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Lacalle Pou contrató avión privado y seguridad personal

Dijo que fue porque:

“Las multitudes cada vez están más demandantes y cariñosas”



“Conforme la cuenta regresiva hacia las urnas avanza, los ánimos se alteran, la gente se torna más demandante y cariñosa, el nerviosismo juega su parte y el cansancio es ineludible. El nuevo escenario llevó a Lacalle Pou a moverse diferente.

Es el último domingo previo a la elección nacional y el plan es aprovecharlo al máximo. Su jefe de campaña le coordinó tres actos de cierre: Rocha al mediodía, Minas por la tarde y Maldonado de noche. La jornada maratónica comienza en Paysandú (donde hizo un acto el sábado de noche) y debe terminar en Montevideo, porque a primera hora de la mañana del día siguiente tiene pactada una entrevista televisiva.

Así es la vida de Luis Lacalle Pou en este último tirón antes de las elecciones. Para cumplir con el ambicioso esquema debió cambiar la Toyota Hilux con la que recorrió el país desde que lanzó su candidatura, por un avión privado. Daniel, el chofer que lo acompañó en estos meses, sigue a disposición para conducir la camioneta durante las caravanas y en los trayectos de los aeródromos locales a los lugares de los actos.

Además del avión, Lacalle realizó en estas últimas semanas tres incorporaciones a las giras por el interior: su esposa, Lorena Ponce de León, dos hombres para su seguridad, y una bandera de Uruguay que sostiene en cada discurso para simbolizar su afán inclusivo.

En el avión, en el que solo entran cuatro personas además del piloto, los pasajeros son siempre los mismos: él, su mujer y su compañero de fórmula, Jorge Larrañaga. Atrás quedaron los tiempos en que el candidato blanco subía a su vehículo a asesores, dirigentes o periodistas. Apenas aterriza, se sube a la camioneta junto con Ponce de León y Larrañaga, y los custodios lo blindan en dos autos oscuros identificados con el “tick” celeste y blanco.

Lo de la seguridad fue una decisión que tomaron en el comando. Según dijeron a El País, no se explica por ningún episodio de violencia, sino porque “Luis se mete entre la multitud” y “la gente se emociona”. Y es cierto. Lacalle, que disfruta y dedica mucho tiempo a saludar a quienes asisten a los actos, suele quedar atrapado en un hormiguero de votantes y fanáticos blancos que empujan por la foto con él, el beso o el autógrafo, e incluso lloran si no alcanzan a tocarlo o saludarlo.

Igual, la intervención de los custodios es mínima porque el mismo candidato los frena. “Déjenme saludar”, les dijo en Maldonado cuando lo intentaban llevar rápido al estrado. Ellos están cerca, atentos a sus movimientos, e intentan guiarlo por lugares amplios.

A diferencia de lo que sucedía hace algunas semanas en los pueblos del interior, Lacalle se encuentra en los actos de cierre de campaña que hace en capitales unos públicos mucho más interactivos, demandantes y nerviosos. En Rocha empezó agradeciendo por haberse acercado en el “día de la familia”, pero no lo dejaron terminar, y con un tono reaccionario alguien le gritó: “¿Y esto qué es?”. En Minas, una señora en primera fila no dejaba pasar un concepto sin comentarlo. Él se refería a la espera de “dos o tres meses” para acceder a un especialista en la salud y ella le corregía “tres o cuatro”. Él decía que esperaba ganar el 30 de noviembre y ella, molesta, le gritaba que tenía que ser en primera vuelta. Lo mismo en Maldonado, donde una mujer lo agarró del brazo y lo increpó como desesperada: “Tenemos que ganar. No aguanto más”.

Ante esas expresiones estridentes él intenta mantenerse en calma y no dejarse afectar. Les pide silencio cuando gritan durante los discursos e insiste con que actúen como les dicta el eslogan: “por la positiva”.

Su esposa cumple un rol clave para lograr que las emociones ajenas no jueguen en contra. Ella es serena y cálida. Y a pesar de ser una outsider de la política, se sube con él a los estrados, aplaude y sonríe. La imagen del candidato con la eventual primera dama cala hondo en los auditorios, que les gritan cosas como “¡Los quiero!”. Lacalle tiene gestos tiernos con ella ante la gente: le agarra la mano o apoya el mentón sobre su hombro.

Los discursos, en tanto, apenas han variado. Hay referencias particulares de estos días (ver recuadro), pero ciertos bloques temáticos y frases se mantienen desde el inicio, al punto que los dirigentes que lo acompañan se ríen, y él aprovecha para resaltar su “coherencia”.

Sobre el final de este domingo intenso, Lacalle confesó ante cientos de fernandinos su cansancio físico. Les dijo que igual no borraría la sonrisa de su rostro y que el afecto lo mantenían al firme para encarar los últimos días, pero que realmente extrañaba a sus hijos. Entonces agradeció a los militantes por ir al acto en familia. “Al ver a sus pichones, veo a los míos, y quiero dedicarles el mismo amor”, culminó, emocionado.
Temas infaltables de los últimos actos

Nunca olvida hacer una referencia a su compañero de fórmula, Jorge Larrañaga, a quien trata de “padre”, “amigo” y consejero. Siempre destaca que su participación no se quedó en la foto del abrazo del 1° de junio. “No porque lo diga en todos lados pierde peso, al contrario”, advirtió en Maldonado. “Es un hito conocido pero al que todavía no se le dio la real dimensión”, agregó.

La alusión a su estrategia “por la positiva” incluyó en estos días a Tabaré Vázquez, a quien llama “candidato del continuismo” y quien según él adoptó esa misma actitud. Lacalle sostiene que en este final de campaña se evidencia que lo que se veía como una “locura fuera del manual”, no era tal cosa.

Menciona el afecto que recibe de los niños y asegura que eso significa que va “por el buen camino” porque los más pequeños son sinceros. “A ellos no les puedo fallar”, dijo en Rocha.”



Extra:


link: http://www.youtube.com/watch?v=nDZka3pfy80



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