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La Tragedia del avión de LAPA


La Tragedia del avión de LAPA


El vuelo 3142 de LAPA, de la aerolínea argentina LAPA, se estrelló en el Aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires el 31 de agosto de 1999 a las 20:54 hora local, cuando despegaba hacia la ciudad de Córdoba, protagonizando uno de los accidentes más graves de la historia de la aviación argentina.

Al iniciar la aeronave su carrera de despegue comenzó a sonar una alarma a la que los pilotos hicieron caso omiso. Esa alarma indicaba que los flaps se hallaban retraídos, lo que les impidió despegar pese a haber superado la velocidad mínima que habían calculado que necesitaban para hacerlo. Imposibilitados de frenar antes del fin de la pista por la velocidad que traían, continuaron la carrera fuera de ella, rompiendo luego las vallas del perímetro del aeropuerto, cruzando una avenida, arrastrando en su trayecto a un automóvil que circulaba por ella, para terminar colisionando sobre unas máquinas viales y un terraplén. La pérdida de combustible sobre los motores calientes y el gas expelido por la rotura de una planta reguladora de gas existente en el lugar provocaron el incendio y destrucción total de la aeronave.






Este tipo de aviones cuenta con un grabador de voces de cabina (CVR), el cual graba las conversaciones ocurridas en la cabina del avión. A continuación se transcribe el último minuto y medio de las conversaciones registradas por el CVR, iniciando por el minuto 30 con 34 segundos desde el inicio de la grabación existente, y que corresponde con el momento del despegue y el accidente:

Cte.: comandante
Cop.: copiloto
TWR.: torre de control

30.34 - 30:57
Cte.: «¿Tenía una avioneta atrás?» (se escucha en muy bajo volumen).
TWR.: «¿Despegamos uno dos?»
Sonido de liberación de frenos de estacionamiento.
Cop./TWR.: «Despegamos.»
Cop.: «Correte Adrián que te piso.»
Otra voz: «Bueno.»

30:58
Comienza ruido de aceleración de motores.

31:00
Ruido de aceleración máxima de motores.

31:01
Comienza ruido de alarma («Beep, Beep, Beep...).

31:05
Cte.: «No, no, no, ¡eh!»

31:12
Cte.: «¿Qué pasa che?»

31:16
Cop.: «take off thrust set, speed alive»

31:20
Cte.: «No sé que es lo que pasa viejo, pero está todo bien» (dudoso).

31:23
Cop.: «Eighty knots.»

31:36
Cop.: «V 1.»

31:37
Cop.: «Rotate.»

31:39
Cop.: «V 2.»

31.41 - 31:45
Sonido mecánico continuo de shaker de comandos (Stick Shaker).

31:45
Sonido de desaceleración de motores. Cortó.

31.46:04
Sonido de impacto.

31:53
TWR.: «3142 y...» (corte de grabación).

El informe detalla: "en su carrera final después de haber frustrado el despegue, la aeronave arrolló un automóvil Chrysler Neón, que circulaba por la avenida Rafael Obligado (Costanera Norte) que corta la proyección de la pista 13. El combustible del automóvil en contacto con las chispas originadas por el deslizamiento del fuselaje sobre el pavimento y por el automóvil arrastrado, posiblemente provocó el inicio del fuego en el costado delantero izquierdo del avión, que se incrementó por la rotura de las alas y el derramamiento del combustible tipo aerokerosene JET A-1, colaboró también el encendido del escape de gas de la planta reguladora que había sido impactada, destruyéndose cañerías y válvulas. A partir de ahí el fuego se desplazó hacia atrás abarcándolo todo".











HISTORIAS DE LOS SOBREVIVIENTES A LA TRAGEDIA DE LAPA
“Nos pisamos tratando de llegar”

Los que lograron zafar del horror contaron su historia como forma de exorcizar el pánico.
“Saltamos por el tobogán. Varias personas cayeron arriba de nosotros. Pero recuperé a mi hijo.”

Fue por cábala. Pero que le salvó la vida. No sabe muy bien por qué, pero Carlos Garibotto, un comerciante de la localidad de Río Ceballos, siempre viaja en la parte trasera del avión. El martes hizo lo mismo: se quedó con su hijo en la fila 18, mientras los dos amigos con quienes viajaba se habían instalado en la 13. Ninguno de los dos sobrevivió. Carlos Garibotto, sobreviviente del accidente de LAPA junto a su hijo de 8 años, aún está conmocionado. “Todavía recuerdo a Carlitos (uno de los amigos), que cuando arrancamos se dio vuelta y nos saludó”, relató. La de Carlos Garibotto es una de las varias historias de quienes lograron zafar del horror.



“En el viaje de ida, viajamos junto a seis amigos en la fila 13. A la vuelta, como llegué primero, con mi hijo, pedí embarcar en asientos de atrás. Por cábala siempre viajo atrás. Gracias a Dios me dieron la 18. A ellos otra vez les dieron la 13”, contó ayer una y otra vez como para exorcizar el pánico.
El hombre fue uno de los que contaron los detalles de la tragedia vivida desde adentro: “El avión había empezado a carretear y cuando habíamos levantado 15 o 20 metros de altura, de golpe cayó. El piloto puso el freno y empezamos a atropellar cosas. En décimas de segundo se deformó el avión. Nuestro asiento estaba ubicado del lado derecho, a cinco filas del ala, que estaba a la altura de la fila 13. Por lo que pude ver, el fuego empezó de ese lado. A mi hijo, Luciano, el fuego lo alcanzó cuando se rompió la ventanilla de su lado. Le agarró parte del pelo y la ropa. Fue desesperante. Lucianito gritaba ‘papá, papá’ y mientras intentaba desabrocharle el cinturón vi cómo las butacas que se desprendían, por el impacto, se nos venían encima. Una vez liberados corrimos por el pasillo, donde nos chocamos con otros pasajeros que también iban para el fondo. Saltamos por el tobogán. Varias personas cayeron arriba de nosotros. En medio de la desesperación recuperé a mi hijo y corrimos 10 o 15 metros. En la estación de servicio me prestaron un celular y avisé a casa. Con un remís que nos puso LAPA llegamos al hospital Rivadavia. Anoche mismo (por el martes) nos dieron el alta. Sólo teníamos las manos quemadas y algunos golpes. Luciano pudo dormir, pero para mí fue una noche muy larga”.

Otro de los sobrevivientes fue Pablo Pérez, de 49 años. “La chica que viajaba con nosotros salió envuelta en llamas –relató–. Otros escaparon por el boquete que se produjo cuando el avión se partió al medio. Yo, cuando sentí los golpes, me saqué el cinturón. Por suerte pude desprendérmelo fácilmente. Hubo gente que quedó aprisionada entre los asientos. No se puede explicar el caos que era eso. Empujándonos y pisándonos llegamos a la puerta entreabierta de atrás. Nos tiramos por la manga y corrimos hacia la estación de servicio. Se sentía olor a gas y el avión era todo llamas.”



El médico José Amayo también pudo contar su historia. “Cuando llegué al pasillo del avión todo era caos, humo y llamas. Todos corríamos hacia atrás buscando llegar primeros. No sabíamos si la puerta estaba abierta pero el fuego se nos venía encima. Nos pisamos entre nosotros tratando de llegar”, apuntó. “Todo estaba bien. La nave tomó velocidad, se elevó unos cinco metros y volvió a bajar como aterrizando sin dar contra la pista un golpe de consideración. Pensé que había fracasado el despegue, nada más.” Segundos más tarde empezaba la tragedia. “Sentimos que el avión comenzaba a chocar con cosas, primero pequeñas, hasta que los impactos se hicieron más ruidosos. Atiné a inclinarme hacia adelante, como muestran en las películas, ahí sentí que chocábamos y luego una explosión tremenda. Las llamas subían del lado de mi ventanilla y enseguida la parte delantera fue tomada por el fuego. Mi cinturón se despegó y como iba solo en la fila pude llegar al pasillo.”
“Cuando llegué a la puerta –siguió– vi a una de las azafatas quien, tal vez, por el instinto de su profesión estaba parada junto a la puerta mientras era apretujada por los pasajeros. Desde atrás la empujé con nosotros y caímos por el tobogán. Corrimos sin rumbo. En la huida encontréa un hombre que se identificó como de Prefectura, estaba en el piso y tenía la pierna destrozada. Intenté calmarlo mientras llegaba una ambulancia.”




A15 años de la tragedia en la que murieron 65 personas
La Corte Suprema confirmó la prescripción de la causa LAPA


En una sentencia de sólo una página, el máximo tribunal declaró “abstracto” un planteo de la Asociación Civil de Víctimas Aéreas para que expida sobre el estrago doloso y revoque las absoluciones de los principales directivos de la empresa.


A casi 15 años de la tragedia de LAPA, donde murieron 65 personas, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró “abstracto” un planteo de la Asociación Civil de Víctimas Aéreas para que expida sobre el estrago doloso y revoque las absoluciones de los principales directivos de la empresa. Con esto los principales responsables de la empresa quedarán sin condena. Hugo Wortman Jofre, abogado de la asociación, dijo que ya pidieron al máximo tribunal una “aclaratoria”. “No entendemos sobre qué base resuelven esto”, dijo.

El 31 de agosto de 1999 en el aeroparque porteño, el vuelo WRZ 3142 de la aerolínea LAPA inició su despegue hacía Córdoba. En la cabina de los pilotos comenzó a sonar una alarma que indicaba que los “flaps” no estaban configurados. El avión iba a gran velocidad cuando los pilotos intentaron frenarlo, sin éxito. La nave derribó el cerco perimetral del aeropuerto, atravesó una avenida y terminó chocando con máquinas viales y un terraplén. El combustible se derramó por todos lados y el avión se incendió. Esa noche murieron 65 personas y otras 17 resultaron heridas.

En una sentencia de sólo una página los jueces Carlos Fayt, Elena Higthon, Eugenio Zaffaroni y Enrique Petracchi declararon “abstracto” el recurso extraordinario que presentó la querella, representada por los abogados de la asociación, Wortman Jofré y Juan Manuel Alemán. “La Corte sobre el tema del estrago doloso, que era la calificación, le ordenó a Casación Penal que se expidiera sobre la prescripción y cuando eso estuviera resuelto se iba expedir sobre esa petición de estrago doloso”, explicó a Infojus Noticias Wortman Jofre.



En febrero de este año la sala IV de la Cámara se expidió y por mayoría, conformada por los jueces Juan Carlos Gemignani y Ana María Figueroa, y considero que la causa estaba prescripta por el paso del tiempo. Según explicaron, después de 14 años desde que ocurriera el hecho no había sentencia firme contra los acusados. En minoría votó Mariano Borinsky: sostuvo que se debía esperar a que la Corte Suprema resuelva el planteo de la Asociación.

En ese fallo se criticó el accionar de la justicia en la causa ya que se tardó más de 10 años en llegar a juicio oral y público, y el juicio duró dos años. El tiempo transcurrido en los hechos para, Figueroa y Gemignani, “supera ampliamente el plazo razonable habilitado por los derechos de las víctimas o sus familiares de ver satisfecho su interés de saber que fueron investigados los hechos que los damnificaron, y juzgados y sancionados todos los responsables”.

Eso activó nuevamente el recurso presentado por la querella en la Corte Suprema. “Eso vuelve a la Corte, que debió a empezar a tratar nuestro agravio”, explicó Wortman Jofre, pero luego se lamentó al recordar que recibieron la notificación que “hace una semana quedó abstracto”. La querella apelaba la calificación de los hechos de “estrago doloso” para todos los imputados de la causa los que habían sido imputados por “estrago culposo”.

“De acuerdo a conocida doctrina de esta Corte, según la cual, sus fallos deben atender a las circunstancias existentes al momento en que se los dicta -aunque aquéllas sean sobrevinientes a la interposición del remedio federal- corresponde declarar abstracta la cuestión planteada en el presente caso”, sentencia la Corte.



El fallo del máximo tribunal del país fue dado a conocer en las últimas horas aunque fue firmado el pasado 5 de agosto. El domingo se cumplen 15 años desde el día de la tragedia. Miguel Correa, quien perdió a su padre en la tragedia y titular de la Asociación, anticipó a este medio que recurrirán a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. “La causa termina sin culpables”, dice correa.

“Plateamos una aclaratoria”, explicó Wortman Jofre para que el máximo tribunal explique los fundamentos de por qué declaró abstracto el recurso. En el máximo tribunal se le corrió traslado de esto al fiscal aunque cabe recordar que con el recurso de aclaratoria sólo se explicara algo de la sentencia pero esta no se modificará.



De los seis imputados en la causa sólo dos fueron condenados cuando el Tribunal Oral Federal (TOF) N° 4 dictó sentencia en febrero de 2010. Valerio Francisco Diehl, ex gerente de operaciones de LAPA, y Gabriel María Borsani, ex jefe de la línea 737 fueron condenados a tres años de prisión en suspenso por el delito de estrago culposo agravado.

Sin embargo, se absolvió a los principales directivos de la empresa, Gustavo Andrés Deutsch y Ronaldo Patricio Boyd, presidente y vice respectivamente. En aquella sentencia del TOF también absolvió a los gerentes de la empresa, Fabián Mario Chionetti y Nora Silvina Arzeno, y a los integrantes de la Fuerza Aérea, Damián Peterson (padre de la actriz) y Diego Lentino. A 15 años de la tragedia no hay responsables y todos están libres.


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