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La mano de Dios

20:41 | QUILMES 0 - RIVER 1
La mano del Burro

En la última jugada del partido, el reaparecido Ortega la metió con el brazo y Passarella saltó como el domingo pasado ante Arsenal. El Millo no jugó bien ante el juvenil equipo de Fanesi pero sigue a un punto de San Lorenzo, el líder. Fue el debut de Rosales, quien jugó desde el arranque.










Quilmes y River llegaban al enfrentamiento por la sexta fecha con realidades diametralmente opuestas. Los locales seriamente comprometidos con el descenso presentaban una alineación con muchas caras jóvenes salidas de sus inferiores. Los visitantes, que habían sacudido el mercado del verano con varias incorporaciones, con un plantel lleno de figuras, que incluía su más flamante adquisición, Mauro Rosales, entre los titulares.

Pero entre las ganas de los dirigidos por Fanesi y las distracciones de los de Passarella, los primeros minutos del partido transcurrieron con un Quilmes sorprendentemente superior a River, asfixiándolo en todos los sectores de la cancha y llegando a las proximidades del arco de Carrizo con algo de riesgo. Sosa estaba firme atrás, Diego Torres se tiraba a la derecha y complicaba a la dupla Villagra-Lussenhoff. Medina probaba desde afuera. Ibáñez tuvo varias como para abrir el marcador.

Quince minutos tardó River en llegar por primera vez, cuando Belluschi tiró un centro desde la derecha y no llegó a empujarla Farías. El conductor no aparecía y, las pocas veces que la pelota le llegaba a sus pies, abusaba de pelotazos para el 9 que, o no llegaban a destino, o lo encontraban adelantado. Ni Rosales, ni Sambueza se sumaban al armado. Ponzio estaba impreciso y de un error suyo casi llega el primero de Quilmes. Otros quince minutos y segunda llegada: centro de Rosales, y no llegaron Farías y Belluschi. Muy poco. Y los hinchas visitantes empezaron a impacientarse.

El partido ofrecía pocas emociones. Y algunas jugadas ordinarias. Un tiro libre desde la izquierda de Diego Torres terminó en lateral del otro lado. Lo tomó Villagra y no logró introducir la pelota en el campo con las manos. Una postal del peor primer tiempo de River en lo que va del torneo. Recién sobre el final se encendió un poco con dos llegadas de Ibáñez y una de Sambueza, cuyo tiro al bulto pegó en el arquero Grosso.

El pedido de Orteeeeeeee-gaaa que bajaba de la tribuna visitante cuando arrancó el segundo tiempo sonaba más a una queja con la producción del equipo de Passarella que a un deseo de ver al jujeño en la cancha. En vano, como muchas veces cuando se reclama por un jugador. Porque lo que necesitaba River no era un salvador sino que sus jugadores comenzaran a hablar el mismo idioma futbolero.

La obligación de no alejarse del puntero, el San Lorenzo de Ramón Díaz, empujó a los jugadores visitantes hacia delante. Empezaron a tocar más y a llevar la pelota por abajo. Lentamente el balón comenzó a pasar más tiempo en el territorio cervecero, aunque sin mayores peligros. Quilmes esperaba agazapado meter una contra con Diego Torres o Ibáñez. Pero sus volantes quedaban muy alejados de los delanteros: parecían sentir el esfuerzo realizado en la primera mitad. River empezaba a torcer la historia en su favor.

fuente
http://www.ole.com.ar/notas/2007/03/18/um/01382943.html
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