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Las billeteras están llenas de pesos

La expansión de la cantidad de moneda circulante se convertirá en una de las características económicas más salientes de la actual gestión kirchnerista



La expansión de la cantidad de moneda circulante se convertirá en una de las características económicas más salientes de la actual gestión kirchnerista.
Los billetes, relata este domingo el diario La Nación, se multiplicaron con una velocidad tan grande que cuesta encontrar ceros para graficarlos.
La motivación que el Gobierno tiene para mantener los billetes con la misma denominación que cuando aparecieron (1992) y provocar la otra saturación, la de las billeteras atestadas de papeles pero con muy bajo poder de compra, es la negación.
Pese a la inflación de dos dígitos que ya es habitual hace años, ni el Poder Ejecutivo ni el Banco Central fueron permeables a la necesidad de imprimir billetes con una denominación mayor a 100 pesos.
Tan cuestionable decisión provocó después de 11 años de kirchnerismo que los billetes de 100 pesos, que en 2003 llegaban a 188,2 millones de unidades terminaran en noviembre con 2842,8 millones de billetes, es decir, aumentó 1411%, según datos elaborados por LNData.
A su vez, consigna el matutino, el 31 de diciembre de 2003, los billetes de 100 pesos representaban el 34,1% del total de papeles en circulación; el 28 de noviembre de 2014, el 64% del total corresponde al de mayor denominación.
Así, las billeteras están llenas de pesos con los que se puede comprar poco.
La emisión sin control y el aumento del dinero circulante tiene una consecuencia por encima de todas: genera inflación.
"La inflación y la escasez de dólares son consecuencias de la abundancia de pesos. Y la abundancia de pesos se genera en la expansión del pasivo del Banco Central. Todo esto es producto del financiamiento monetario del déficit fiscal", explica el economista Luis Secco.
Maximiliano Castillo Carrillo, economista y director de la consultora ACM, coincidió en que el déficit fiscal como el principal factor que explica el funcionamiento a destajo de "la maquinita" de hacer billetes. "El factor central de la expansión de la base monetaria es el financiamiento del déficit", enfatiza al matutino.
El Gobierno gasta más de lo que tiene en la billetera, no pide prestado y emite con sus dos imprentas: Casa de Moneda y la Compañía de Valores Sudamericana, anteriormente Ciccone Calcográfica. Ese bache que queda entre una cuenta y la otra es el llamado déficit fiscal.
El exceso de monedas, claro, genera aumentos de precios. "El problema de la inflación se debe a la excesiva emisión del BCRA, emisión que obedece en gran parte a la necesidad del Gobierno de financiar el déficit fiscal", dice Guido Sandleris, decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella.



Apunta, además, que aunque lo niega en forma explícita, el Gobierno, en algún nivel, entiende que el exceso de liquidez genera inflación.
"Por eso el BCRA aumenta sus pasivos (emitiendo Letras) para reducir las emisiones de pesos usadas para financiar al fisco. Así, intenta moderar los inflacionarios de monetizar el déficit fiscal. Esta estrategia le ha permitido estabilizar la inflación, aunque en un nivel elevado", dice.
Tanto Secco con Castillo coinciden en que diciembre es el mes de mayor expansión fiscal. "Es probable que 2014 finalice con una cifra cercana a 160.000 millones de expansión de la base monetaria por razones fiscales", dice Secco a La Nación. Castillo Carrillo suelta un número similar. La comparación es la que le da sentido a semejante cantidad de ceros: en 2013, ese número fue de 94.000 millones.
De todas maneras, explican los economistas, cuando se mire la base monetaria no mostrará un incremento tan impactante, dada la política de absorción relativamente exitosa llevada adelante por la anterior administración del BCRA. "Administración que por cierto luce ortodoxa comparada con la actual", dice Secco.
Sin embargo, la aceleración de los últimos tres meses del año dejará un exceso de pesos que generará presiones inflacionarias y cambiarias, a menos que el BCRA se comporte a partir de ahora de manera radicalmente distinta a lo que hizo desde octubre. Parece un panorama imposible, en un año electoral y con expectativas de aumento salarial del sector público como mínimo en 30 por ciento.
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