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La represión de homosexuales en Chechenia



Los primeros reportes acerca de la detención arbitraria y de los posibles asesinatos extrajudiciales de personas bajo sospecha de ser homosexuales en Chechenia fueron estremecedores: de acuerdo con el reporte de un diario y denuncias de defensores, las autoridades comenzaron a hacer redadas después de que algunos activistas buscaron permiso para organizar desfiles del orgullo gay en otras partes de la región del Cáucaso Norte, que es mayoritariamente musulmana. Algunas personas han sido torturadas, según los informes.

Luego vino la desconcertante negación. “Si ese tipo de hombres existieran en Chechenia, la policía no tendría que preocuparse por ellos, ya que sus propios familiares los habrían enviado adonde nunca pudieran regresar”, dijo Alvi Karimov, portavoz del líder checheno Ramzán Kadyrov, a la agencia rusa de noticias Interfax.

Este abominable crimen cometido por una república rusa, así como su condenable encubrimiento, deberían despertar una fuerte respuesta por parte de Moscú y de la comunidad internacional. Pero eso sería pedir demasiado al gobierno ruso, que ha negado que haya evidencia de cualquier crimen y ha tratado de mantener invisible a su propia población homosexual. En 2013, promulgó una llamada ley contra la propaganda que penaliza la promoción o celebración de conductas e identidad no heterosexuales, mientras que los funcionarios del gobierno aseguraban que todos los rusos tenían derecho a la protección contra la discriminación y la violencia.

“La reacción de Moscú a las denuncias de violaciones sistemáticas de derechos humanos contra personas homosexuales en Chechenia constituye una prueba decisiva para determinar si esta retórica era falsa”, dijo Fabrice Houdart, experto en derechos humanos de las Naciones Unidas especializado en cuestiones de orientación sexual e identidad de género.

Lo sucedido también debe forzar un debate sobre cómo este tipo de enfoque que invisibiliza e ignora contribuye a la estigmatización y victimización de las comunidades vulnerables. Las personas homosexuales y transgénero han conseguido la aceptación de la sociedad y han obtenido derechos legales en varios países durante las últimas dos décadas al exigir ser vistos y escuchados. El gobierno ruso persiste en forzar a sus ciudadanos homosexuales a permanecer ocultos.



Ante la falta de una presión internacional fuerte y sostenida, es poco probable que Moscú tome medidas significativas contra Chechenia o que replantee su política más amplia hacia los derechos de los homosexuales. En los últimos años, varios países de América y Europa han promovido la igualdad de las personas homosexuales y transgénero como un derecho humano universal. El gobierno de Obama, y en particular la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, también merecen buena parte del crédito por hacer de esta una prioridad diplomática estadounidense.

Los crímenes en Chechenia presentan la primera prueba importante sobre este tema en el ámbito internacional para la administración de Trump. El 17 de abril la embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, emitió una fuerte declaración exigiendo una pronta investigación y rendición de cuentas por parte de los culpables.



“Estamos en contra de todas las formas de discriminación, incluyendo la que se ejerce contra las personas con base en su orientación sexual”, dijo Haley. “Cuando no se controla, la discriminación y los abusos contra los derechos humanos pueden provocar desestabilización y conflicto”.

Sería alentador ver que Haley asuma esta causa con tanta pasión y perseverancia como su predecesora, Samantha Power. Sin el liderazgo estadounidense, forjar un consenso mundial de que los derechos de los homosexuales son derechos humanos será algo más que lejano. El tiempo no está del lado de los homosexuales que viven con temor en lugares como Chechenia.
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