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La inversión en la UBA, más allá del simplismo



Tribuna. No es adecuado considerar el servicio educativo superior que presta el Estado como un mero gasto, ya que así se omite toda la constelación implicada, que va desde la formación gratuita de personas de escasos recursos hasta el sostenimiento de investigaciones, hospitales y centros culturales.





La universidad pública, por su naturaleza, carácter y finalidad, no puede evaluarse con los mismos parámetros que se utilizan en la actividad mercantil. Ello implica, por ejemplo, que los recursos que destina para la educación de un alumno deban ser considerados no un gasto sino una inversión. Desde este punto de vista, cada egresado que forma la universidad pública nutre a la sociedad argentina en su conjunto.

Dentro de este concepto diferencial, la universidad es la ventana de oportunidades para lograr una excelencia en la enseñanza que alcanza a todos los sectores sociales, en especial de aquellos provenientes de hogares humildes que deben trabajar al mismo tiempo que estudian. Lo que Sarmiento y otros impulsores de la educación en el país consideraron como inclusivo, la escuela primaria para todos, en la actualidad debe ser ampliado al nivel universitario.

Una universidad basada en el lucro los excluye, depurando el padrón de los que no pagan la matrícula. Además, el fomento de la inclusión y la permanencia no redunda en un gasto inútil, ya que permite a quien es parte del sistema educativo superior mejorar su inserción laboral y su nivel salarial, en comparación con quien no lo es.

Si analizamos más allá de lo simple, vemos los beneficios que trae aparejado para la sociedad cada uno de los científicos, médicos, ingenieros, funcionarios públicos, gerentes, empresarios, abogados, que la universidad pública forma y que se distinguen por su calidad y alta preparación técnica. Es sabido que carreras duras como por ejemplo medicina, ingeniería, física y química, con necesidades de laboratorios, instrumentales e insumos para las actividades prácticas, requieren mucho más presupuesto.

Nos enorgullecemos de la realidad de la universidad pública, y en particular de la UBA, que sigue siendo una de las que genera los estudiantes de mayor excelencia del continente, como se manifiesta en diversos rankings universitarios del mundo, con un presupuesto mucho menor. Generamos formación, investigación, extensión, salud, deporte, cultura y la ponemos al servicio de la sociedad, con un presupuesto relativamente inferior que el de la mayoría de las universidades del mundo con las cuales se compara a la UBA. Esto no anula la convicción de que la inversión debe seguir siendo incrementada.

Lejos de ser una simple institución que genera gastos, la UBA además de formar integralmente a sus más de 320.000 estudiantes, vuelca sus conocimientos al desarrollo social.

El 20% de su presupuesto, por ejemplo, se dedica a sus reconocidos colegios secundarios y a las instituciones de salud que, como el Hospital de Clínicas, forman a los estudiantes y brindan atención sanitaria permitiendo a todos los ciudadanos, y en especial a aquellos que tienen escasos recursos, acceder al derecho de una salud pública, gratuita y de la más alta calidad.

Asimismo, en nuestra universidad trabajan más de 7.000 investigadores, se desarrollan 2.700 proyectos y se forman 2.500 becarios. Nuestras programaciones UBACyT brindan apoyo para la investigación y permiten generar producciones que se vuelcan a la sociedad. Y sus 396 carreras de posgrado muestran que la formación excede ampliamente el curso de grado. La extensión universitaria -otro elemento de la compleja constelación que integra la UBA- vincula la universidad con las problemáticas sociales. Hemos constituido a la UBA como un núcleo cultural que irradia sobre toda la comunidad desde EUDEBA, la editorial que potencia con publicaciones el desarrollo científico que se genera en la UBA, desde sus 14 museos abiertos, y desde el Centro Cultural Ricardo Rojas, que propone talleres a los que asisten más de 30.000 alumnos por año y genera actividades que disfrutan más de 100.000, la mayoría de los cuales no son estudiantes de nuestra universidad.

En síntesis, la universidad pública no es una simple productora de graduados, sino un abanico complejo, diverso e integral de desarrollo personal y social en el cual el Estado invierte. Defendemos la universidad pública, gratuita, inclusiva y de calidad porque estamos convencidos que implica una inversión en formación, desarrollo, soberanía y justicia social, que se cimienta en los más profundos ideales demo cráticos.
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