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La supuesta amenaza a Cristina

La Presidenta había acusado al terrorismo islámico y luego a EE.UU. Se detectó que los mails llegaron de cuentas de Canadá y Australia. Sospechas sobre el papel de la ex SIDE.




Antes de partir al Vaticano, Cristina escuchó la “novela” y no dudó. “Dos comisarios realizaron una denuncia por amenazas (del grupo ISIS) contra mi persona”, le contó a los periodistas tras el almuerzo con el Papa. La denuncia encendió las alarmas. ¿Había motivos? Para darle un manto de credibilidad, Cristina sacó a relucir su “amistad” con Francisco, también amenazado. No había llamados telefónicos ni paquetes sospechosos. Según consta en la causa judicial, fueron tres mails que llegaron al correo del 911 de la Policía Bonaerense. En las últimas horas, el juez Alberto Recondo recibió un informe que pone en duda toda la maniobra: los mails llegaron desde cuentas de Canadá y Australia, dos países con los que casualmente Cristina le gustaba compararse.

El dato agiganta la hipótesis de una historia ficticia y “armada”, alejada de grupos terroristas, porque esa es una operatoria que suelen usar los organismos de inteligencia locales.

La investigación judicial arrancó el 11 de septiembre, y Cristina la hizo pública nueve días después. Pero la verdadera historia arrancó la última semana de agosto. Una comisión de la Secretaría de Inteligencia se trasladó a Misiones para preparar la detención de Pantaleone Mancuso, un “capo” de la mafia calabresa que tenía pedido de captura de Interpol. Días antes, un informante de la zona había advertido que el italiano iba a salir del país por Iguazú, con un documento trucho. Y así ocurrió.

La comisión de la ex SIDE que llegó a Iguazú recibió otro dato alarmante sobre un empresario tunecino con intensa actividad en la Triple Frontera. La sospecha se confirmó en horas. El hombre tenía frecuentes contactos con grupos islámicos de la ciudad de Baalbek, en El Líbano. También se comunicaba con actores influyentes de la comunidad musulmana de Chuy, en Uruguay, y Buenos Aires. En una computadora Mac y en un Iphone del tunecino “se hallaron instrucciones de amenazas contra la Presidencia de la Nación”.

Nunca se mencionaba a Cristina Kirchner. Igualmente, el hallazgo encendió las alarmas. A su vez, la información fue cruzada con servicios de inteligencia de Estados Unidos, que le otorgaron entidad.

La Embajada de ese país en Buenos Aires estuvo informada desde un primer momento, y sigue trabajando en la pista del tunecino, muy vinculado a otro personaje muy observado en la Triple Frontera que administra la galería Page de Ciudad del Este. En los últimos días, hubo reuniones entre funcionarios de esa delegación diplomática y representantes de Delitos Complejos de la Policía Bonaerense para “intercambiar información”, pudo saber este diario.

La filtración, publicada en Clarín, de la investigación sobre el empresario tunecino que vivía en la Triple Frontera como supuesto exportador de madera, enfadó a Cristina Kirchner. “Realmente que vengan a crearnos toda una historieta acerca que el ISIS me anda buscando a mí para matarme o hacer algo ... por favor que no vengan a armar ninguna novela”, se quejó en su discurso del martes en la Casa Rosada. Acto seguido, ensayó la teoría de la amenaza “del Norte”, calificada de “inverosímil” por el Departamento de Estado.

El reto en público desencadenó una interna feroz y una caza de brujas en la Secretaría de Inteligencia. Cristina también sospecha que la información se filtró desde la Embajada de Estados Unidos.

En privado, la Presidenta le hizo llegar su bronca al titular de la SI, Héctor Icazuriaga, uno de sus hombres de máxima confianza.

Mas allá de las conspiraciones, el hecho es investigado por la Justicia de La Plata. “Se están haciendo varias medidas para verificar la certeza de los mails y determinar de dónde son los IP (lugar de procedencia)”, le dijo anoche a Clarín el juez de la causa.

Cristina creyó la “novela” del ISIS. Resta saber quién escribió el guión y con qué objetivo.

Quizás no haga falta mirar hacia el Oriente ni hacia el Norte.
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