Check the new version here

Popular channels

Las marcas de la guerra en las Malvinas

Los recuerdos oficiales del conflicto armado entre  Inglaterra y Argentina están reflejados en un monumento, en un edificio y en una placa. Las casas, los edificios públicos y los sitios que habían sido dañados fueron restaurados. Pero no es más que un maquillaje urbano. Las marcas están por todas partes.



Bombas, balas y trampas

Se calcula que hasta un 30% de la artillería empleada durante la guerra de Malvinas se encuentra todavía en el suelo de las islas. Esto incluye bombas, balas, trampas y minas terrestres. Hay 117 campos minados en las islas, y según la información oficial, cada uno está registrado en mapas y monitoreado de manera constante.



En la ca­pi­tal de las Is­las Mal­vi­nas (Puer­to Ar­gen­ti­no, pa­ra los ar­gen­ti­nos; Stan­ley, pa­ra sus ac­tua­les ocu­pan­tes), ya ca­si no que­dan ci­ca­tri­ces de la gue­rra de 1982. Las ca­sas, los edi­fi­cios pú­bli­cos y los si­tios que fue­ron da­ña­dos du­ran­te las in­cur­sio­nes mi­li­ta­res han si­do res­tau­ra­dos o re­cons­trui­dos, se­gún el ca­so. El ca­mi­no cos­te­ro de la ciu­dad, y por el que tran­si­ta­ron los tan­ques del Ejér­ci­to ar­gen­ti­no, es hoy el as­fal­ta­do Ross Road, por el cual los ve­hí­cu­los (en ca­si to­dos los ca­sos son ca­mio­ne­tas, la ma­yo­ría de do­ble trac­ción) tran­si­tan ocu­pan­do los ca­rri­les de ma­ne­ra in­ver­sa a co­mo se usan en la Ar­gen­ti­na. A con­tra­pe­lo de los au­tos que sue­len ver­se en el con­ti­nen­te (con ex­cep­ción de mu­chos ta­xis en Ya­cui­ba, Bo­li­via), los vo­lan­tes se en­cuen­tran a la de­re­cha.
Pe­ro a pe­sar del ma­qui­lla­je ur­ba­no, los re­cuer­dos del con­flic­to ar­ma­do es­tán en to­das par­tes. Un por­cen­ta­je im­por­tan­te lo cons­ti­tu­yen las con­me­mo­ra­cio­nes ofi­cia­les, unas ve­ces más for­ma­les que otras, de mo­do que re­pre­sen­tan las re­mem­bran­zas in­gle­sas. El ex­po­nen­te más vi­si­ble, so­bre el ca­mi­no ya men­cio­na­do, es el “1982 Li­be­ra­tion Me­mo­rial”, cons­trui­do (se­gún con­sig­na la in­for­ma­ción ofi­cial) co­mo “un tri­bu­to a las fuer­zas bri­tá­ni­cas y a los ci­vi­les que per­die­ron sus vi­das” du­ran­te el en­fren­ta­mien­to ar­ma­do. Una enor­me pla­ca di­ce, en in­glés, “en me­mo­ria de aque­llos que nos li­be­ra­ron - 14 de ju­nio de 1982”. De­trás se le­van­ta el edi­fi­cio del “Se­cre­ta­ria­do”, don­de se fir­mó la ca­pi­tu­la­ción ar­gen­ti­na, que la ver­sión bri­tá­ni­ca de­sig­na co­mo “los pa­pe­les de la li­be­ra­ción”. Al­re­de­dor del mo­nu­men­to, es­tán es­cri­tos los nom­bres de los 255 mi­li­ta­res y los tres ci­vi­les que pe­re­cie­ron en­ton­ces.
Por ellos, ade­más, exis­te el “Me­mo­rial Wood 1982”, un bos­que en el que se plan­ta­ron 258 ár­bo­les, por ob­vias ra­zo­nes.
Más in­for­mal­men­te, ya en el “Ca­mi­no del Ae­ro­puer­to”, se en­cuen­tra el “To­tem po­le” (pos­te tó­tem, po­dría tra­du­cir­se), un pa­lo que le­van­ta­ron los sol­da­dos bri­tá­ni­cos cuan­do ter­mi­nó la Gue­rra de Mal­vi­nas, y en el que cla­va­ron car­te­les que mues­tran la di­rec­ción y con­sig­nan la dis­tan­cia que ha­bía en­tre las is­las y sus pue­blos, en el Rei­no Uni­do. Con el tiem­po, los tu­ris­tas fue­ron aña­dien­do sus pro­pias se­ña­les. Pe­ro hay otras mar­cas, que es­ca­pan a la ver­sión de la his­to­ria que cuen­tan los que ga­na­ron. Al­gu­nas apa­re­cen de re­pen­te, co­mo el tan­que que se en­cuen­tra li­te­ral­men­te es­ta­cio­na­do al fren­te de una ca­sa, so­bre el mis­mí­si­mo ca­mi­no cos­te­ro, ya sin las oru­gas. Otras sur­gen co­mo si pi­die­ran per­mi­so, co­mo los ca­ño­nes que se en­cuen­tran en el ex­te­rior del mu­seo Bri­tan­nia Hou­se.
Has­ta que, fi­nal­men­te, los ves­ti­gios no ofi­cia­les de la gue­rra ter­mi­nan de ma­ni­fes­tar­se. Y lo ha­cen ca­si de la úni­ca ma­ne­ra en que pue­den ex­te­rio­ri­zar­se en una geo­gra­fía don­de los habitan­tes y sus au­to­ri­da­des se han ocu­pa­do de bo­rrar hue­llas pa­ra eri­gir sus pro­pios mo­nu­men­tos. En de­fi­ni­ti­va, apa­re­cen sin apa­re­cer. Son las mi­nas an­ti­per­so­na­les, re­ga­das por cam­pos y más cam­pos.



La na­da y el to­do
En la ca­pi­tal mal­vi­nen­se, las áreas mi­na­das se en­cuen­tran, ma­yor­men­te, en las cer­ca­nías de las pla­yas. Y en las pla­yas mis­mas. Es el ca­so de la de­no­mi­na­da Yor­ke Bay, cu­yas are­nas se ex­tien­den en un sec­tor tan an­cho co­mo de­sier­to. Ni si­quie­ra los po­cos pin­güi­nos que pue­den ver­se por es­tos días en la zo­na tran­si­tan por ahí.
Pe­ga­da a ella se en­cuen­tra una de las pla­yas más vi­si­ta­das por los is­le­ños, y que ellos lla­man Gipsy Co­ve (que po­dría tra­du­cir­se co­mo “En­se­na­da gi­ta­na”). Es vi­si­ta­da por ba­ñis­tas in­clu­so en ju­nio y en ju­lio y, por es­tos días, por al­gu­nos sur­fis­tas.
Aun­que el sen­de­ro de ac­ce­so es­tá cla­ra­men­te de­mar­ca­do, el pai­sa­je y la tran­qui­li­dad son que­bra­dos por le­tre­ros es­cri­tos en ro­jo que advierten que, aun­que la zo­na se en­cuen­tra, en prin­ci­pio, li­bre de mi­nas, aún pue­de que­dar al­gu­na en­te­rra­da. Por tan­to, con­mi­nan a te­ner cui­da­do y a no to­car nin­gún ob­je­to sos­pe­cho­so, cu­ya ubi­ca­ción se de­be de­nun­ciar an­te las au­to­ri­da­des.
Unos me­tros an­tes de lle­gar a la zo­na por don­de se ac­ce­de a la ca­mi­ne­ría que lle­va has­ta las pla­yas, hay un enor­me crá­ter pro­du­ci­do por una bom­ba, que mues­tra, sin las su­ti­le­zas de una ale­go­ría, los pe­li­gros que se en­cuen­tran de­trás de los alam­bra­dos lin­dan­tes. La for­ma en que ma­ni­fies­ta el pe­li­gro es co­he­ren­te con la ma­ne­ra en que se ex­te­rio­ri­zan las pe­li­gro­sas mi­nas que no se ven. Por­que ese ho­yo, co­mo tal, es na­da. Y es to­do. Cuan­do se lo mi­ra fi­ja­men­te, el po­zo no evo­ca el so­ni­do del mar cer­ca­no, co­mo los hue­cos de los ca­ra­co­les, si­no mu­chas de las sen­sa­cio­nes que los mo­nu­men­tos ofi­cia­les han tra­ta­do de ci­vi­li­zar.
El ho­rror de la gue­rra cue­la sus pro­pias evo­ca­cio­nes sin ne­ce­si­dad de már­mo­les ni es­ta­tuas. Le al­can­za con el Atlán­ti­co, que a unos po­cos me­tros no­más, si­gue la­mien­do acom­pa­sa­da­men­te la pla­ya de na­die.

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/264809/Informacion_General/minas_impiden_borrar_horror_guerra.html



0
0
0
0
0No comments yet