominado como la fase en la que la teoría conspirativa se internacionaliza: ahora ya se menciona explícitamente a empresas estadounidenses (como la referida imprenta y American Airlines) como socias de los buitres en un plan para crear un clima de inquietud.

En ese marco, varios funcionarios K -entre ellos Jorge Capitanich y el viceministro de economía, Emanuel Alvarez Agis- argumentaron que los movimientos del dólar blue están motivados por quienes quieren presionar al Gobierno para que dé marcha atrás en su negativa de cumplir con el fallo del juez Thomas Griesa.

Desde ese punto de vista, el hecho de que el dólar paralelo haya orillado la marca de $16 no hace más que incrementar la relevancia de las palabras de Cristina, para quien el objetivo detrás de todo el litigio es obligar a la Argentina a pagar tasas usurarias como castigo por sus posturas alejadas de la "ortodoxia".

Con semejante clima de presión devaluatoria, lucieron poco convincentes las frases con las que los funcionarios pretendieron transmitir tranquilidad.

Como la expresada por Alvarez Agis: "La situación es absolutamente distinta a la de febrero. A la psicosis de que no hay dólares y de que hay que recurrir a mercados ilegales hay que decir que la sociedad esté tranquila".

Luego, un comunicado del Banco Central intentó desmentir a los medios de prensa, que hablaban sobre la existencia de un desdoblamiento "de facto" del mercado cambiario. Esto, en un contexto en el que los importadores deben recurrir cada vez con más intensidad al dólar de "contado con liqui".
Lo cierto es que nadie más que la propia Cristina Kirchner pareció confirmar que la escasez de divisas llegó para quedarse.
Su duro discurso en la ONU implicó un reconocimiento de que hay una restricción casi total para acceder al mercado de crédito.

Esperando la decisión de Griesa
Las finanzas, que por cierto van por un carril distinto al del "relato", no tenían como evento clave al discurso presidencial de ayer, sino a un momento menos atractivo: una decisión que el juez Thomas Griesa deberá anunciar en las próximas horas, posiblemente mañana.

El "villano" preferido del kirchnerismo deberá contestar si permite que los acreedores que compraron bonos regidos por ley argentina puedan cobrar sus haberes -lo cual implicaría una marcha atrás en su decisión anterior de congelar los pagos- o si ratifica la prohibición de la cancelación.

En otras palabras, existe la posibilidad de que se pase de un default por el total de los bonos del canje a un default parcial, sólo por el 37% que está regido por la ley de New York.

La Argentina cuenta esta vez con aliados de peso, como el fondo de inversiones de George Soros.
El magnate tiene en su portfolio títulos argentinos del canje y exige cobrar inmediatamente, porque están regidos por legislación británica.

Es decir, planteó un punto de vista alineado con el de la Argentina, en el sentido de que el juez Griesa se excedió en sus atribuciones al impedir el cobro a acreedores cuyos títulos están regidos por otras legislaciones.

Sería una victoria para el Gobierno, que afronta este 30 de septiembre vencimientos por u$s183 millones, de los cuales un 63% (u$s116 millones) podrían quedar liberados para el pago, al ser títulos emitidos bajo ley de Londres y Tokio.

Esto sería tomado como un "pequeño gran triunfo" por el Ejecutivo nacional, en una dura batalla.

Porque, aunque no se saldría de la situación de default -y, por cierto, no se revertirá el fallo favorable a los "buitres"-, implicaría un reconocimiento tácito de que Griesa se extralimitó.

Para expresarlo en los términos que usó la Presidenta, el "leading case" estaría sentando un fuerte precedente para las finanzas globales, al ponerle un tope al intento de la Justicia estadounidense por regular las decisiones soberanas sobre las reestructuraciones de deuda.
La "fórmula Soros" se cuela en el relato
Lo irónico es que, en el caso de que las cosas salieran bien, no es a los 124 países amigos de la ONU a quien deba darse las gracias.

Si algo demostró Griesa y los jueces de la Corte Suprema es que la presión diplomática no les afecta.

En cambio, un replanteo del juez estadounidense debería ser atribuible a otras ayudas menos "mostrables" y de menor rédito político para el "relato": el Citibank y George Soros.

En el caso de la emblemática institución financiera, su presión se está haciendo sentir con el fuerte argumento de "tener un arma en la cabeza" porque no puede desconocer una orden de un juez estadounidense pero, al mismo tiempo, recibe dinero argentino que no le puede entregar a los acreedores y arriesga perder su licencia en el país.

El otro aliado impensado del "modelo nacional y popular" quedó bien explícito el pasado martes. Luego de reunirse con la organización internacional de sindicalistas, Cristina recibió a Soros para analizar la situación argentina y las finanzas globales.

Además de haberse transformado en un fuerte aliado del tema deuda -cuando su fondo Quantum inició acciones legales exigiendo el cobro de su cuota por los bonos argentinos emitidos bajo ley británica-, el "especulador" Soros ahora emerge como uno de los pocos inversores de peso a nivel global que manifiesta interés en poner dinero en este momento de la Argentina.

Durante su encuentro con Cristina, se tocó el tema del potencial energético local y también de la producción agrícola-ganadera.

No era para sorprenderse: Soros es accionista en la "argentinizada" YPF (ya desembolsó u$s450 millones) y, además, desde los años '90 es un fuerte jugador en el mercado agrícola.

No es poca cosa tener a Soros como aliado. Como tampoco es poca cosa para los fondos buitres tener a Soros como enemigo.
A fin de cuentas, el gran argumento del "jefe buitre" Paul Singer y compañía es que la Argentina, con su comportamiento al margen de la ley y su tendencia incontrolable a romper contratos, atenta contra los principios elementales del capitalismo financiero global.

Pero es difícil decirle lo mismo a Soros, un hombre que encarna por excelencia a las finanzas globales.

Es posible, además, que el rol más importante del magnate en toda esta saga todavía no se haya visto: hay versiones cada vez más insistentes en el sentido de que el financista aportaría la solución para el litigio por la deuda, ya que estaría dispuesto a comprarle a los "buitres" sus acreencias, con un descuento.

"Soros tiene los recursos financieros, tiene el conocimiento. Si está en sus manos hacer algo, creo que lo hará", afirmó Eduardo Eurnekian, uno de los mayores empresarios argentinos, que estuvo en Nueva York en los últimos días y maneja información de primera mano.

Eurnekian es, por otra parte, uno de los impulsores de una solución que implique la participación de privados, de manera tal que el conflicto con los buitres pueda dar paso a una salida del default y a que la deuda se transforme en participaciones en proyectos de inversión.

Esa es, a juzgar por la actitud de Cristina Kirchner, una salida que contaría con el beneplácito del Gobierno, luego de haber desestimado la iniciativa liderada por el banquero Jorge Brito.

El kirchnerismo no deja de sorprender.
Al tiempo que denuncia la conspiración buitre para desestabilizar la economía, la carta que emerge como gran esperanza para la economía es la de un financista que se hizo famoso por hundir la libra esterlina.

En caso de concretarse la "fórmula Soros", traería reminiscencias del Plan Brady a inicios del período de Carlos Menem, cuando se transformó la deuda en default en proyectos de infraestructura. En otras palabras, una salida "noventista"