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Liberar el tipo de cambio no es devaluar

Dada la asfixia económica que provoca el cepo, proliferan los pedidos de liberación cambiaria. La respuesta oficial ha sido que quienes eso dicen proponen una fuerte devaluación y un vaciamiento del Central (BCRA). Por qué ambas afirmaciones no son ciertas.




Dada la asfixia económica que provoca el cepo, proliferan los pedidos de liberación cambiaria. La respuesta oficial ha sido que quienes eso dicen proponen una fuerte devaluación y un vaciamiento de las reservas del Banco Central (BCRA). Ambas afirmaciones no son ciertas y parten de un error conceptual al no comprender cómo funcionan los controles de cambio.

La realidad es que lo que se devalúa es el peso. El mismo pierde valor cuando el BCRA emite más moneda de lo que la gente quiere con el objetivo de cobrar el impuesto inflacionario que necesita para transferirle recursos al gobierno, para que este último mantenga un nivel insostenible de gasto público. Cuando uno produce más de lo que se demanda el valor de ese producto baja. El problema con el peso es que lo usamos para valuar todos los bienes y servicios de la economía. Por ende, si se achica el “metro”, todo va a medir más en términos de él. Es lo que observamos como suba generalizada de precios, pero la verdad es que la inflación es la pérdida de valor de la moneda.

Dado que localmente las monedas extranjeras también cotizan en términos de nuestro peso, cuando el Banco Central lo devalúa, lo que vemos es que esas divisas suben.

A partir de fines de 2011, con el objetivo de poder cobrar impuesto inflacionario depreciando nuestra moneda, pero que no se note en el tipo de cambio oficial, el gobierno decidió instalar el cepo. Para ello, quitó del mercado cambiario oficial a gran parte de la demanda de los particulares y empresas.

Desde entonces, el BCRA ha fijado un precio máximo al dólar oficial, lo que ha desincentivado la oferta e impulsado la demanda de divisas. Nada que no conozcamos los argentinos que estamos acostumbrados a que los controles de precios deriven en góndolas vacías, ya que al empresario no le conviene producir mucho a ese valor y, al ser barato, los consumidores quieren más. El problema es que en el mercado cambiario no puede haber desabastecimiento, por lo que el que llena la “góndola” es el BCRA perdiendo reservas. La única forma de evitar que caigan fuertemente es subir el tipo de cambio máximo, como en enero de 2014, o restringir arbitrariamente las ventas de divisas a los importadores, con un alto costo para la economía. Esto último tampoco es distinto a lo que hacen los supermercados cuando racionan la venta de los artículos con precio controlado para que no se agoten.

O sea que, mientras se mantenga el cepo, seguirá la pérdida de reservas. Entonces, es el control de cambio el que genera que caiga el stock de divisas del BCRA y de hecho, desde 2011 se perdieron más de US$12.000 millones, a pesar de que últimamente para disfrazar esta sangría ha estado tomando créditos de corto plazo de otros bancos centrales por más de US$8.000 millones.

Queda claro para cualquiera, menos para el gobierno, que un dólar no vale $9 y pico. Es más, si ofreciera comprar todas las divisas que me ofrezcan a $11, bastante más que la cotización oficial, ni los funcionarios que defienden el valor oficial me venderían un dólar.

Lo malo es que esta “ficción” cambiaria está ahogando al sector productivo de bienes, cuyos precios en general siguen el tipo de cambio del BCRA. Dado que éste no sube todo lo que se devalúa el peso, pero los costos de los productores sí, con la inflación, por lo que se encuentran en una prensa que se cierra cada vez más, asfixiándolos. Con cepo no hay forma de volver a tener una economía dinámica ni, tampoco, un sector exportador pujante dado que, al pagarle por cada dólar que traen menos de lo que vale, se les aplica una retención cambiaria que hoy ronda el 30%. En consecuencia, no extraña que hayan perdido competitividad y no logren colocar sus productos en el exterior.

Además, esta retención se aplica a todas los ingresos de divisas desde el exterior, también para inversión y por préstamos. ¿Cuántos proyectos pueden ser tan rentables para traer fondos del extranjero pagando semejante “impuesto”? Súmele que el cepo restringe el envío de dividendos al exterior y ya sabemos que no van a venir muchos inversores mientras siga vigente.

O sea, del cepo hay que salir cuanto antes. Así, se abre la tranquera a la inversión y créditos extranjeros y se le vuelve a dar aire al sector productivo, recuperando un sólido crecimiento económico. Por supuesto, antes hay que dar señales creíbles de que se controlará el incremento del gasto público y que el mismo se financiará con ingresos genuinos, para evitar que se siga saqueando al BCRA. También se debe garantizar que se seguirán los pasos necesarios para insertar nuevamente a Argentina en el mundo, tanto crediticia como comercialmente.

Dadas estas condiciones, salir del cepo cambiario implicará abandonar la “ficción cambiaria” actual para vivir la realidad. Nadie puede realizarse como persona si vive en una “ficción”. Un país tampoco; por eso habrá que aceptar que el tipo de cambio es más alto. Eso no es devaluar; sino simplemente reconocer todo lo que este gobierno ya devaluó el peso y no lo reflejó en el dólar oficial. Además, dado que este nuevo valor será acorde al que puede defender el BCRA, tampoco habrá una gran pérdida de reservas. Es más, se puede prever que en el corto plazo, las mismas se volverán a recuperar, pero sin disfraces crediticios insostenibles como hoy. Por lo tanto, se demuestra que no es cierto que liberar el tipo de cambio es proponer una fuerte devaluación y que implicará vaciar las reservas del Banco Central. Al contrario, es el gobierno quien ya lo está haciendo con el cepo y la actual política economía.
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