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La incómoda visita de Netanyahu



Sin invitación de la Casa Blanca, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu hablará hoy ante el Congreso estadounidense, dominado por el Partido Republicano. Su discurso criticará el eventual acuerdo nuclear entre EE.UU. e Irán, por considerarlo lesivo para la “supervivencia” de Israel, y enfatizará que Irán es el mayor patrocinador del terrorismo en el mundo. Así lo anticipó ayer en una intervención ante el American Israel Public Affairs Committee (Aipac), la más grande organización de lobby israelí en EE.UU.

Esas declaraciones no suponen novedad alguna. La potencial amenaza nuclear iraní es bien conocida por EE.UU. y las potencias de Occidente. Fue por eso, precisamente, que el P5+1 (los cinco miembros del Consejo de Seguridad y Alemania) iniciaron una negociación con el país persa para garantizar que no enriquezca uranio con fines bélicos, a cambio de que se levanten las sanciones económicas impuestas en su contra. La negociación debía haber terminado en julio del año pasado, pero se alargó y debería dar resultados antes del 30 de marzo.

Un acuerdo con Teherán sería un importante logro de Obama en política exterior. Y quizás su único gran logro en relación a Oriente Medio, una región que convulsiona entre la guerra civil siria, el surgimiento del Estado Islámico y la falta de una solución al conflicto palestino-israelí. Pero no sería sólo un logro de Obama: garantizar que Irán no utilice la energía nuclear con fines bélicos es un logro para la seguridad mundial y esto incluye, por supuesto, a Israel.

De hecho, el gobierno israelí estuvo entre los principales actores que despertaron la preocupación mundial sobre los alcances nucleares de Irán, a partir de la cual se inició el diálogo para neutralizar esa capacidad nuclear. Como dijo ayer el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, el primer objetivo de un acuerdo es conseguir que “la seguridad de Israel sea más segura que en la actualidad”.

¿Qué busca entonces Netanyahu? El premier expresó ante el Aipac su temor de que un acuerdo nuclear le dé a Irán la oportunidad de construir una bomba atómica que pueda usar en su contra. Pero, como ya se ha dicho, esto es precisamente lo que la negociación pretende evitar. Las potencias buscan garantías suficientes de que Teherán cumplirá el acuerdo y existe un amplio consenso mundial en cuanto a la necesidad de llegar a este pacto por vías pacíficas. Israel es uno de los pocos estados que están por fuera de ese consenso.

La preocupación que podría estar tras la incómoda visita de Netanyahu a Washington, más que la posible bomba atómica iraní, es el cambio de enfoque que pueda tener EE.UU. en Oriente Medio tras un eventual acuerdo. Como señala Trita Parsi, fundador del National Iranian American Council (Niac), el acuerdo per se reduciría las tensiones entre Washington y Teherán, aunque no entre Israel e Irán proporcionalmente. Los israelíes temen quedar “abandonados” para hacer frente a Irán. “El acuerdo podría significar que Washington acepta y no impugnará los avances geopolíticos de Irán en la región. Irán tiene aspiraciones hegemónicas, sostiene Israel, y debe ser detenido, no aceptado. Después de un acuerdo con Irán, Washington tendría más probabilidades de cambiar su enfoque geopolítico hacia otro lugar y estar menos entrelazado con las necesidades de Israel”.

Ahora bien, aunque busque presionar a los legisladores republicanos para que hagan fracasar un acuerdo con Irán, la presencia de Netanyahu en Washington tiene más bien tintes electorales. Se realiza dos semanas antes de que se celebren elecciones legislativas en Israel, en las que buscará un tercer mandato. Las amenazas a la seguridad israelí son un pilar en la política de Netanyahu, un argumento que le ha servido para justificar acciones como la operación Margen Protector en la Franja de Gaza o para plantear la posibilidad de un “ataque preventivo” para neutralizar la capacidad nuclear iraní.

¿Netanyahu arriesga las relaciones con su más importante aliado a costa de hacer campaña política? Obama ha rechazado en sus discursos la construcción de asentamientos ilegales israelíes en territorios palestinos. Los roces entre Washington y Tel Aviv son constantes desde que el demócrata llegó a la Casa Blanca. Pero, en lo esencial, la política exterior estadounidense hacia Israel sigue siendo la misma en cuanto a la millonaria cooperación económica y militar, y en cuanto al irrestricto apoyo político a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Eso no ha cambiado con la presión política generada sobre Washington por las operaciones militares israelíes, que han dejado centenares de civiles muertos en Gaza, ni con la acelerada construcción de colonias israelíes en Cisjordania, considerada por la ONU una flagrante violación a la ley internacional. Aun cuando la consejera de Seguridad Nacional estadounidense, Susan Rice, haya advertido que la intervención de Netanyahu sería “destructiva para la esencia de las relaciones”, no es previsible que con un discurso ante el Congreso cambien esas tendencias.

En todo caso, Bibi Netanyahu se ha cuidado de advertir que no quiere faltarle al respeto a su homólogo estadounidense y que las relaciones entre EE.UU. e Israel son hoy “más fuertes que nunca”.
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