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Leonor: la niña que sabe que es Princesa de Asturias pero no

La hija mayor de los Reyes, Leonor, celebra hoy su noveno cumpleaños, el primero como Princesa de Asturias. Ella sabe, más o menos, lo que eso significa: de la misma forma que su abuelo, el Rey Don Juan Carlos, traspasó el pasado junio sus responsabilidades a su padre, Don Felipe, algún día, en el futuro, cuando sea mayor y esté preparada para asumirlo, será ella quien herede de su progenitor una cosa que se llama la Corona de España. También sabe, porque se lo ha oído decir a su padre, que la Corona «hay que ganársela» con esfuerzo, trabajo y entrega, y el ejemplo lo tiene en su propia casa. Don Felipe procura inculcarle esos valores.

Está llamada a ser la cuarta Reina de España desde Isabel la Católica, pero de momento es la XXXVI Princesa de Asturias y como tal se la está educando. A sus nueve años habla perfectamente inglés. «Sabe quien es, pero no se da ninguna importancia por ello», aseguran quienes mejor la conocen. A ello ha contribuido el hecho de que sus padres pusieran todo su empeño, desde que nació, en que su hija llevara una vida lo más parecida posible a la del resto de los niños.

En los actos públicos llama la atención porque es muy disciplinada y formal, como demostró en la ceremonia de proclamación de su padre o en el desfile militar de la Fiesta Nacional, pero cuando no hay cámaras delante se comporta como una niña inquieta y divertida a la que le gusta hacer travesuras y jugar con su ocurrente e ingeniosa hermana, Sofía.

El día de la proclamación de su padre, las cámaras estuvieron apuntándola desde las nueve y media de la mañana, cuando empezaron a hacer el seguimiento de la ceremonia en el Palacio de La Zarzuela, hasta pasada la una de la tarde, que salió con su familia a saludar al balcón del Palacio Real. Cuando terminó el saludo y las cámaras la perdieron de vista, ella y su hermana se sintieron liberadas y empezaron a corretear alocadamente por los salones del Alcázar, momento en el que su madre decidió que se las llevaran a casa. Habían superado con nota la prueba más difícil.

Consciente del riesgo que corren unas niñas nacidas en esas circunstancias, en las que todo el mundo tiende a consentirlas, Doña Letizia las educa con disciplina. Un verano en Mallorca, durante la visita a un mercadillo, las hermanas se quedaron mirando unos monederos y el tendero se los intentó regalar. La Reina agradeció el gesto, pero no se lo permitió. Las niñas no rechistaron. Como cualquier madre, Doña Letizia supervisa la alimentación de las niñas, que comen con normalidad en el colegio desde que tenían tres años, y restringe el consumo de golosinas a fiestas infantiles y celebraciones especiales. Tampoco les permite incorporar un perro a la familia, como ellas quisieran y también Don Felipe.

En algunos actos públicos da la impresión de que Doña Letizia es excesivamente controladora con sus hijas, pero la Reina procura respetar su espontaneidad hasta cierto punto. A la Princesa Leonor le encanta la música y, cuando el pasado 12 de octubre la banda de música empezó a interpretar una marcha durante el desfile, la niña siguió el ritmo con la cabeza. Su madre la miró, sonrió y no la dijo nada.

Aunque desde que se produjo el relevo en la Corona, Leonor ha asistido a diversos actos públicos (la abdicación, la proclamación, la presentación en Marivent, excursión en Mallorca, el desfile militar…) la Princesa no tiene programada ninguna nueva aparición a corto plazo. Lo más probable es que en un futuro próximo visite el Santuario de Covadonga para recibir la Cruz de la Victoria, siguiendo la tradición de los Herederos de la Corona española desde hace cuatro siglos. Pero aún no hay fecha para esta cita. Tampoco se sabe si la próxima primavera recibirá la Primera Comunión, ni si la hará el día de San Fernando, 30 de mayo, como es costumbre en la Familia Real. Esta celebración, en cualquier caso, será familiar y privada, de acuerdo con el carácter aconfesional que la Constitución atribuye al Estado.






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