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“La Iglesia no puede reconocer a las parejas homosexuales”

“La Iglesia no puede reconocer a las parejas homosexuales”
Cambios en el Vaticano Desafiante, lo aseguró el cardenal Gerhard Muller, Prefecto de la Doctrina de la Fe.




Le llaman ya el “nuevo Ottaviani”, pero más arrogante todavía. El cardenal alemán Gerhard Müller no ha dejado pasar ni un sólo día para lanzar un ataque frontal contra el común sentir de los padres sinodales, resumido en la relatio post disceptationem del cardenal Peter Erdo. Mientras el documento sinodal abre la puerta a la acogida de divorciados vueltos a casar y de homosexuales, el Prefecto de Doctrina de la Fe asegura tajante que “ la Iglesia no puede reconocer a las parejas homosexuales ”, según relató en su portal Religion Digital, un medio católico especializado de España, su director Juan Manuel Vidal.

Alfredo Ottaviani fue un conservador Cardenal italiano y Prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sirvió como secretario del Santo Oficio en la Curia Romana desde 1959 a 1966 en que ese dicasterio fue reorganizado como la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la cual él era Pro-Prefecto hasta 1968.

Muller no sólo critica abierta y públicamente, en declaraciones a los periodistas, las decisiones de los padre sinodales, presididos por el Papa, sino también el método de trabajo del propio Sínodo. “Me parece que es contradictorio que, fuera del aula sinodal, los obispos puedan conceder libremente entrevistas, mientras sus intervenciones en el aula no se publican”, denuncia. A su juicio, “se rompe así una tradición de la Iglesia”.

Y añade, desafiante, que “no me importa si algunos no están de acuerdo con mi opinión. Yo digo lo que quiero y, sobre todo, lo que debo decir como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe”. Para que se vea que no es el único discrepante, asegura que está dando voz “a las protestas de muchos fieles que me han escrito a este respecto de diferentes países y que tienen derecho a conocer lo que piensan sus obispos”.

En ambientes romanos, la salida de tono del guardián de la ortodoxia ha caído como una bomba. Unos consideran que se trata de un llamamiento abierto a la rebelión contra la dinámica de la misericordia puesta en marcha por el Sínodo y un llamamiento público a los jerarcas de su línea para hacerle frente. Otros aseguran que es el simple “pataleo” del derrotado por la asamblea, dado que la sensibilidad por él capitaneada ha salido vapuleada del aula sinodal, cuenta Vidal en su página.
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