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¿Las balas perdidas fueron vendidas a narcos?

Escándalo en el Ejército Argentino: Roban casi 30 mil balas y sospechan que fueron vendidas a los narcos Los Monos






Desde hace años, la fábrica militar de Fray Luis Beltrán está en la mira de la Justicia por faltante de armas y municiones. En un operativo en la ciudad de Rosario, donde el narcotráfico ha calado hondo, la fuerza de seguridad incautó, tras un enfrentamiento con integrantes de Los Monos, proyectiles calibre 9mm, generando la sospecha sobre el Ejército. A fines de 2014, el Batallón 603, fue denunciado por un faltante de decenas de miles de balas 9mm. Oficiales y suboficiales fueron suspendidos.



La banda narco Los Monos, principal responsable del gran número de muertes en Rosario, poseía armas del Ejército Argentino. Desde hace años, la fábrica militar de la ciudad santafesina de Fray Luis Beltrán se ha visto envuelta en numerosos escándalos por ventas de armas de guerra.

Fuerzas de seguridad, tiempo atrás, incautó tras un enfrentamiento con integrantes del peligroso cartel Los Monos, una gran cantidad de proyectiles 9mm.

Todas las miradas se posaron, entonces, en la fábrica de Fray Luis Beltrán. A fines del año pasado, el faltante de municiones en el establecimiento fue denunciado por autoridades del Ejército ante el Juzgado Federal N° 3 de Rosario, que conduce Carlos Vera Barros, quien derivó la investigación al Fiscal Mario Gambacorta.






En la acusación se confirmó un faltante de casi 30 mil municiones 9mm.

Esto desembocó en la suspensión de dos oficiales y cinco suboficiales, mientras que hoy se conoce que integrantes de Los Monos siguen manejando el negocio narco en Rosario desde la cárcel.

No hay explicaciones oficiales al respecto, ni del Ministro de Defensa Agustín Rossi, ni del General César Milani.





¿Quiénes son Los Monos?


Llevan 10 años como el principal grupo narco de la ciudad. Ganan 100.000 pesos al día. Saltaron al centro de la escena tras una serie de feroces asesinatos. Y esta semana procesaron a 35 de sus hombres.




Mutilado, al cadáver de Fernando Corso –o El Gordo Pel , como lo conocían en el barrio de la zona sur de Rosario donde vivía– lo hallaron enterrado en un descampado. La Policía logró dar con él por un llamado que reveló la ubicación precisa del cuerpo. Quienes filtraron el dato tenían claro por qué estaba allí: su jefe lo había pasado por una sierra de carnicero y lo había hecho sepultar en un baldío.

El asesino accedió a revelar el lugar donde estaba por un pedido muy especial, el de la madre de Corso. La mujer imploraba para que le devolvieran el cadáver de su hijo, “en el estado en el que se encontrara”.

Aquel crimen cumple 10 años: fue cometido en 2004 con una ferocidad que remite a las películas de gángsters y mafias, y fue un eslabón clave de la sangrienta disputa que desde fines de los años noventa protagonizaban dos bandas de Rosario: Los Monos y Los Garompa . Otra pandilla, Los Colorados , ya había quedado fuera de juego. La guerra dejó, por aquellos años, entre 20 y 30 víctimas.

El Gordo Pel era líder de Los Garompa . Ariel Máximo Cantero, a quien se investigó por el crimen de Corso aunque finalmente no se reunieron pruebas suficientes contra él, avanzaba para apoderarse de los negocios ilícitos del barrio. Con aquel asesinato feroz, consiguió la supremacía. Un año antes había tomado el poder de Los Monos , la banda que debe el nombre al apodo de su antiguo cabecilla, Juan Carlos Fernández, “El Mono grande” .

La principal tentación era el comercio de droga, iniciado a partir de una organización familiar que importaba y comercializaba marihuana.

Los Monos terminaron por ganar la cruenta batalla y se convirtieron en la mayor banda ligada al narcotráfico de Rosario.

La parábola que incluye el crecimiento económico, sus relaciones con la Policía, el surgimiento durante dos décadas de rivales y aliados, el asesinato y la caída de sus líderes, atraviesa la historia del narcotráfico en la ciudad y explica muchas de las muertes cometidas en Rosario en los últimos años.


Allegados a la organización aseguran que su recaudación orilla por estos días, cuanto menos, 100.000 pesos diarios de ganancia neta. Ese dinero incluiría no sólo el comercio ilegal de drogas –rubro donde hace rato se sumaron la cocaína y el paco –, sino también la “protección” pagada por otras bandas dedicadas al negocio en otras zonas de Rosario. Luis Medina, el empresario acribillado junto a una modelo el domingo 29 de diciembre pasado, manejaba una de ellas y les abonaba un canon.






La banda diversificó su dinero en una pequeña flota de taxis y hasta en futbolistas: sería dueña de una parte del pase de Angel Correa, estrella de San Lorenzo. Se sospecha que el dinero era blanqueado en el circuito legal por Mariano Ruiz, un hombre que fue detenido en agosto pasado en Buenos Aires, en un lujoso departamento de Recoleta. En la investigación que desarrolla el juez Juan Carlos Vienna hay referencia de inversiones en propiedades por 40 millones de pesos.

El crecimiento de Los Monos fue apoyado por sectores de las fuerzas de seguridad. Once policías santafesinos, además de un miembro de la Federal y otro de la Prefectura ya fueron detenidos y procesados en el marco de la causa que se inició por el crimen de Martín Paz, en septiembre de 2012. Esa muerte fue clave para comenzar a desentrañar los secretos de la banda.


El Fantasma Paz estaba de novio con una hermana de los Cantero. Participaba de la operatoria para blanquear el dinero de la organización, pero cometió un pecado imperdonable para los Cantero: intentó utilizar los aportes para iniciar un emprendimiento propio vinculado con el narcotráfico. Uno de los más experimentados sicarios de Los Monos lo asesinó.

La relación entre la Policía tiene cientos de episodios. A mediados de enero, por ejemplo, cayó preso Juan Ramírez, sicario y testaferro del grupo: siete horas después se fugó de la Jefatura de Policía de Rosario. Por su escape fueron detenidos cinco policías, sospechados de haber cobrado por su fuga.






A Los Monos les atribuyen un poder de fuego como a ningún otro operador de la droga en Rosario. Lo demostraron tras la muerte del Pájaro . Pocas horas después de ese crimen, tres asesinatos regaron de sangre las calles como represalia.

El Pájaro tenía una educación formal precaria, pero se lo señala como el hombre que expandió los negocios y dotó de organización a la banda. Uno de sus hermanos, Máximo Ariel Cantero, alias Guille , fue detenido por la causa iniciada con el asesinato de Paz. En el expediente se dice que “a quien se le tiene miedo es a Guille” , al que “no le gustan los policías” ; y que en cambio “El Pájaro era conciliador; para ser violento tenía que suceder algo extremo”.
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