Las Manos de Filippi (entrevista imperdible)

Las Manos de Filippi cumplen 15 años
¿Todavia hay que matar al presidente?

Nacidos en los albores de la contracultura menemista, Las Manos podrían haber triunfado en el showbizz, pero decidieron hacer un camino más radical. “Apoyamos a las fábricas recuperadas y al movimiento piquetero. Nos hacemos cargo”, dicen.



Cabra y Pecho, el buró político de Las Manos de Filippi, pulen detalles para el cumpleaños de 15 de la banda. Proyectan para este sábado, en el Colonial de Avellaneda, tres recitales en uno –Agrupación Mamanis, Che Chino y Las Manos–, carnaval carioca, presentadores, serpentinas y fiesta. Tango, cumbia y hip-hop duro y combativo. El Cabra odia hablar por teléfono, pero en 10 minutos llama cuatro veces. La hora lo exige. “Van a venir músicos que pasaron por la banda desde el principio, Sebas Zambrano, Bernardo, Ana Sol, El Tumba, queremos que todo este tiempo quede reflejado”, dice y sigue convidando invitados. El bunker es la sala–estudio propia que están a punto de terminar en Villa Pueyrredón, allí por los lindes de San Martín. El olor a poxirrán embriaga y hay que esquivar bochitas de cemento, cal y arena esparcidos por el piso. Pecho, también ultraocupado, informa y condensa. “Yo no estoy desde siempre, pero creo que estos 15 años fueron cinco discos y mil transformaciones. Hoy estamos menos verdes, más maduros.”

Demorada la edición de Control obrero contra la explotación, el disco que hicieron cuando aún estaba Mosky –ver aparte–, los planes B pasan por la edición del flamante Activismo (DVD debut) y el estreno de nuevos temas que reemplazarán a los del Mosky. Entre ellos, El ególatra y Cromañón, cuya letra opera como manifiesto, como suma total de las ideas que Las Manos de Filippi representan como parte del ala izquierda del rock argentino. “Siempre tomamos partido por lo que pensamos y lo apoyamos. Nos hacemos cargo. Siempre apoyamos al movimiento piquetero, las fábricas recuperadas, y nos respetamos mucho como artistas independientes”, sigue Pecho.

Cromañón es una especie de rap-reggaetón marca Filippi, que no calla ni omite. Denuncia la privatización del rock y la persecución al under. Personaliza el beneficio monopólico de Universal, Pop Art y otras compañías. Destituye a Ibarra de cualquier “perdón” y ubica a Callejeros en una posición incómoda. “Estos 15 años fueron para ir descubriendo nuevas transformaciones que le daban a la banda energía nueva. Hoy, por ejemplo, es un replanteo, porque primero Cromañón y después la ida de Mosky nos pusieron en otro plano. Cromañón fue un gran detonante para nosotros. Después de la tragedia, cambiamos un poco la cabeza. Nuestra posición es denunciar al Estado, la privatización del rock y de la cultura en general. Luchar y organizarnos como músicos trabajadores, salir de esa onda estrella.” La edición de Control obrero... está demorada, porque de los 14 temas la mitad pertenecía al Mosky. “Vamos a agregar temas nuevos y, además, Gaspar –guitarrista nuevo– está grabando las guitarras otra vez. Sacarlo como estaba sería como una foto vieja”, sostiene Pecho.
–¿Y el packaging (la bomba) va a ser el mismo?

Cabra: –Totalmente. Si el disco no llega a salir, las vendemos para Navidad o hacemos baleros para los chicos (risas).
–¿Qué momento detectan, en estos 15 años, como el más intenso de la banda? ¿Señor Cobranza, la crisis de 2001, el MUR, Cromañón?

Cabra: –Mirá, arrancar con La cumbia del cucumelo nos impidió laburar más en el medio del rock con Señor Cobranza. Fue una barrera grande que tuvimos que afrontar, y lo hicimos con Agrupación Mamanis. Pero lo que más fortaleció a la banda fue la crisis de 2001, cuando todas las radios pasaban cualquier cosa (risas). Pergolini, cuando se fue De la Rúa, arrancó el programa con Hay que matar al presidente. Las bandas independientes, en medio de la crisis, se reforzaron. Y nosotros también... ganamos mucho en identidad.
–¿Cómo tomaron que el Pelado Cordera les haya agradecido Señor Cobranza en River, después de tantos años de polémica mediática?

Cabra: –Joya. Eso fue algo que arrancó torcido, pero hoy estamos más tranquilos a ese nivel. No queremos problemas. Queremos avanzar y esas cosas tiran para atrás. El puterío de los medios no da, ya estamos grandes.
–Se cerró un círculo...

Cabra: –Lo cerramos dentro nuestro. Es todo mental... es más real que Internet, te puedo asegurar. Pasan los años, vos crecés y los otros lo hacen a la par tuyo.
–¿Haber “invitado” a Mosky a irse también fue cerrar un círculo?

Pecho: –Fue parte del crecimiento de la banda.

Cabra: –Respetarnos a nosotros mismos, poder decidir como banda en cuestiones grossas, fuertes. No es que lo echamos al Mosky y chau; fue importante haberlo hecho en conjunto. Nos fortaleció.
–¿Estaban totalmente convencidos?

Cabra: –Todos queríamos lo mismo.

Pecho: –Buscar un cambio, crecer. Da un poco de cosa hablar de eso, pero antes de Mosky hubo cinco violeros más. Siempre fue y vino gente en la banda. Pasa que él cantaba y tocaba la viola... tenía su power de showman el chabón, pero en la intimidad estábamos medio incómodos y preferimos hablarlo como gente grande.
–La ideología siempre jugó un rol importante dentro de la banda. ¿Cuánto pesó en este caso?

Cabra: –Había diferencias ideológicas ante la vida. Si surgen problemas, siempre es por cuestiones de ese tipo. Pero no porque él sea anarquista y nosotros trotskistas... eso es una boludez. Las diferencias tenían que ver con formas de aportar o no al grupo. De manejar cierto poder sin destruir.

Pecho: –Además, la banda suena distinta, porque antes el Mosky estaba atento a cantar y tocar la viola, y Gaspar, el actual guitarrista, no canta. No desatiende nunca la guitarra.
–Seguramente, la banda se resignificó. ¿En qué aspectos se nota más?

Pecho: –En la tranquilidad. La sensación es como cuando estás relajado con tu novia y te tirás un pedo delante de ella (risas).

Cabra: –Nos confirma más que nunca que la cosa no es buscar la canción perfecta sino vivir en paz. Cuando es así, la música sale sola. Una vez que vos solucionás tus problemas de relación humana, después estás más preparado para crear. Un ejemplo práctico: en la situación que estábamos antes, dudábamos hasta de sacar el disco... Hoy te digo que estamos con pilas para hacer 30. Además, estamos como un perro manso, cuando antes se ve que le ladrábamos a la gente.



SUBNOTAS:

Mosky, control y machete
Mano a mano
Fue separado de su antigua agrupación y armó Elektromanos. Combatividad, ideología, compromiso, rock obrero y... música industrial. “De última, está bueno que haya dos bandas activistas”, dice detrás de su máscara.




Hernán “Mosky” Penner se esfuerza por tiernizar las palabras cuando habla de Las Manos de Filippi, su ex grupo. Dice que no quiere meter mecha, que desea evitar “un puterío gigante”, que no quiere hablar por respeto al nombre de la banda. Y que la verdad es tan difícil –y cruel– que no da para contarla en un diario. Está dolido, pero esperanzado. En una sala de ensayo –escabullida entre las paredes del Banco Francés de San Isidro–, titila. Se apaga cuando recuerda el conflicto, y se enciende cuando el tema es Elektromanos, su nuevo proyecto. Relojea a José, el baterista, y lo testea: “Este pibe va como piña”. Al lado está Jejo, el cantante, el otro portavoz. “Esta es una banda con convicciones y mucho poder musical. Tenemos cosas que decir, en un momento en que el rock está pasteurizado. El rock tiene una esencia, nació como un movimiento contestatario que con el tiempo se fue perdiendo. Nosotros pensamos que el género aún tiene algo que aportar como herramienta de cambio”, rescata.

Nada que sea ajeno a la sustancia de Las Manos: combatividad, ideología, compromiso, rock obrero. Pero otra cosa; la detección más nítida de los elementos estéticos que Mosky le venía aportando a Las Manos en los últimos tiempos: utilización de máquinas, música industrial en la línea de Ministry, pistas, oscuridad, “activismo electrónico”. “Modestia aparte, y sacándome de encima el egocentrismo de mierda de todo rockero, se metieron con la mitad de Las Manos –dice Mosky, sobre el pasado reciente–. Antes de mí, la banda era El cucumelo. Me dijeron que mi música era muy oscura y para mí es un halago eso; para colmo me enteré de que tengo fotofobia”, se ríe. Elektromanos, en rigor, recupera el trabajo de Mosky en los Filippi. Pero también en Estimulation y MPM, sus proyectos paralelos. Abordan temas ecológicos, usan máscaras y taladros (foto) y un giro: el cambio interior. “También apostamos al cambio interior, que cultiva mucho más que lo superficial, que la TV. Saber quién es uno y empezar a mirarse a los ojos es algo que pasa muy poco”, reflexiona Mosky.
–¿A qué viene Elektromanos?

–A tomar el control de todo. Es una propuesta industrial con protesta y bronca. Con munición pesada. Cuando hablo de tomar el control, me refiero a algo que ya pasaba en Las Manos y también en el momento previo a integrarme a ellos. No quiero que se pierdan ni esa identidad, ni la que tenía antes: siempre canté en contra de las multinacionales y la revolución productiva. ¿Por qué no seguir haciéndolo? Además, el 60 por ciento de los temas de Las Manos son míos y no voy a dejar eso por nada del mundo. Esta banda es re-pesada con algunos temas pastillosos. Activista, pero no panfletaria.

Insistencia del NO: “¿Por qué te fuiste de Las Manos?”. Mosky vuelve a medir las palabras. Desliza que una discusión muy fuerte con el baterista –Coco– provocó su ida. Que hubo exceso de sectarismo, falta de respeto y diferencias ideológicas. “Yo fui el que llevé a la banda a tocar en el primer piquete. La hice tocar en Brukman, le presenté a la gente de Zanon. Fui el más activista, pero nunca me cabió enrolarme con el PO, ni con ningún partido. Tampoco me gustaba el MUR (Músicos Unidos por el Rock), no me gusta poner siglas para hacer algo. Igual, no tengo ganas de pelearme, como pasó con Bersuit. Ya estoy grande. De última está bueno que haya dos bandas activistas”, concilia el autor de Cutral Có, Mama pepa y varios temas de Contra la explotación, el último disco de Las Manos. “La producción artística de este disco corrió por mi cuenta, estuve dos años laburando en la preproducción y no se me respetó. Ni a mí, ni al público, que es el 50 por ciento de toda banda. Los seguidores de Las Manos quedaron fríos con mi derrocamiento.”

En el futuro inmediato de Mosky –además de Elektromanos– está el estreno de No moriré sola, quinto largometraje de Adrián Bogliano, cuya música corre por cuenta del Movimiento Popular Masoch, su proyecto de ¡música electromasoquista! El y la voz de Malena D’Alessio se complotan para “colorear” un film de violación y venganza. “Metí el tema Pastillas y putas en la película de terror más fuerte de la historia, y también estoy cantando en Falsa Realidad: armamos un frente entre las dos bandas para tomar el control de todo”, exagera Mosky, y no habla más.




Fuente: Suplemento NO de Página/12

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-2791-2007-05-17.html