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La virginidad no importa al casarse

FALLO DE UN TRIBUNAL FRANCÉS

“La virginidad no importa al casarse”
Una mujer marroquí le dijo a su marido que se casaba sin haber tenido relaciones con otro hombre. Él descubrió que era mentira y quiso separarse.


Las organizaciones civiles francesas están convulsionadas a raíz de un polémico fallo que rechazó la anulación de un matrimonio porque la esposa había mentido al decir que era virgen. El Tribunal de Apelación de Douai, en el norte de Francia, consideró que los dos cónyuges marroquíes –un ingeniero treintañero y una estudiante de enfermería veinteañera– vuelven a estar casados. El caso propició un debate entre funcionarios, intelectuales y dirigentes sociales sobre los límites de la legislación en la vida privada de las personas.

Luego de su casamiento en 2006, el marido denunció que su esposa le mintió al decirle que jamás había tenido relaciones con otro hombre, por lo cual pidió anular la unión. Un tribunal de Lille le dio la razón el 1 de abril, tras considerar probado que ella había mentido sobre su virginidad. El primer fallo tuvo repercusión internacional: de repente, todo el mundo supo sobre esa historia que podría definirse como “preadulterio” o “adulterio de conciencia” o, mejor, de “mentira”, lisa y llanamente.

La actitud de ocultamiento, de mentir, aseguraron los juristas en su momento, era un perjuicio a las “cualidades esenciales de un cónyuge”. La corte de Lille entendió que la virginidad entraba en esa categoría y se basó en el artículo del Código Civil francés que prevé la anulación del casamiento si uno de sus miembros miente sobre tales cualidades. Así fue, entonces, como se inició esta historia que, por supuesto, no terminó ahí.

Las asociaciones feministas denunciaron que ese dictamen iba contra la libertad sexual de las mujeres, que ponía límites sobre la conducta humana, las protestas se extendieron y llegaron incluso al nivel gubernamental. Fadela Amara, secretaria de Asuntos Urbanos e hija de musulmanes, llegó a calificar el fallo como “una fatwa contra la emancipación de la mujer”. En el corazón de Europa, se desató un debate sobre las minorías sexuales, sobre la libertad de conciencia y sobre la debilidad de género en un mundo gestionado y legislado por hombres.

Y hasta la ministra de Justicia, Rachida Dati –también de origen musulmán– pidió a la fiscalía que revisara su decisión, luego de que más de cien diputados de la Unión Europea le escribieran manifestando que la sentencia mezclaba religión con asuntos públicos.

La esposa apeló el fallo, pero luego se mostró favorable con la anulación de su casamiento.

Finalmente, el fallo de Douai planteó que la virginidad no es una cualidad esencial del matrimonio y que su ausencia no tiene incidencia en la vida conyugal, con lo cual no corresponde anularlo.

Más precisamente, el tribunal opinó que “el pretendido daño a la confianza recíproca no tiene incidencia en la validez de la unión”. Es decir: el hombre puede sentirse herido en su honor,la pareja puede estar herida de muerte, pero debe permanecer legalmente unida, al menos que quieran separarse por otra cuestión. Ahora tienen dos meses para definir si apelan la sentencia ante un tribunal superior.

El abogado del marido, Xavier Labbée, cree que con la decisión de los jueces las libertades individuales “están gravemente amenazadas”, ya que el tribunal “a partir de ahora autoriza a la fiscalía a controlar las almas y las conciencias”.

Pero también hubo elogios a los juristas. El profesor de derecho Christian Larroumet recordó que antes “la virginidad era una cualidad importante en materia de matrimonio, pero con la evolución de las costumbres y la afirmación de la igualdad no veo por qué deba ser así para las mujer y no para el hombre”. Para el dirigente de derechos humanos Jean Pierre Dubois, la virginidad tampoco debe ser tenida en cuenta por un tribunal. “En la Declaración de Derechos Humanos no hay ningún derecho a casarse con una mujer virgen”, reflexionó.

Parece mentira, pero toda esta discusión sobre las libertades individuales y, aún más, sobre los actos privados de las personas, se dio en el corazón del mundo occidental. Y, aunque sus protagonistas provienen de países donde ciertas creencias se mantienen atadas a preceptos religiosos, todo sucedió en el mismo mundo donde el primer mandatario se separa de su esposa y se marcha con una modelo infartante, ex novia de un Rolling Stone. Que sirva para descorrer ciertos velos que huelen rancio




FUENTE: http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=14372
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