Las relaciones de Cristina con Putin

Las relaciones de Cristina con Putin

El gobierno de Cristina afianza sus relaciones con la Rusia de Putin, no sólo desde el punto de vista comercial, sino más estrechamente, como aliados lo que genera interrogantes en torno a las consecuencias que tal actitud provocará en las relaciones internacionales de nuestro país.

La posición adoptada por aquélla, despierta inquietud, desconcierto, y recelo en el mundo occidental. Ya no se trata de una actitud meramente populista al estilo de varios gobernantes de la región, sino de una alianza extracontinental, con una de las potencias que confronta con Estados Unidos y Europa.
Esto nos ubica en escenarios de conflictos actuales y potenciales, de gran envergadura, que unidos a la presencia de China en la región, puede involucrarnos en problemas ajenos a nuestros intereses, en los que las potencias luchan por la hegemonía mundial.

Llama, pues, la atención, la posición que adopta nuestro gobierno con respecto al Kremlin, puesta de manifiesto, una vez más, con motivo de la visita de Putín a Bs. Aires
Primero, por el aumento de las relaciones comerciales, lo que no es para nada reprochable. En segundo lugar, porque pareciera que el objetivo en materia de política internacional, para la Dra. Fernández de Kirchner es reemplazar al alicaído gobierno castrista, en América Latina, para ocupar su lugar, un triste privilegio sin duda.

¿Por que decimos esto? Por la postura asumida por la Sra. Presidenta, quien sigue fielmente la posición rusa en los organismos internacionales que comparten, como por ejemplo el G 20, las Naciones Unidas, etc.

Dijo Cristina, refiriéndose al encuentro del 12-07-14: “Lo firmado revela el carácter estratégico de la relación”. Subrayo “carácter estratégico”, porque destaca que no se trata de una relación simplemente amistosa, o de intereses comunes, sino de un vínculo fundamental, que evoca una estrecha y singular unidad.
En lo formal, se firmaron acuerdos en materia nuclear y jurídica, y se abogó por una reforma financiera global.

El viejo espía formado en la dura escuela de la KGB, aspira a reconstituir el antiguo imperio soviético y para ello no le importan costos ni violaciones de derechos humanos ni de soberanías nacionales. Los ejemplos más recientes son Chechenia y Ucrania. Esta última, cuna de la civilización eslava, tiene una importancia especial para Rusia. Según el analista Zbigniew Brzezinski “Rusia sin Ucrania es sólo un país. Pero Rusia con Ucrania es un Imperio”.

Está visto que a Cristina ya no le conforma la estrecha amistad con el impresentable gobierno bolivariano y otros líderes regionales, de izquierda; al parecer desea jugar en las “ligas mayores”, por eso ha elegido a Putín, como su nuevo líder, quien en definitiva es heredero de Lenín, Stalin, Khrushchev, etc.
Si queremos en serio ser libres y soberanos, no es cuestión de cambiar de collar o de amo, ya sea del ex socialismo real o del neo o viejo capitalismo.
Justo en el momento en que el mundo occidental mira con recelo las aspiraciones expansionistas de la Federación Rusa, nuestro gobierno asume de facto la “corresponsalía” del gobierno de Putin en América Latina.

Justo, además, cuando se dirime el conflicto con los fondos buitres y no se logra ningún acuerdo, por falta de confianza de éstos, en la palabra y/o acuerdos de los negociadores argentinos.

En fin, cuando más necesitamos que el mundo nos crea y podamos eludir el default al que nos empuja el vetusto juez norteamericano con la ayuda de un mediador, Daniel Pollack, que poco tiene de imparcial, aparece nuestro gobierno, ensalzando la figura de un autoritario torturador, como el actual presidente ruso.
Putin en el ojo de la tormenta de un conflicto con potencialidades bélicas de gran envergadura podría llegar a ser un nuevo Sarajevo.

Hablando del nuevo líder soviético, no podemos soslayar la responsabilidad que le cabe a éste por el flagrante delito del derribo del avión de Malaysia Airlines, en el Este de Ucrania, cerca de la frontera con Rusia, que costó la vida de 298 inocentes que volaban desde la capital de Holanda hacia la de Malasia, Kuala Lumpur.
Si bien cualquier vida humana es extremadamente valiosa, en el caso del Boeing 777, viajaban más de un centenar de científicos e investigadores holandeses, que se dirigían a Melbourne (Australia), con escala en la capital de Malaysia, para participar en la XX Conferencia Mundial sobre el sida, que se iba a a concretar entre el 20 y el 25 de julio. Entre ellos viajaba uno de los expertos más reconocido en la lucha contra esta enfermedad, en el ámbito mundial.

En el trayecto normal de la aeronave, fue salvajemente derribada, con un poderoso misil tierra aire, provisto sin duda por alguna de las partes en el conflicto.
Rusia apoya a los guerrilleros que luchan por anexarse a su territorio, con pertrechos, armas y soldados.

La ruta que cumplía la aeronave era la que normalmente utilizaba. No hubo ningún cambio, ni por ahorrar combustible, como se dijo en algún medio, ni por ninguna otra razón. Además, había sido usada por uno 15 aviones más, incluyendo al avión presidencial en el que regresaba Putín, desde Brasil (como justificándose por anticipado). Una de las versiones que circuló, en torno al accidente, era que fue confundido con el avión en que viajaba Putin.
El criminal atentado, que segó la vida de niños, mujeres y hombres, todos civiles y ajenos por completo al conflicto que enfrenta a una minoría separatista contra quienes sostienen la independencia y soberanía de Ucrania.

Quien accionó el mortífero misil, contó sin duda con el apoyo y tal vez la aprobación de la principal potencia implicada en el conflicto y, obviamente con el apoyo de su líder. De ningún modo podía ser una decisión unilateral del grupo pro ruso, que controla el Este de Ucrania. Ellos luchan para incorporarse a Rusia, de ella reciben la ayuda bélica necesaria, y el apoyo diplomático y militar.
Por otra parte si Putin no apretó el gatillo, lo cual es obvio, le cabe culpa de igual modo por haber alentado el conflicto en Ucrania, a través de su política de reconstrucción del Imperio Soviético, que comenzó arrebatándole la estratégica península de Crimea. El avión de Malaysia Airlines cayó justamente en una zona donde se han desarrollado cruentos combates entre el ejército regular de la república de Ucrania y los separatistas pro rusos. De allí que los insurgentes, inculpen a las tropas ucranianas del criminal atentado.

Sin embargo por el tipo de agresión, el lugar donde se produjo (pertenece a Ucrania pero está ocupado por los separatistas) y los antecedentes que sobre ataques a aviones civiles ostenta Rusia y la ex KGB, es factible suponer de dónde provino el ataque.
En cuanto al por qué?, es más complejo de responder. ¿Puede un Boeing 777 ser confundido con un avión militar, a más de 10.000 de altura? Difícil, pero no imposible. El caso más grave y reciente aconteció durante la Guerra del Golfo, en que un avión de Irán Air, fue derribado por la armada de los EE.UU. el 3 de julio de 1988. Murieron 290 personas.

En cuanto a los antecedentes, no debemos olvidar el derribo de un avión de pasajeros (vuelo 007 de Korean Air) con 269 civiles a bordo, el 1º de setiembre de 1983. Parece que por error la aeronave coreana había ingresado al espacio aéreo de la Unión Soviética, al Oeste de la isla Sajalin, en su derrotero hacia Seúl. Inmediatamente fue perseguido por cazas soviéticos que tuvieron contacto visual con la nave coreana, o sea que pudieron apreciar que se trataba de un avión comercial; no obstante la orden que recibieron fue terminante: derríbarla. No sería de extrañar que tras esa orden estuviera el, por aquel entonces, jerarca de la KGB Vladimir Putin.

Sostenemos que semejante crimen de lesa humanidad, no puede quedar impune. Putín o quien sea el responsable material e intelectual debe pagar por ello.