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Las irresponsables denuncias de Cristina




La presidenta Cristina Fernández anoche volvió a reunir a la militancia rentada y a los aplaudidores oficiales en los patios y salones de la Casa Rosada. Lo hizo con el objetivo de llevar sus teorías conspirativas a la máxima expresión, al borde de la irracionalidad, hablando sobre supuestas “maniobras de pinzas” e intentos desestabilizadores.

Eso no fue todo. La primera mandataria no se puso colorada al negar que haya problemas en la economía. Y luego remarcar: “hay sectores que pretenden voltear al gobierno y hacerlo con ayuda extranjera”. ¿Qué pruebas mostró ante semejante afirmación? Solamente menciones abstractas, metiendo a todos los acusados en una misma bolsa, desde sectores exportadores, ruralistas, bancos (que se olvidó decir, constituyen el sector que más ganó en la década K) pasando por las sociedades que operan con el dólar bolsa, los operadores del dólar blue, entre otros.

En esa dirección, luego de que hace una semana la primera mandataria dijo que supuestamente había sido amenazada de muerte por el grupo Isis (los fundamentalistas islámicos que decapitan periodistas en Medio Oriente), cambió de enemigo y puso la lupa sobre Estados Unidos. “Si me pasa algo, no miren hacia el Oriente, miren hacia el norte”, sostuvo Cristina. Esa fue la respuesta a una declaración del gobierno de Estados Unidos que ayer informó que "monitorea de cerca" la decisión de desacato de Argentina. A ello se le agregó una notificación donde alerta, a sus ciudadanos, sobre la ola de inseguridad que se vive en nuestro país (ver página 8).

Si alertar por el principal flagelo que afecta a los argentinos es “una maniobra destituyente”, deberíamos redefinir lo que significa un golpe de Estado.

"No me sorprendió la medida de Griesa y tampoco me sorprendería que dicte sanciones. A lo mejor me van a mandar presa la próxima vez que vaya a Nueva York... voy a ir igual, les aclaro", agregó la Presidenta, visiblemente ofuscada. A esta altura, estas declaraciones sólo pueden ser interpretadas como una suerte de delirio de persecución.

Cuando le queda poco más de un año en la Casa Rosada, y ante una sociedad que mayoritariamente le dio la espalda en las últimas elecciones, Cristina no simboliza absolutamente ningún peligro para la potencia del norte. Lejos está CFK de ser John Fitzgerald Kennedy o Martin Luther King que, se sospecha, fueron asesinados por factores de poder de EEUU porque representaban serios escollos para el mantenimiento del status quo de ese país. Tampoco se le puede asemejar a Fidel Castro que, en los años ´60, hizo un enclave socialista en el patio trasero de la principal potencia del mundo y por eso los norteamericanos financiaron la invasión a Bahía de Cochinos.

Lejos de la proclama antiimperialista que denotan sus discursos de barricada, la realidad muestra que Cristina, a cambio de unos pocos yuanes, en un desesperado intento de fortalecer las alicaídas arcas del Banco Central, acaba de entregarle en bandeja importantes territorios a los chinos para que instalen una base espacial y militar en Neuquén.

Lejos de lo que sucedía durante la guerra fría, China es aliada de los norteamericanos en el sistema financiero mundial al ser el principal acreedor de su deuda pública. A su vez, el principal mercado que tiene China, el sostén de su crecimiento, son los Estados Unidos. Es decir, es una relación de conveniencia mutua.

Otra muestra del doble discurso es que, el año pasado, el gobierno K le otorgó en bandeja –mediante la firma de un contrato secreto- la explotación de Vaca Muerta, el principal yacimiento hidrocarburífero no convencional de nuestro país, a Chevron que es una de las principales multinacionales norteamericanas.

Cabe destacar que Cristina actualmente es la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, tiene a su disposición todas las fuerzas de seguridad de alcance federal y los servicios de inteligencia. Por eso no puede ni debe realizar denuncias al boleo, con total ligereza, con el sólo objetivo de ponerse en lugar de víctima.

Las reales victimas de toda esta situación son los millones de ciudadanos que están sufriendo las consecuencias de las políticas económicas del kirchnerismo, con una inflación desenfrenada que pulveriza salarios. Y con una recesión que está destruyendo el trabajo genuino.

Echarle la culpa de todos los males a los cueveros, a los fondos buitres y al gobierno norteamericano, a esta altura solamente puede ser considerado como una estrategia de la Casa Rosada para seguir sin instrumentar ningún tipo de cambio en la economía. Es la mejor forma de mantener el status quo. Claro que la ciudadanía hace rato que no come vidrio. Y ya dictaminó que, a partir de diciembre de 2015, comenzará a escribirse otra historia.

Loas a un fiscal K

Otra muestra de la poca seriedad del discurso de Cristina fue que, en su alocución, destacó la figura de Carlos Gonella, el fiscal de la unidad antilavado –por poco no lo compara con Sherlock Holmes- en una investigación que viene realizado por supuestas irregularidades en la compa y venta de dólares.

En realidad, Gonella está en la mira de la Justicia, y hasta fue citado a indagatoria, debido a una causa penal abierta en su contra: se los acusa de prevaricato, es decir de haber intervenido a favor de Lázaro Baez, presunto testaferro de la familia presidencial, a quien borró de una instrucción judicial relacionada con la ruta del dinero K.



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