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Lacalle Pou, el candidato al que los blancos llaman "mesias'

Desde un escenario que, dijo, le quedó "alto", Lacalle Pou apeló a sus militantes para construir una "cadena de solidaridades y responsabilidades". "Ya no es tiempo de cracks", alegó. En cambio, la gente prefirió idolatrarlo y lo trató de "mesías".




El hombre había llegado al acto desplegado en Parque Batlle gritando por el Partido Nacional, pero cuando pudo enfrentarse cara a cara con Luis Lacalle Pou, su fervor partidario se personalizó: "Sos el mesías", le repitió varias veces, mientras el candidato lo abrazaba.

Cuarenta minutos antes de su discurso, y otros tantos después, Lacalle se dedicó a saludar a los militantes como suele hacer. La diferencia esta vez fue que había vallas, con lo cual el fanatismo y la proyección del presidenciable como una verdadera estrella, se acrecentó.

"¡Luis! ¡Luisito! ¡Presidente!", lo llamaba una señora, mientras otra le avisaba en tono de reclamo: "¡Vine desde Tacuarembó!". "¡Luis, saludame!", le pedía a la misma vez una niña, que su padre empujaba contra la valla para que no se perdiera la oportunidad del contacto.

Él, rodeado de cámaras de foto, televisión y celular, no perdió la calma ni aflojó la sonrisa. Incluso dedicó unos minutos a ayudar a una adolescente que moría por una foto con él pero su teléfono no respondía.

Cuando en un momento consideró que el intercambio era suficiente, no pudo con los gritos desesperados que le suplicaban por más saludos. Volvió y estuvo unos cuantos minutos más. Finalmente se alejó, pero prometió volver al finalizar su discurso (y así lo hizo). Luego subió unos escalones hacia el estrado y se detuvo para escuchar la nueva versión de su jingle que sigue diciendo "Somos hoy, somos ahora" pero entonado por lo que parece ser una hinchada deportiva. En ese momento cantó una parte y levantó un brazo incitando al resto a seguirlo. Nadie se resistió.



Ya con el micrófono encendido, confesó que el estrado, de un metro y medio de alto, le generaba cierta incomodidad porque a él, en su "condición de militante", le gusta estar apenas "medio paso más adelante".

Agradeció el afecto recibido durante la caravana previa (que calificaron como "histórica" y de la que, según dijeron allí, participaron más de 4 mil autos). Una vez más, dijo que va a "seguir yendo a buscar a los mejores" para gobernar (ver recuadro), pero agregó que cuenta con los militantes para generar una "cadena de solidaridades y responsabilidades compartida". "Ya no son tiempos de cracks", opinó.

Entonces se dio un diálogo inusitado: "Si la gente nos da la posibilidad en estos próximos cinco años...", comenzó Lacalle, y a lo lejos una chica lo interrumpió con un grito esforzado: "¡Ganamos en octubre!". Ante las risas, el candidato acotó: "Por falta de optimismo no va a ser". Todavía no había retomado la oración cuando otro gritó algo respecto a la construcción del estadio de Peñarol. "Y de sueños, tampoco", bromeó él. Lacalle, que es hincha de Nacional, confesó entonces que uno de sus hijos "se hizo manya". "Aviso, así que ya soy de una tolerancia impresionante. Y si decimos que hay que ser tolerantes, yo tengo que ser".

El discurso continuó con el asunto de "la positiva", algo con lo que Lacalle suele insistir en los actos. "Y ustedes nos piden que no la abandonemos", afirmó, en referencia a esa "actitud de vida". En ese momento, alguien que no le seguía el hilo del discurso, gritó: "¡No te vamos a abandonar, Luisito!". Y él, sin cobrarle el error, le contestó: "Y yo tampoco a ustedes".

Antes de bajar del estrado se tomó unos segundos para filmar con su Iphone un panorama de las caras y las banderas, y terminó el video con una "selfie" junto a Jorge Larrañaga.





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