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La impopularidad de Maximo en Santa Cruz

Las encuestas de opinión pública son terribles para Máximo Kirchner en la provincia donde más se lo conoce, Santa Cruz. En Río Gallegos, donde creció y aún tiene su domicilio electoral, 8 de cada 10 informó en 2003 que nunca lo votaría.




Por lo tanto, Máximo no tiene territorio político si pretende lanzarse a la política. Él precisa reinsertarse. Por eso Horacio Verbitsky pone énfasis en 2 cuestiones: que Máximo Kirchner nació en La Plata (provincia de Buenos Aires), no en Río Gallegos (Santa Cruz), y que será Carlos Zannini quien confeccionará las listas de candidatos a legisladores por el Frente para la Victoria, no Daniel Scioli ni quien resulte el presidenciable. Scioli debería comenzar a reflexionar, con alguna profundidad, esa oferta del Frente Renovador (que nunca fue 'chicana' sino una oportunidad de evitar el colapso que le auguran los Kirchner) para que se reinserte en la política como candidato a jefe de Gobierno porteño.

Esfuerzo considerable de Horacio Verbitsky, en Página/12, reconstruyendo la biografía y el futuro de Máximo Kirchner (aunque patético el presidente del clientelar Centro de Estudios Legales y Sociales intentando explicar que La Cámpora no es un rejunte de empleados públicos sino una organización prestigiosa e intelectual. Deberá recordarse queAndrés Larroque le llevó como obsequio al Papa una camiseta de... La Cámpora, y Eduardo de Pedro, un kit con salamines. Vaya la intelectualidad K... Ni hablar la genuflexión canina de Verbitsky afirmando que Máximo K le dedicó 8 años de su vida a crear La Cámpora):

"(...) Es llamativo que a una semana del acto en Argentinos Juniors siga pasando inadvertido el principal mensaje de Máximo Kirchner, cuando al referirse a la inundación en La Plata, acotó: “...ciudad en la que yo nací”. El dato era conocido, pero la mención en el final de su primer discurso público significa que la hoja de ruta que consulta el primer hijo de dos presidentes en la historia argentina no es el anacrónico proyecto de repetir la carrera de su padre, compitiendo por la intendencia de Río Gallegos.

Néstor Kirchner, que tenía la misma edad que hoy Máximo, comenzó por allí porque no tenía otra construcción política que su ateneo peronista en la capital de Santa Cruz. Su hijo, en cambio, dedicó los últimos ocho años a crear y construir una organización nacional.

A partir del acto del sábado 13, su potencia e inserción son inocultables. Máximo en su discurso y Oscar Parrilli en declaraciones posteriores destacaron como otra demostración de fuerza kirchnerista el acto en Ferro del Movimiento Evita. Las relaciones entre ambas organizaciones no son sencillas, pero no hay duda de que integran el mismo espacio político conducido por Cristina. Eso quedó claro también en el discurso de Jorge Taiana en Ferro y en la invitación presidencial para que el diputado evitista Leonardo Grosso integrara la comitiva romana.

La Cámpora es un híbrido difícil de encuadrar, que sólo con mala fe puede caricaturizarse como un batallón de empleados estatales. Su conducción está formada por militantes con una larga historia barrial, de derechos humanos o universitaria y que hoy son funcionarios, como los diputados Andrés Larroque y Wado de Pedro o el presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde.

Pero su característica distintiva es la extensa militancia de base, con trabajo político y social en los barrios de las principales ciudades del país y un grado de entusiasmo raro en estos tiempos. A esto deben sumarse el Nuevo Encuentro y los movimientos sociales de Edgardo de Petri y Luis D’Elia.

Al comenzar su alocución, Máximo advirtió que no debía atribuirse su presencia allí a ninguna especulación, que sólo se trataba de pagar una deuda con los compañeros que durante mucho tiempo dieron todas las peleas y que las seguirán dando, gobierne quien gobierne en el futuro. La Plata es la capital de la provincia de Buenos Aires, y haber nacido en su territorio es una de las cualidades que las constituciones Nacional y Provincial requieren para aspirar a cargos electivos, como la gobernación bonaerense o una banca en el Congreso de la Nación.

Eso no quiere decir que exista ya una decisión tomada, pero la omisión generalizada de la frase y sus implicancias sólo puede explicarse por la fuerza de los estereotipos y su resistencia a contaminarse con datos de la realidad. Sin nombrarlos, Máximo Kirchner atendió en su discurso a los sectores que citando a John William Cooke terminaron en brazos de Sergio Massa y Maurizio Macrì.

La referencia irritó a Facundo Moyano, quien se había comprometido a apoyar la reforma de la ley de abastecimiento. Quien debió cumplirlo en su nombre fue el diputado canillita Omar Plaini. La parábola de Facundo, quien desautorizó las incitaciones al desastre de Luis Barrionuevo, es moderada al lado de la de su padre.

El acercamiento de Hugo Moyano al jefe de Gobierno porteño (comieron juntos hace una semana, junto con Barrionuevo y Gerónimo Venegas) certifica el fracaso de todas las opciones políticas que el camionero intentó desde su alejamiento del FpV y la declinación de su poder sindical, que en una eventual reunificación no le alcanzaría para aspirar a la secretaría general de la CGT.

El paro del mes pasado no guardó proporción con la retórica inflamada que todos ellos practican, pero tampoco con las dificultades de la situación económica, que son reales y que sin embargo no han quebrado la relación de la base social con Cristina, cuyo contenido es político: aun en el peor momento de su gobierno queda claro que todos los aspirantes opositores a sucederla implicarían una deliberada regresión. (...)

Pasar lista

Otro dato subvalorado del panorama político fue la creación en el Frente Renovador de una comisión política encargada de fijar pautas para el ordenamiento interno de esa fuerza, que intenta traspasar los límites de la provincia de Buenos Aires.

Una de las primeras resoluciones adoptadas fue que todos los aspirantes a distintas candidaturas ejecutivas deberán suscribir una única lista para los cargos legislativos. Esta parece una medida prudente para institucionalizar un proyecto cuyo solitario término de unidad ha sido hasta ahora el reconocimiento al liderazgo del bonaerense Sergio Tomás Massa.

Desde un piso alto en el espectacular Edificio de las Américas, uno de los tantos de origen incierto que han brotado en Tigre en los últimos años, Massa analiza cada paso con sus dos principales asesores, instalados diez pisos más abajo: el publicista Ramiro Dicen que soy aburrido Agulla y el peruano Sergio Bendixen, con consultora en Miami.

La lista única tiende a moderar la dispersión natural derivada de la falta de una historia y una ideología comunes y de que el único acuerdo sin disidencias es obtener la victoria. Que todos los cargos legislativos sean aprobados por Massa antes que por quienes competirán por las candidaturas ejecutivas es una forma de cohesionar al incipiente FR.

Pero esta medida no dejará de repercutir en el Frente para la Victoria, cuya situación es muy distinta, entre otras cosas porque quien ejerce el liderazgo no puede ser candidata a la presidencia. La integración de las listas ha sido un terreno clásico de disputa entre la conducción nacional y la bonaerense en la última década. Eduardo Duhalde se reservó su confección en septiembre de 2003, ante la resignación de Néstor Kirchner que aún no tenía fuerza para impedirlo, pero se tomó desquite dos años después.

Esa fue la clave de la ruptura, que apresuró el final del estadista de Lomas de Zamora. La cuestión pendiente ahora pasa por la conformidad o la negativa de Daniel Scioli a que Cristina decida quiénes serán los postulantes por el FpV, como ya ocurrió en 2011, tanto para la Legislatura como para el Congreso Nacional e incluso para la vicegobernación, cuando impuso a Gabriel Mariotto, en contra de los deseos del gobernador.

De ella fue también la responsabilidad por haber seleccionado en 2013 al turbio intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, sobre quien se proyectó la parajódica consigna “En la vida hay que elegir”.

El último congreso justicialista puso la lápicera de oficializar las listas nacionales en manos de Carlos Zannini y las bonaerenses en las de Wado de Pedro. Scioli difunde por todos los medios sensibles a su proverbial generosidad que esta vez no lo aceptará, acaso porque no ha advertido que el tiempo de las rupturas para él ya pasó.

Desde el lanzamiento de Massa, el espacio de la oposición ya está ocupado y Scioli sólo puede ofrecer matices de diferenciación. Sabe que no contará con un apoyo explícito de Cristina, pero todas sus chances se esfumaría si no lograra evitar su anatema."
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