León Gieco habla de Sui Generis

No sé, estaba buscando algo para leer, mientras esperaba q se uplodeara un video, y enmcontré esto, León hablando de mi banda favorita... Me pareció q estaba bueno así q lo posteo acá.

Espero q les guste.


Pasó hace tanto tiempo... Pero me acuerdo, claro que me acuerdo. Sin ir más lejos porque, cuando empezó Sui Generis, yo también estaba empezando. Estaba tan cerca de Charly y Nito, éramos tan amigos que, cuando ellos tuvieron éxito, yo sentí que el éxito también era un poco mío. Los conocí en unos conciertos que se hicieron en el Teatro Luz y Fuerza, en San Telmo, habrá sido a fines del ‘71 o ya en el ‘72. Siempre cuento la historia: tocábamos Miguel y Eugenio, Sui Generis y yo. Y, cuando estaba por empezar el concierto, me dijeron que Sui Generis no iba a poder tocar porque el pianista no estaba, no había llegado. Entonces tuvimos que tocar nosotros primero, y recién ahí fue cuando apareció Charly: en realidad estaba desde antes pero se había escondido para poder cerrar el show él. Una turrada, pero también una cosa divina. Yo me di cuenta al instante, pero no pensé mal, porque me dije que un tipo que, siendo nadie, era capaz de una movida así, iba a terminar haciendo cosas grandes...
Ya esa primera vez que los vi me impresionó Charly. Era impactante. En cuanto lo oí tocar empecé a decir que quería que ese tipo fuera el tecladista de mi grupo. Qué iluso, ¿no? Pero, al final, la ilusión un poco se cumplió, porque Charly me acompañó en mi tercer disco, El fantasma de Canterville. Ahí está Sui Generis completo, porque Charly tocó los teclados y cantó, y Nito también hizo voces y tocó la flauta. La gente cree que, después de aquellos Luna Park, Charly y Nito estaban medio peleados, o cada uno por su lado. Y, en realidad, hasta siguieron viviendo juntos, cuando Nito se quedó sin casa y paró en un hotel donde estaba Charly. Es más: por esa época hice con ellos dos conciertos en el teatro Odeón. La banda eran Charly, Nito, Moro, Alfredo (Toth) y (Rodolfo) Gorosito, y María Rosa (Yorio) hacía unos coros.
Volviendo a los primeros tiempos, después de aquella noche en Luz y Fuerza, nos encontramos en el estudio de Pepe Netto con Gustavo Santaolalla. Me acuerdo que Gustavo quería proponernos unas cosas, él siempre tuvo muchas ideas, a mí me había dado una mano muy importante, fue el productor de mi primer disco. Anoche justamente estuve con él y nos acordamos de esa época, y nos reímos mucho de que un tema de ese disco se haya hecho famoso ahora, tantos años después, por esa publicidad de los teléfonos.
También me acuerdo de BA Rock. Sui Generis y yo éramos como los “nuevos artistas” elegidos para actuar en la película Hasta que se ponga el sol, y veíamos a los otros músicos del festival como unos héroes del rocanrol: Vox Dei, Billy Bond, Spinetta, Pappo. Y en realidad eran eso. Para que se entienda la diferencia: más o menos en esa época yo trabajaba en Entel y, un día que llegaba tarde, subí a un taxi y, bajando por Corrientes, escuché por la radio que pasaban mi tema “En el país de la libertad”. Hacía muy poquito que se había publicado mi primer disco, y escuchar por primera vez una canción mía en la radio fue como una señal de que por fin el asunto se había puesto en marcha. Ahí mismo decidí no ir a laburar. Nunca más fui a la oficina. Me bajé del taxi, caminé unas cuadras por Corrientes, estaba feliz. Y, en La Paz, o sea en Corrientes y Montevideo, me encontré con Charly. Estaba en una mesa, solo. Me senté con él y, al ratito, vino un pibe para pedirle que le firmara el disco de Sui Generis. Vida, el primero. El disco había salido hacía unos meses, y Charly ya estaba firmando autógrafos. A mí me dio un poquito de celos, pero me gustó que a ellos ya les fuera bien.
Después estuvimos en Mar del Plata juntos. Ellos tocaban en el Roxy, y Miguel y Eugenio y yo estábamos en el Diagonal. Pero Charly y Nito venían a vernos aprovechando que nosotros tocábamos tarde, a eso de la una de la mañana, porque en el horario central tenía la sala el Cuarteto Zupay.
Por supuesto también recuerdo mucho la experiencia de PorSuiGieco, que empezó una noche que nos reunimos en la casa de Charly, en la calle Tacuarí, para armar una editorial. Y terminamos haciendo un grupo porque la croqueta no nos dio para más. La idea era dar unos recitales. Después, por intermedio de Jorge Alvarez, llegamos a grabar el disco, una cosa accidentada, que empezó en Music Hall y terminamos en Phonalex. Ya era la época difícil: había censura, persecución, estaba la Triple A. De ese tiempo hay otra cosa bastante graciosa que recuerdo: los cuatro pegando afiches por la calle Corrientes; Charly y Porchetto por la mano derecha, y Nito y yo por la vereda de enfrente. Y Charly revoleando la cabeza para saludar a los pibes que nos reconocían. Porque no éramos muy famosos, pero igual algunos ya nos tenían, y nosotros marcábamos respondiendo.
Tengo otras imágenes de ese tiempo. Por ejemplo, el departamento de Cucha Cucha donde ellos vivían. Nito dormía al lado de una parva de papeles, y Charly en otra habitación, ya estaba con María. Ibamos al cine, nos sentábamos durante horas a escuchar música. Siempre añoro eso: nos juntábamos a escuchar música. Me acuerdo de un fin de año; con Alicia vivíamos en un departamento de Thames y Corrientes, y llamó Charly. Le dijimos que viniera, y al rato cayeron Charly, Nito y Jorge Alvarez, para escuchar un disco que me había mandado mi amigo Jimmy desde Alemania, un disco de Crosby y Nash donde está el tema de las ballenas (“The Last Whale”). Fue una noche espectacular: en esa época era muy fuerte reunirnos para escuchar lo nuevo de dos artistas como Crosby y Nash, sobre todo para nosotros, que veníamos escuchando más o menos la misma música. Con Charly y Nito podíamos escuchar desde Opa hasta Elton John, de Yes a Crosby, Stills & Nash o Los Beatles; después, en un momento, nos copamos con la Premiata Forneria Marconi, que era un grupo italiano. Eso dejamos de hacerlo más o menos cuando vino la dictadura, y yo me fui. Ahí medio se cortó esa relación.
La verdad es que, desde un primer momento, me sentí más amigo de Nito que de Charly. Con Charly siempre tuve como un respeto muy grande, porque siempre fue mucho más músico que todos nosotros. Tal vez por eso me hice más compañero de Nito, con él tenemos más o menos las mismas posibilidades. También de ese tiempo recuerdo muchas cosas privadas que nodebo ni quiero contar, cosas muy divertidas, muy fuertes, cosas naturales de una relación de amigos, que no tienen por qué hacerse públicas.
Y después me acuerdo de la despedida, claro. Los afiches que estaban pegados por toda la ciudad decían: ¿Por qué? Como preguntando por qué se separaban. Eso me llamó mucho la atención. Yo estuve en los dos conciertos, el 5 de setiembre, el de la tarde y el de la noche. Me parece que fui uno de los pocos músicos que estuvieron ese día en el Luna Park. De hecho, hay una nota que Jorge Alvarez lee en la película Adiós Sui Generis, que es una cosa que yo escribí a propósito de la separación de mis amigos. Después del concierto, cuando salimos del estadio, nos fuimos con Alicia caminando por Corrientes, y paramos en un restaurant que había en Callao y Corrientes, al que siempre íbamos porque estaba abierto las 24 horas. Y ahí estaban, casualmente, Charly y María Rosa, comiendo solos. Nos sentamos con ellos y Charly decía que todavía no lo podía creer: qué cosa extraña era que, una hora atrás, hubiera tenido el Luna Park lleno, y ahí estábamos otra vez solos...
Sui Generis fue uno de los grupos más importantes de la historia. Es cierto que me toca de cerca, porque Charly y Nito son mis amigos, y porque somos de la misma generación. Pero no sólo por eso lo digo. Haber compartido con ellos un momento, aunque ese momento hoy esté lejano, es un placer. Y un gran honor.