About Taringa!

Popular channels

Le pasa cualquiera II

El piloto ciego

Se cuenta que el pianista ciego George Shearing viajaba en avión de Los Angeles a Seattle. El vuelo hacía una breve escala en San Francisco. El piloto, un gran aficionado al jazz, se acercó durante la parada a saludarlo. Cuando se ofreció a hacer algo por él cualquier cosa que estuviera en su mano, Shearing le dijo que agradecería mucho que alguien sacara a su perro guía a dar un paseo.

El propio comandante estuvo encantado de hacerlo. Se llevó al perro guía a dar una vuelta por la pista, junto al avión aparcado. Cuando el resto del pasaje vio al comandante paseando con un perro guía, la mayoría abandonó el vuelo. El avión hizo el trayecyo a Seattle prácticamente vacío.

El piloto encerrado

En el vuelo inaugural una tripulación bien cualificada cruzaba el límpido cielo azul en un FL 310. El piloto y el copiloto mantenían la altitud prevista… todo iba de maravilla.

El piloto, siguiendo la política de la empresa, le dijo al copiloto que tomara los mandos mientras él iba fuera a hablar con los pasajeros. Salió de la cabina de mando. El copiloto siguió atendiendo diligentemente sus deberes hasta que se dio cuenta que de necesitaba aliviarse. Esperó a que volviera el piloto… y esperó…. y esperó.

Al final, y considerando la discreción la parte más importante del valor, comprobó los aparatos y el cielo de los alrededores por si había tráfico: no había nadie e iban a una altura considerable. El piloto automático funcionaba a las mil maravillas. Echo una última mirada y se levantó rápidamente del asiento de la derecha, salió de la cabina y se dirigió al lavabo. Tras acabar lo que le había llevado allí, salió apresuradamente del lavabo y cogió el picaporte de la puerta de la cabina. Estaba cerrada. Se buscó la llave y entonces recordó que la tenía en la chaqueta, dentro de la cabina.

Olvidándose de toda formalidad, se dirigió a la zona del pasaje donde el comandante estaba en animada charla con los pasajeros. Le dio un golpecito en el hombro y le pidió sus llaves de la cabina. Sin mirarle, le dijo que las tenía en el bolsillo de la chaqueta, en la cabina y, al mismo tiempo se dio cuenta de la situación y le soltó incrédulo: “Pero, ¿qué haces tu aquí?”. Ambos pilotos salieron corriendo hacia el morro del avión

Un hacha de incendios, una puerta destrozada dos egos humillados má tarde, el avión volvía a estar bajo control humano. No hace falta decir que la compañía aérea cambió su política.

Submarinista chamuscado en un incendio forestal

En un pequeño pueblo de la provincia de Zamora, cercano al Parque Natural de Las Arribes, se declaró el pasado verano un incendio forestal de ciertas proporciones, que amenazaba con destruir todos los recursos naturales de la zona.

Para evitar tamaño desastre ecológico, se movilizaron todos los medios técnicos y efectivos humanos disponibles para situaciones de emergencia, empleando en las labores de extinción a más de cien voluntarios residentes en la zona, cuarenta bomberos profesionales, ocho motobombas, cinco helicópteros y un gran hidroavión.

Se emplearon cuatro días en controlar el incendio, y dos más en sofocarlo completamente, tras los cuales un equipo de técnicos se desplazó al lugar con el objetivo de evaluar los daños para declarar zona catastrófica a la comarca y recibir ayudas gubernamentales para su recuperación. Hasta ahí todo normal, pero la sorpresa de los técnicos fue mayúscula cuando, al llegar al paraje conocido como la Tranca del Lobo, uno de los de más difícil acceso, encontraron el cadáver de un submarinista chamuscado y completamente equipado para la práctica de su deporte.

Nadie podía dar crédito a lo que veían sus ojos, ya que la playa más cercana está a más de doscientos kilómetros, y la única explicación plausible que se les ocurrió fue que el hidroavión, al acudir al mar a llenar sus depósitos de agua para luego vaciarlos encima del incendio, absorbiera en la maniobra a un incauto submarinista que se encontraba practicando pesca submarina a escasa profundidad. El caso nunca llegó a aclararse completamente.


El coche anticacos

Un conductor preocupado por los ladrones dejaba todas las noches su coche encadenado a dos árboles de su jardín.

Una mañana se encontró con que el parachoques trasero estaba encadenado donde él había dejado el delantero. Y había una nota en el parabrisas: “Cuando lo queramos, volveremos y nos lo llevaremos”.


Largo de aquí

A un hombre se le ocurrió cómo hacerse con un árbol de Navidad gratis cogiendo uno de los pequeños pinos que acababan de plantar a lo largo de la autopista estatal del sur. Había llegado incluso a envolver las raíces en un plástico cuando un policía de tráfico detuvo su moto junto a él y le preguntó qué estaba haciendo.

El hombre dijo:

Mi mujer es judía y no me deja tener árbol de Navidad en casa. Por eso, todos los años, para celebrar la Navidad, planto un pino en donde la gente pueda disfrutarlo.

- ¡No puede hacer eso! –le dijo el policía-. Coja ese maldito árbol y lárguese de aquí.


El ladrón herido

Mientras su marido está en el trabajo, una ama de casa calienta leche para tomar un café y entonces ve que una mano entra por la puerta con la intención de abrir el cerrojo de la puerta por entro. La mujer coge el cazo de la leche hirviendo, cruza el vestíbulo a la carrera y la vierte sobre la mano del intruso.

Muy agitada, espera unos minutos y se va a casa de la vecina en busca de consuelo. En casa de la vecina se encuentra con el marido de ésta vendándose una mano quemada.

El sombrero del ratero

La tienda estaba siempre llena de jubilados y un día vieron a que un anciano que salía de la tienda andando despacito le caía una gota de sangre de debajo del sombreo. El encargado corrió hacia él para preguntarle si le había pasado algo, si se había caído o algo así. El hombre le explicó nerviosamente que lo único que quería era irse. Al intentar ayudarle, el encargado de la tienda le levantó el sombrero y descubrió que el hombre llevaba una chuleta sin envolver encima de la calva. Fue arrestado de inmediato por hurto.


Secretos policiales

En una conferencia sobre periodismo que se celebró en California el año pasado un reportero contó que, mientras estaba navegando por la red en el sistema on-line del estado, dio con un mapa de la policía con algunas direcciones marcadas.

Pensando que serían escenarios de crímenes, empezó a visitar los lugares señalados. El mapa resultó ser la situación de las tiendas de donuts de la comarca.


El melón envenenado

Un granjero estaba perdiendo muchos melones por culpa de las incursiones nocturnas de que era objeto su plantación, así que puso un cartel que decía: “¡Cuidado! Hay un melón envenenado en este huerto”. Al día siguiente se encontró con que no le faltaba ni un solo melón, pero alguien había cambiado el cartel, que ahora decía: “Hay dos melones envenenados en este huerto”.


No te comas la tarta

Cuando iba al instituto un estudiante compró una ración de tarta en la cafetería y se la llevó a la mesa. Una vez allí, se le ocurrió volver a por un cartón de leche y dejó una nota que decía: “No os comáis esta tarta. He escupido encima”. Cuando regresó, alguien había añadido a la nota: “Yo también”.


Fuente
9Comments
      GIF