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La ignorancia y el dogma del pro

La ignorancia y el dogma del Pro

Por: Marcelo Zlotogwiazda




Sucedió el milagro. Clarín, Página 12, La Nación y Tiempo coincidieron en algo: informaron mal. Los cuatro diarios titularon que Mauricio Macri prometió que en caso de ser presidente eliminará el impuesto a las Ganancias de trabajadores.

Es cierto que el líder del Pro había afirmado textualmente a Cadena 3 que “la inflación se va a acabar en mi gobierno y no va a haber más impuesto a las Ganancias para los trabajadores”. Pero no fue lo único que había dicho al respecto. En el mismo reportaje, Macri agregó que “el impuesto lo tiene que pagar la gente que está en el quintil que más plata gana”.

El habitual modo confuso en que se expresa Macri no exime a los diarios del error. Quedaba claro que el jefe de gobierno porteño quiso decir que Ganancias debe gravar sólo a la gente de mayores ingresos; según él, “al quintil que más plata gana”. O sea al 20 por ciento que mejor está.

Dejando de lado la imprecisión informativa de los medios, la declaración de Macri no sólo confirma sus carencias expresivas. También deja en evidencia su ignorancia sobre el tema, dado que lo que él propone ya ocurre.

Cuando hace un año el Gobierno elevó por última vez el mínimo no imponible de Ganancias a 15.000 pesos, Ricardo Echegaray comunicó que tras esa modificación sólo el 10,2 por ciento de los trabajadores en relación de dependencia quedaba alcanzado por el tributo. Seguramente, la falta de actualización de ese piso y los reajustes salariales efectuados desde entonces extendieron la cobertura a un porcentaje mayor, pero que difícilmente llegue al 20 por ciento que propone Macri.

Es decir que la idea de Macri de gravar al 20 por ciento que más gana hasta podría implicar aumentar la incidencia del impuesto.

Paradojas del desconocimiento.

El sindicalismo vernáculo también revela desconocimiento sobre el tema, o hipocresía, cada vez que reclama la eliminación del impuesto para los trabajadores con el argumento de que el salario no es ganancia. Aunque con denominaciones más apropiadas como, por ejemplo, impuesto al Ingreso, el gravamen existe en la mayoría de los países de desarrollo medio y alto.

No sólo existe. El nivel de ingresos a partir del cual se paga es en muchos casos inferior al mínimo no imponible vigente en la Argentina: en Portugal quedan alcanzados los que ganan desde el equivalente a 28 dólares por mes; en México, desde 48; en Italia, desde 196; en Holanda desde 215; en Estados Unidos, desde 475; en España, desde 550; en Brasil, desde 624; en Alemania, desde 854; en Chile, desde 1.099 dólares mensuales.



Aún convertido a dólar negro, aquí pagan los que ganan más de 1.000 dólares por mes.

La endeblez de Macri y el reclamo sindical a favor de los intereses de sus afiliados más acomodados no quitan que el Gobierno ha hecho lo suyo para restarle legitimidad al impuesto. Fundamentalmente, al no haber promovido ninguna normativa que establezca criterios lógicos para actualizar el mínimo no imponible, y al dejar congeladas desde el año 2001 las escalas de ingresos a las que se aplican las correspondientes alícuotas progresivas del 9 al 35 por ciento. Lo primero provocó que el alcance del impuesto oscilara al ritmo de la inflación y del ritmo arbitrario de actualización del mínimo no imponible que adoptó el Gobierno; el congelamiento de las escalas debilitó enormemente la progresividad del impuesto, ya que a una porción importante de los trabajadores les corresponde las alícuotas más elevadas. Basta observar que alrededor de la mitad de los que pagan son gravados con las alícuotas de las escalas más bajas.

Es por eso que el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra) de la CTA oficialista señaló en un reciente informe que “el elemento sustancial a corregir es la actualización de las escalas que están congeladas desde 2001, de modo tal de tornar más progresivo el tributo y que los estratos más bajos pasen a abonar una parte menor de su ingreso”. En concreto, propone “modificar las escalas y alícuotas para que grave menos a trabajadores que ingresan en las escalas inferiores (incorporando alícuotas de 3% y 6%, por ejemplo) y más a los de las superiores (llevándola hasta el 42%)”.

El informe del centro que dirige Eduardo Basualdo exhibe un ejercicio de modificación de escala con dos alternativas para el caso de un trabajador soltero sin carga de familia que cobra un salario neto de 17.558 pesos. Actualmente, ese sueldo lo incluye en la categoría que paga la alícuota máxima del 35 por ciento, lo que determina un impuesto anual de 28.500 pesos, equivalente a 1,6 sueldos mensuales.

En una de las alternativas que plantea Cifra, las escalas suben un 100 por ciento. Eso hace que la alícuota que le corresponde baja del 35 al 27 por ciento, el impuesto anual disminuye de 28.500 a 22.200, equivalente a 1,3 sueldos mensuales.

En la otra alternativa, las escalas se cuadruplican. La alícuota para este ejemplo cae del 35 al 23 por ciento, y el impuesto anual de 28.500 a 16.800, lo que representa menos de 1 sueldo mensual.

En el esquema planteado por Cifra, la disminución de lo que abonan los de las categorías más bajas sería en parte compensado por el aumento en las alícuotas de las categorías más altas, y por la eliminación de exenciones que tiene el impuesto.

Volviendo al Pro, es curioso que varios de los programas del kirchnerismo tengan una denominación que evoca al macrismo: Procrear, Procreauto, Proemplear, Progresar o Repro. No es el caso del flamante Ahora 12, el plan de pago en cuotas con tarjeta para productos fabricados en el país, que para seguir a tono bien podría haber sido bautizado como Procuota, Prodoce o Protarjeta.

Más allá de esa peculiaridad, es notable que las iniciativas que lanza el Gobierno están mucho más inclinadas al estimulo del consumo o al cuidado del nivel de empleo, que a la promoción de la oferta o de la inversión. Es la evidencia de que el kirchnerismo cree dogmáticamente que la demanda crea la oferta.
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