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La teta de la vaca inmortal

Si el gobierno de Daniel Scioli pusiera tanto esmero en cuidar la seguridad, la educación y la salud pública como lo hace su agencia de recaudación para perseguir en Neuquén a famosos que poseen autos caros, la provincia de Buenos Aires sería un cantón suizo.



Ante tamaña presión fiscal –una herramienta inefable para los funcionarios de turno de allá y de acá– cabe preguntar si es más importante castigar a los evasores que preocuparse, de una vez por todas, para que el país tenga reglas más o menos claras en materia tributaria.
No sería descabellado reclamar que se guarde algo de coherencia en las legislaciones municipales, provinciales y nacionales. Si los bonaerenses ricos radican aquí sus suntuosos vehículos es porque las condiciones están dadas aquí y también en otros lugares.




Los gobiernos (nacionales y provinciales) alardean de superarse mes a mes en la recaudación de impuestos; y no distinguen si se trata de tributos a la producción, al trabajo (Ganancias) o a los bienes personales. Ni siquiera se ponen colorados, como en esta capital, de darle el manejo de la recaudación de tasas a los privados.



No se trata de proteger a los que pretenden gambetear al fisco como el diego en el 86, pero tampoco el recurso del acoso (a ahorristas, viajeros de placer, o de negocios) parecería ser una herramienta razonable.
La voracidad va ganando la batalla; solo se trata de recaudar y recaudar. A los políticos se les agotan las ideas. El gasto público bien entendido, y el gasto político (menos santo, sobre todo en épocas de campaña) se confunden en un mismo sujeto: el “contribuyente”, una categoría de ciudadano que ya se ha naturalizado como si se tratase de una teta gigantesca de una vaca que nunca morirá.


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