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La historia del joven argentino campeón de ajedrez

Ayer no parecía ser el día de Alan Pichot. La misma mañana en que debía disputar la última partida del Campeonato Mundial Juvenil sub 16 de Ajedrez, en Durban (Sudáfrica), la organización anunció un cambio en el sistema de desempate que complicaba sus posibilidades. Pese a la inédita desprolijidad, Alan logró sobreponerse a los nervios y derrotar al ruso Maxim Litvinov y esa victoria le alcanzó para superar por medio punto a sus rivales, que hicieron tablas en la mesa de al lado. El épico desenlace sólo le agregó más emoción a un campeonato mundial que inscribió el nombre de Alan en la historia del ajedrez argentino. Sólo cinco chicos habían logrado un lauro semejante antes que él, y la última vez había sido 22 años atrás.

"Fue muy raro. Cuando llegamos veo un cartel en inglés que dice que los sistemas de desempate cambiaron. Ahí me puse bastante nervioso, pero no cambié mi estrategia de juego porque tenía que salir a ganar sí o sí. Por suerte me tocaron blancas y me salió bien", relata Alan a Tiempo Argentino al otro lado del teléfono desde la habitación de un hotel sudafricano. Ya es medianoche, pero la adrenalina no cabe en su cuerpo y el sueño todavía no pesa en sus párpados ni en los de su profesor, el Gran Maestro Sandro Mareco.
"En el mismo momento en que yo terminaba y le daba la mano a mi rival, vi que hacían tablas en la otra mesa. Ahí empezamos a festejar", recuerda Alan, que confiesa que "no esperaba tanto". Por eso, agrega, "es el logro más importante de mi vida".

Mareco comparte las sensaciones junto al pequeño Gran Maestro Internacional. Ambos pudieron arribar a Durban unos días antes para iniciar la preparación y coinciden en que esa fue la clave para "emparejar" las diferencias que consiguen rivales de otros países con historia en el deporte y que cuentan con una mayor estructura. Para ello fue fundamental el apoyo financiero del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) y del Circulo de Ajedrez Torre Blanca de Almagro, club donde Alan empezó a jugar a los 5 años, y que organizó una colecta para completar el monto necesario para que participe del torneo. Sus padres y su otro profesor, el Gran Maestro Sergio Slipak, no pudieron viajar y siguieron las partidas online.

"Varios días de la semana nos levantamos a las 5 de la mañana y hasta tuvimos que faltar a nuestros trabajos para poder verlo", confiesa Mariela Echenbaum, la madre orgullosa que lamenta no haber podido acompañar a su hijo. Para colmo, como en los torneos no dejan que los participantes lleven celular, apenas pudo conversar unos minutos con Alan cuando los cruzaron al aire en un programa de radio, varias horas después del logro.

"Alan se viene destacando desde hace mucho", cuenta Slipak, que también deja escapar su alegría a 8000 kilómetros de Durban. Hace cuatro años que le da clases y para dar una idea cabal de la calidad de su estudiante recuerda que con apenas 12 años ganó el Campeonato Argentino sub 18.
"Lo que más destacaría de su juego es su actitud competitiva. Él es muy agresivo y tiene facilidad para reponerse de las derrotas. Porque hay jugadores muy buenos que no salen a ganar y empatan mucho, y otros que cuando pierden, se caen", reflexiona Slipak. Esa cualidad, agrega, fue fundamental en el campeonato finalizado ayer. "En este torneo perdió dos partidas. Una de ellas fue la anteúltima, y se repuso para ganar el último", realza. Encima, añade, "siendo un jugador de mucho talento, en los últimos años le sumó mucho estudio. Algo que no es fácil de encontrar."

"Desde hace un año que estudio muy fuerte para tratar de mejorar mi juego y tengo ganas de dedicarme a esto", asegura Alan desde su habitación en Sudáfrica. Su rutina implica dos clases por semana con Slipak y Mareco, y tres horas de estudio diarias en su casa. Claro que, con el verano acercándose, todo puede cambiar. Sin embargo, "en las vacaciones trato de estudiar más fuerte porque no tengo que ir al colegio", explica con desenfado, como cualquier chico de 16 años.

El maestro más joven

Alan Pichot es el Maestro Internacional más joven de la historia del ajedrez argentino. El lauro, sin embargo, no llamó la atención de los sponsors. "Esta vez pudo viajar porque logramos resolver la parte financiera. Pero Alan sólo había participado en un Mundial antes y, con 9 años, empató el tercer puesto", cuenta Mariela Echenbaum, su mamá.

"Como acá el ajedrez es un deporte amateur, todo es a pulmón. Mientras que en otros países hay pibes que se pasan todo el año compitiendo y viajando por el mundo. A mí me duele ver que desde su computadora sigue cómo les va a otros chicos que están atrás de él en el ranking." Por eso, agrega, "lo que más necesita es un sponsor, ya que los profesores le recomiendan que el próximo paso es competir en Europa".
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