Las Malvinas Son Argentinas o Británicas?
A medida que se acerca el 2 de abril del 2012, fecha en la que se cumplen 30 años del inicio del conflicto armado argentino-británico en las Malvinas, el tema de la soberanía de las islas vuelve a estar en la actualidad internacional.
El recrudecimiento de la disputa parece interesar a los Gobiernos de ambos países pues les permite desviar la atención de problemas internos y unificar a sus poblaciones detrás de una causa popular. Sí la victoria en la guerra de las Malvinas elevó hasta el clímax la popularidad de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, el actual replanteamiento del tema puede desviar la atención de la crisis económica y los disturbios sociales que ha sufrido recientemente el Reino Unido. La polarización también le trae réditos políticos a la presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner pues unifica a la nación alrededor de un tema de consenso nacional.
Recientemente el Reino Unido anunció el envío del buque de guerra HMS Dauntless a las inmediaciones de las Malvinas y el príncipe William llegó a las islas en misión de la Fuerza Aérea del Reino Unido, como reafirmando que las Malvinas constituyen un punto geoestratégico de la alianza entre los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa frente a los adversarios de Irán, Venezuela y el Grupo ALBA. Inmediatamente Argentina empezó a denunciar en organismos internacionales la militarización del Atlántico sur por parte del Reino Unido, y Londres, a aclarar que el buque solamente reemplaza a otro de menor nivel tecnológico y se mueve en aguas internacionales.
Asimismo, el primer ministro Británico David Cameron acusó a Argentina de colonialismo porque, según afirma, no respeta el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el deseo y voluntad de los habitantes de las Malvinas que prefieren ser británicos en vez de argentinos. El Senado y la Cancillería argentina contraatacaron alegando que el Reino Unido es sinónimo de colonialismo y han estado llevando el tema al secretario general de la ONU y al mismo Consejo de Seguridad de la ONU. Muy pronto han salido resoluciones de apoyo a la tesis argentina en foros internacionales como la OEA, el Celac, Unasur y Mercosur. Y, desde luego, Hugo Chávez y Fidel Castro han aprovechado la coyuntura para denunciar a Londres y pedir la salida británica del hemisferio americano.
Soberanía. Y de nuevo, como en 1982, aparecen los argumentos de Londres y de Buenos Aires acerca de la soberanía de las islas. Para Buenos Aires la posesión británica actual de las islas constituye un resabio de una potencia colonial, y la soberanía de las Malvinas debe regresar a Argentina porque dichas islas se encuentran localizadas geográficamente en el Atlántico sur, en el mar de Argentina, a menos de 500 km de la costa suramericana y a cerca de 13.000 km de Londres. Además, las islas ya fueron argentinas desde 1820 hasta 1833, antes de que fueran ocupadas por la Armada británica. La tesis de que las Malvinas son argentinas es la piedra angular de la política exterior de Buenos Aires y una posición de consenso entre el Gobierno y los partidos de oposición en la nación suramericana. En los estudios de opinión, ente el 65% y el 70% de los argentinos creen que las Malvinas deben ser argentinas.
Por otra parte, según el punto de vista oficial de Londres, las Falkland Islands, o islas Malvinas, fueron descubiertas por el inglés John Davis el 14 de agosto de 1592 y son posesión británica desde 1833 cuando se convirtieron en un territorio de ultramar del Reino Unido, hoy bajo la suprema autoridad de la reina Isabel II, ejercida en su nombre por un gobernador, con el asesoramiento y asistencia de un Consejo Ejecutivo y una Asamblea Legislativa. Y la diplomacia británica argumenta que más del 90% de los aproximadamente 2.500 habitantes de las islas reclaman ser británicos y que solamente un isleño, James Peck, ha optado por la nacionalidad británica, después de ser pareja con una argentina y tener dos hijos con ella. Desde América Latina y el Caribe, el Caricom reconoce el derecho de autodeterminación de los isleños. En fin, que para Londres las islas Malvinas son en su configuración humana tan británicas como el “fish and chips”.
Por otra parte, en instancias de las Naciones Unidas se sostiene que el archipiélago de las Malvinas constituye un territorio en disputa entre el Reino Unido y la República Argentina, y en varias oportunidades se ha llamado a ambas partes a que se sienten a dialogar y a negociar sobre el futuro de la soberanía de las islas. Sin ninguna duda, las Malvinas son hoy día británicas, pero no sabemos si algún día serán argentinas. Esperemos que la disputa se quede en los canales diplomáticos y pacíficos, y que no recaiga en los niveles de violencia y muerte (alrededor de 900 víctimas mortales) que caracterizaron la guerra de las Malvinas de 1982.
El recrudecimiento de la disputa parece interesar a los Gobiernos de ambos países pues les permite desviar la atención de problemas internos y unificar a sus poblaciones detrás de una causa popular. Sí la victoria en la guerra de las Malvinas elevó hasta el clímax la popularidad de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, el actual replanteamiento del tema puede desviar la atención de la crisis económica y los disturbios sociales que ha sufrido recientemente el Reino Unido. La polarización también le trae réditos políticos a la presidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner pues unifica a la nación alrededor de un tema de consenso nacional.
Recientemente el Reino Unido anunció el envío del buque de guerra HMS Dauntless a las inmediaciones de las Malvinas y el príncipe William llegó a las islas en misión de la Fuerza Aérea del Reino Unido, como reafirmando que las Malvinas constituyen un punto geoestratégico de la alianza entre los Estados Unidos, el Reino Unido y Europa frente a los adversarios de Irán, Venezuela y el Grupo ALBA. Inmediatamente Argentina empezó a denunciar en organismos internacionales la militarización del Atlántico sur por parte del Reino Unido, y Londres, a aclarar que el buque solamente reemplaza a otro de menor nivel tecnológico y se mueve en aguas internacionales.
Asimismo, el primer ministro Británico David Cameron acusó a Argentina de colonialismo porque, según afirma, no respeta el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el deseo y voluntad de los habitantes de las Malvinas que prefieren ser británicos en vez de argentinos. El Senado y la Cancillería argentina contraatacaron alegando que el Reino Unido es sinónimo de colonialismo y han estado llevando el tema al secretario general de la ONU y al mismo Consejo de Seguridad de la ONU. Muy pronto han salido resoluciones de apoyo a la tesis argentina en foros internacionales como la OEA, el Celac, Unasur y Mercosur. Y, desde luego, Hugo Chávez y Fidel Castro han aprovechado la coyuntura para denunciar a Londres y pedir la salida británica del hemisferio americano.
Soberanía. Y de nuevo, como en 1982, aparecen los argumentos de Londres y de Buenos Aires acerca de la soberanía de las islas. Para Buenos Aires la posesión británica actual de las islas constituye un resabio de una potencia colonial, y la soberanía de las Malvinas debe regresar a Argentina porque dichas islas se encuentran localizadas geográficamente en el Atlántico sur, en el mar de Argentina, a menos de 500 km de la costa suramericana y a cerca de 13.000 km de Londres. Además, las islas ya fueron argentinas desde 1820 hasta 1833, antes de que fueran ocupadas por la Armada británica. La tesis de que las Malvinas son argentinas es la piedra angular de la política exterior de Buenos Aires y una posición de consenso entre el Gobierno y los partidos de oposición en la nación suramericana. En los estudios de opinión, ente el 65% y el 70% de los argentinos creen que las Malvinas deben ser argentinas.
Por otra parte, según el punto de vista oficial de Londres, las Falkland Islands, o islas Malvinas, fueron descubiertas por el inglés John Davis el 14 de agosto de 1592 y son posesión británica desde 1833 cuando se convirtieron en un territorio de ultramar del Reino Unido, hoy bajo la suprema autoridad de la reina Isabel II, ejercida en su nombre por un gobernador, con el asesoramiento y asistencia de un Consejo Ejecutivo y una Asamblea Legislativa. Y la diplomacia británica argumenta que más del 90% de los aproximadamente 2.500 habitantes de las islas reclaman ser británicos y que solamente un isleño, James Peck, ha optado por la nacionalidad británica, después de ser pareja con una argentina y tener dos hijos con ella. Desde América Latina y el Caribe, el Caricom reconoce el derecho de autodeterminación de los isleños. En fin, que para Londres las islas Malvinas son en su configuración humana tan británicas como el “fish and chips”.
Por otra parte, en instancias de las Naciones Unidas se sostiene que el archipiélago de las Malvinas constituye un territorio en disputa entre el Reino Unido y la República Argentina, y en varias oportunidades se ha llamado a ambas partes a que se sienten a dialogar y a negociar sobre el futuro de la soberanía de las islas. Sin ninguna duda, las Malvinas son hoy día británicas, pero no sabemos si algún día serán argentinas. Esperemos que la disputa se quede en los canales diplomáticos y pacíficos, y que no recaiga en los niveles de violencia y muerte (alrededor de 900 víctimas mortales) que caracterizaron la guerra de las Malvinas de 1982.
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