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La magia del Paralelo 42

La ciudad vive una explosión turística gracias a que las cenizas del Puyehue no llegaron hasta allí nos cuenta Samy Mazza. El Bolsón mantiene su imagen mágica y natural. Ahora busca crecer con proyectos sustentables: energías alternativas, aprovechamiento solar, reciclado y bioconstrucción. Los personajes y sus historias.
La caída de cenizas del volcán Puyehue en el área comprendida entre Bariloche y Villa La Angostura convirtió la ciudad de El Bolsón en la puerta de entrada de miles de turistas a la zona de bosques andinos de la Patagonia. El flamante intendente del lugar, Alfredo “Caleuche” García, lo confirma: “Normalmente somos un apéndice de Bariloche. Pero en estas circunstancias, lamentables para las ciudades vecinas, nos fue bien. Tenemos un 70 por ciento de ocupación hotelera”. Además de las caminatas por las montañas surcadas por ríos y lagunas, esta ciudad destaca por una intensa vida cultural fomentada por su “idiosincrasia particular”, dice Caleuche al referirse a la armónica, y por momentos disparatada, convivencia entre paisanos, hippies, extranjeros y las poblaciones originarias.
Conocida como la Comarca del Paralelo 42, esta zona aledaña a El Bolsón incluye dos poblaciones chubutenses a orillas de los lagos Epuyén y Puelo, donde hay una reserva forestal y una playa. El valle en total tiene 80 mil hectáreas y está surcado por el cristalino río Azul, al pie de los cerros, que se alimenta de varios arroyos de montaña. Para la Unesco, conforma parte de la Reserva de Biosfera Andino Patagónica, que involucra un plan estratégico de mantenimiento aún sin aplicación.
“De todos los turistas que vienen, la mitad piensa en quedarse a vivir. Entre el 7 y el 10 por ciento de esas personas concreta su sueño en el primer año”, asegura Ricardo Rubio, el agente inmobiliario más conocido de El Bolsón. En la municipalidad arrojan más datos: en los últimos 10 años la población de la comarca creció un 67 por ciento. “Lo más importante es la conciencia ecológica que hay, el cuidado que se tiene de los bosques”, agrega Rubio, quien define a sus vecinos como “cosmopolitas y viajeros”. En el centro de la ciudad promocionada como “mágica y natural” está la plaza Pagano, que atrae a los turistas que asisten a la feria de artesanos, donde se pueden comer waffles, beber cervezas artesanales y comprar desde instrumentos musicales hasta ropa. Allí también se venden frutas finas, uno de los principales productos de exportación del lugar: frambuesas, cassis, corintos, grosellas, moras, arándanos, cerezas, frutillas, guindas.
“Este es un lugar donde viven muchos escritores, músicos, pintores, ceramistas, bailarines. Y al mismo tiempo se da una movida alternativa impresionante, mucha gente viene a hacer cursos de yoga, reiki, masajes holísticos y una tendencia fuerte basada en el ecologismo, que incluye huertas orgánicas, donde se puede aprender a hacer rendir cuatro veces el área cultivada o la bioconstrucción, que es sencilla y barata”, comenta Maximiliano Mazza.
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