Check the new version here

Popular channels

Las dos caras de la Revolución Bolivariana

En los supermercados escasean alimentos esenciales. Y hay sectores ligados al poder que se enriquecen.

Presidente, en el supermercado no hay azúcar.

Corría 2010 y un Hugo Chávez sorprendido frunció el ceño ante el comentario de las corresponsales extranjeras en el Palacio de Miraflores. “¿Cómo que no hay azúcar? Sí la hay”, replicó, tan seguro de sí mismo como de que el agua moja. Cuando las periodistas insistieron con un “Hace semanas que falta, señor. ¿Desde cuándo no hace las compras?”, Chávez se volvió hacia su ministro de Alimentación, Carlos Osorio, quien estaba detrás suyo. “¿Qué es esto?”, le dijo con cara de pocas pulgas. Su asistente salió del paso explicando que en poco tiempo se solucionaría el problema y Chávez dio por terminado el asunto.



Pero el asunto aún no concluyó.

En verdad, es un problema que había empezado ya en el lejano 1998. El desabastecimiento incide tanto sobre los humildes como en los estratos más ricos de la población. En las góndolas de un supermercado en el elegante barrio de El Rosal, en diciembre último, había champagne, carne y huevos de codorniz, pero nada de leche, papel higiénico ni pasta dental. Mucho más lejos, a los pies de Petare –uno de los barrios más pobres de Caracas– decenas de empleados hacen cola aún desde la madrugada ante un mercado subsidiado por el Estado para adquirir insumos básicos. “Pierdo mi mañana pero quiero comprar un poco de arroz y pollo”, dice a Clarín Marta Jaime.



Según datos del Banco Central de Venezuela, en diciembre último hubo un desabastecimiento de 16,3 productos de cada cien de la canasta familiar, el nivel más alto en cuatro años.

En el mismo mes, la inflación fue de 3,5%, la mayor en 33 meses. Acumulada en el año, alcanzó una cifra oficial de 20,1%. El gobierno responsabiliza del asunto a la “avaricia de los empresarios”. La semana pasada, el ministro de Agricultura, Juan Loyo, declaró: “En el sector alimentos no podemos permitir que rijan las leyes del mercado”. Pero los economistas estiman que los precios regulados son tan bajos que nadie puede tener una mínima ganancia. Resultado: escasez rampante.

Una parte del problema reside en la ineficiencia de las industrias que el gobierno nacionalizó y que fracasan a la hora de cubrir la demanda. Pero también se halla en la estructura productiva del país, trabada como pocas. El gobierno mantiene fijo el tipo de cambio mientras el resto de los precios aumenta y el dólar se convierte así en el artículo más barato de la economía.

La brecha cambiaria es del 300%.

Como Venezuela consume casi todo importado, es fundamental la provisión de divisas que el gobierno retacea.

Hay todo un negocio montado en la obtención de dólares, cuyo rendimiento en bolívares se multiplica a la estratósfera por las diferencias cambiarias.

“Desde hace años crece una casta de arribistas. Son amigos del poder, millonarios surgidos con el trueque de bonos públicos, las importaciones y el mercado de divisas. Una forma de hacer dinero fácil es, por ejemplo, conseguir muchos dólares a 4,3 bolívares y venderlos a 18”, comenta a Clarín Berenice Gómez, cronista de sociales que bien conoce el universo de los “boliburgueses”, los que hicieron fortunas con el chavismo.

Como nueva clase social, conforman un sector donde reina el despilfarro, la ostentación obscena y el disparate.

Abundan los ejemplos. Los restaurantes de lujo están siempre repletos. Los nuevos ricos visten trajes de marca, lucen joyería y relojes suizos y poseen yates y mansiones en Miami o Nueva York. “Uno de ellos armó una orquesta de salsa con cien músicos cubanos con los que ensaya dos o tres veces por semana en el hotel Marriot. Era vendedor de seguros y hoy es uno de los más ricos de Venezuela. Es primo del presidente de PDVSA, la petrolera estatal”, dice Gómez. Otros pagan hasta 800.000 dólares para celebrar el cumpleaños de quince de “la nena” en casas especialmente habilitadas, como La Esmeralda, el Salón Venezuela del Círculo Militar o la Quinta Monteverde.

Un interrogante esencial es cómo se concilian esos indicios de corrupción y enriquecimiento obsceno con un mensaje “revolucionario y socialista” que tacha de vendepatria o “pitiyanqui” a todo el que lo denuncia. La perplejidad aumenta incluso a niveles intolerables cuando se recuerda el gran pensamiento de Chávez, ése que ha repetido a sus simpatizantes en cada mitin electoral: “El rico es más que rico; es un animal con forma humana”.
0
0
0
0
0No comments yet