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La lectura en México, de mal en peor

La lectura en México, de mal en peor, ¿de quién es la responsabilidad?


Se acerca el Día Mundial del Libro fijado para el 23 de abril, fecha establecida por la UNESCO para significar y recordar que un día como éste, fallecieron Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare, dos de los colosos más grandes de la literatura en nuestra era. La celebración recuerda, de igual modo, a otros como al inca Garcilaso de la Vega, nacido en Cuzco, Perú en abril de 1539, encumbrad o como El Príncipe de los escritores del Nuevo Mundo, cuya obra data del periodo de el Renacimiento y fue sobrino-nieto del célebre poeta del Siglo de Oro Español, Garcilaso de la Vega.

El Día del Libro es igualmente un día de homenaje a otros escritores, como el ruso Vladimir Nabokov, quién vio la luz en abril 1899, mas el propósito fundamental es el de alentar, sobre todo en los jóvenes, el gusto y el placer por la lectura.

Con motivo de la última celebración de este naturaleza, la UNESCO publicó datos sobre los índices de lectura saliendo a relucir que de un listado de 108 naciones, México ocupó el lugar número 107, o sea, otra vez en la cola, al igual que en muchas otras mediciones indicadoras del bienestar humano.



A mayor abundamiento de lo anterior, remito a los siguientes datos. Según la encuesta nacional de lectura 2012 aplicada por CONACULTA en coordinación con la UNAM, el 41% de los mexicanos dedican su tiempo libre a ver televisión y sólo el 2% de la población tiene como hábito permanente de lectura. El mexicano promedio lee 2.8 libros al año. En contraste con este helado chubasco de miseria cultural en los mexicanos de hoy reflejado en números, continúa ilustrándonos la encuesta, en la actual España, con sus graves desajustes sociales y evidente descenso de los niveles de vida de su población por la crisis económica, el promedio de lectura por habitante es de 7.5 libros al año; más aún, en Alemania el promedio es de 12 libros leídos por año. Agrega la encuesta: hay una disminución en el porcentaje de mexicanos que leen, con respecto a quienes lo hacían hace 6 años.

En este negro, devastador panorama, de algo que debiera ser para todo mexicano o ciudadano del mundo, la lectura para conocer, para estar bien enterado del pasado, del presente y atisbar en algo el futuro, agrego más datos: de los libros que se leen en este país, el 52.2% son textos escolares y de superación personal (el 32.5 y 19.7% respectivamente), aunque esta última vertiente de la lectura de autoayuda no es, ni por asomo literatura culta, menos ciencia alumbradora. En relación a cómo se tiene acceso a los libros, nos dice la encuesta que sólo el 45.7% de los lectores puede comprarlos; el resto llega a ellos por concepto de préstamo, de regalos o con fotocopias. Concluyentemente el referido estudio dice sin tapujos: más de la mitad de los mexicanos no tiene posibilidades de poder adquirir libros.

Los señores senadores de la república salieron al ruedo en este campo al reconocer que “la lectura en México disminuyó de 54.6% en 2006 a 46% el año pasado”, lo cual quiere decir que ahora, menos de la mitad de la población lee. Otro dato nos dan los legisladores: “40% de la población nunca ha entrado a una librería”. Si saben de la magnitud de este analfabetismo cultural, los señores de la Cámara Alta deberían tomar cartas en el asunto, pues un pueblo inculto es fácilmente manipulable y engañable por quien así le plazca a sus intereses, dentro y fuera del país.

Eso no es todo, nuestra pobre situación cultural no sólo tiene que ver con la lectura, sino también con nuestra preparación en conocimientos básicos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (por cierto está dirigida por el mexicano José Ángel Gurría, ex Secretario de Hacienda en un sexenio anterior), integrada por 34 países, de la cual México es miembro, sitúa a nuestro país en los últimos lugares en cuanto al conocimiento en matemáticas y español de los estudiantes.

Estas impresionantes y vergonzosas estadísticas han provocado en unos preocupación, alarma y asombro, y en otros desaliento, pues “al mexicano –dicen-, no le interesan los libros, se hizo todo lo posible, que conste”. Desde mi modesto punto de vista, yo me pregunto, ¿por qué ahora estos resultados nos causan desaliento, asombro y espanto? Pues la respuesta está en la composición socio económica de nuestro país. Por ejemplo, prácticamente 7 de cada 10 mexicanos, trabajan en el sector servicios, es decir, trabajan en labores de limpieza, en los restaurantes, en el comercio, en las tiendas; sin contar a los obreros industriales, a los del empleo informal, cuyas escandalosas cifras alcanzan al 40% de la población económicamente activa. Para esa clase de trabajos, como dicen los ricos, no se necesita una profesión, no se necesita que los que trabajan y producen estén preparados, no se necesita que el pueblo sea culto; al contrario mientras más ignorante, más manejable y menos arisco. Así de catastrófica está la realidad de nuestro castigado país.

Esta misérrima lectura no es más que una manifestación más de la profunda desigualdad social que se vive en nuestro país. El asombro y desaliento vienen sobrando, mientras no se busquen los cambios verdaderos y a fondo.
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