Las fantasiosas conspiraciones de Cristina

Cristina ve conspiraciones donde no las hay. No es nada nuevo, desde que llegó al poder, el kirchnerismo se ha convertido en un experto en encontrar complots por doquier.



El duhaldismo, el sindicalismo, el capitalismo, el menemismo, y muchos otros han sido denunciados a lo largo de estos años por el gobierno como supuestos desestabilizadores de su gestión.

Siempre me causó mucha gracia escucharlo, especialmente cuando veo las fotos de un Carlos Menem avejentado y falto de reflejos, caminando sin cesar estrados judiciales por hechos de corrupción cometidos durante su gobierno. ¿Qué conspiración podría armar ese insulso hombre venido a menos?

Con el moyanismo me pasa lo mismo. Mi boca hace una mueca inevitable cada vez que recuerdo la foto de Hugo Moyano invitando a votar por Cristina en el año 2011. Ni hablar del grupo Clarín, que fue carne y uña con el kirchnerismo hasta el año 2008. ¿Debo creer que el gobierno estaba en connivencia con las mafias hasta entonces?

No es un chiste que Cristina Kirchner hable de que alguien quiera desestabilizarla. Es la persona que gobierna la Argentina. Preocupa que el nivel de paranoia oficial crezca de manera directamente proporcional al avance de las complicaciones políticas y económicas del país. ¿Es casual o causal? ¿Cree alguien realmente que existe una mega conspiración digitada por Estados Unidos para voltear a un gobierno que está complicadísimo y en plena recta final? ¿Para qué lo haría?

Quienes le llenan la cabeza a la presidenta deberían tener en cuenta que la están haciendo quedar en ridículo. Solo basta que miren someramente las redes sociales cada vez que esta habla por cadena nacional para percatarse de ello. Ni siquiera los cyber K que otrora salían a defenderla en legión se animaron esta vez a apoyarla en tan descabellada proclama.

Es bien cierto que existen especuladores, cuevas financieras y mercaderes del dólar paralelo, pero no es ni por lejos parte de ninguna conspiración. Es algo que existe desde que el mundo es mundo.

¿Es criticable lo que hacen? Totalmente. ¿Deben ser pasibles del rigor de la ley? Obviamente que sí.

No obstante, sorprende que Cristina haya mencionado esta cuestión como si hubiera descubierto la pólvora, como si fuese algo novedoso.

No solo no es algo nuevo, sino que además muchos de los que la mandataria señala han sabido ser compinches de su propio gobierno en el pasado. Tal es el caso de Jorge Brito, del banco Macro.

Por otro lado, sorprende que la presidenta calle respecto de cuevas financieras que son realmente relevantes, donde se supieron blanquear los aportes de campaña del kirchnerismo, como es Monetización SA, Créditos Sur, Advantage Cooperativa Limitada y otras, comandadas por los siempre oscuros Jorge Fidalgo, Juan Manuel Manzorro y Fernando Caparrós Gómez.

En esas "cuevas" —paradójicamente no están ocultas sino que se trata de lugares públicos y visibles— se cambiaron los cheques del escándalo Sueños Compartidos, que envolvió a Sergio Schoklender y Hebe de Bonafini. También se enjugaron divisas en el marco de la mafia de los remedios, y se motorizó la maquinaria financiera relacionada con el triple crimen de General Rodríguez, ocurrido en agosto de 2008.

¿Por qué Cristina calla respecto del funcionamiento de esas financieras ilegales? ¿Será que estas no son parte de ninguna conspiración porque trabajan para el Gobierno?

Preocupa escuchar a Cristina cada vez más sacada y más aislada de aquellos que podrían darle buenos consejos.

Preocupa que no exista un solo mea culpa por parte del gobierno, como si todo lo que hiciera estuviera bien.

Preocupa observar una oposición que no está a la altura de las circunstancias y solo piensa en cómo llegar a 2015 avanzando unos sobre otros.

Preocupa la falta de unión de los argentinos en momentos como este, calcado de muchos otros que tocó transitar a la Argentina. Cada quien solo piensa en sí mismo.

La política nunca soluciona los problemas o, si lo hace, es en puntuales y contados casos. Los políticos en general tienen esa extraña capacidad de jurarnos que solucionarán los problemas que ellos mismos generaron.

Por ello, debe ser la sociedad argentina la que deje de lado su propio egoísmo y se atreva a avanzar en el camino de las soluciones. Esto dentro de la cordura y la construcción, jamás el insulto o la violencia.

Hasta que ello no ocurra, seguiremos teniendo gobernantes que nos hablarán de conspiraciones imposibles, prometerán improbables "salariazos", jurarán devolver dólares que nunca aparecerán y proclamarán falacias tales como que con la democracia se come, se educa y se cura.