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¿Llega el bus turístico a la Villa 31?

Apuntar que los terrenos más caros de la ciudad de Buenos Aires estén usurpados por unas 26.000 personas, en su mayoría extranjeros, es una verdad de Perogrullo teñida de cierta paradoja e incredulidad. Sentencia que podría ganar un absoluto asombro si se añade que, en poco tiempo, según un plan oficial que está en estudio, ese sitio de Retiro se convertiría en un nuevo polo turístico, de degustación de comidas regionales, de exposición de artesanías y con casitas "pintorescas" que serán observadas desde un bus repleto de visitantes.
Sí, el gobierno porteño analiza seriamente convertir a la Villa 31, emblema vivo de la construcción ilegal en altura, en una suerte de observatorio para viajeros. Esas 15.25 hectáreas enclavadas frente a la terminal de ómnibus, a pocas cuadras del puerto porteño, han comenzado a mutar su fisonomía en pos de una integración social, dicen las autoridades. Se remodelaron 12 plazas que fueron defendidas a los tiros por sus habitantes -literalmente, claro- para que no se erijan allí nuevas moradas; se colocaron 200 metros de adoquines en la calle 9 (la principal); se construyó una cancha de fútbol de césped sintético, y un centenar de casas fueron pintadas de vivos colores, que remiten a las viejas fachadas de la Boca, y que hoy perduran en el mítico Caminito.






Así, Diego Santlli, ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad, va ganando la pulseada en la discusión política porteña sobre qué hacer, y qué no, en esta villa situada en terrenos del gobierno nacional que desde 2001 hasta hoy duplicó su población. Desde entonces, los distintos gobiernos -incluso el de Macri, con el anterior ministro Juan Pablo Piccardo- no han logrado regular, ordenar y controlar su crecimiento, con edificaciones de hasta cinco pisos que ya sobrepasan la autopista Illia.
El plan "integrador" de Santilli, funcionario tan popular en la villa 31 como cual referente de manzana, es que a los 10 millones de pesos que la ciudad destina por año para estos habitantes en el suministro de agua, el vaciamiento de resumideros y demás erogaciones que completan la abultada cuenta, se incorpore la entrega de materiales y pintura que permitan darle otra identidad a la villa. Eso ya se está cumpliendo: con mano de obra de las propias cooperativas, varias casas se intercalan de rojo, verde, azul, naranja, violeta y amarillo. "A las casas, los mismos habitantes, les dan una mano de revoque y de pintura. Las plazas que inauguramos integran a la gente y con la colocación del adoquinado, que a la ciudad no le sale nada, se mejorarán las calles. Y así se abrirá la villa a la ciudad, algo que nunca se hizo", dice Santilli.
Algo de razón tiene este funcionario peronista, el más político de los macristas, y que no desprecia ninguna foto en su ambición de acompañar a Gabriela Michetti en una futura fórmula electoral: la villa nunca detuvo su crecimiento irregular en medio de improductivos debates sobre qué hacer con ella; entre leyes de la Legislatura para urbanizarla que no se pusieron en práctica, proyectos inconclusos y prohibiciones de construcción nunca cumplidas.
Pero tienen bases sólidas, también, los aspectos cuestionables de este arriesgado plan: la precariedad y el riesgo inminente en el que se encuentra la villa 31. La ilegalidad de las endebles edificaciones gozan de plena vigencia ¿Alguien podría garantizar que no habrá allí un derrumbe? Por supuesto que no. Además, no hay red cloacal ni agua potable; hay inseguridad y puntos de venta de droga. En definitiva: ¿es propicio el escenario para llevar allí a los turistas?
Para algunos diputados de la oposición, por caso, el plan de Santiili es "un maquillaje" sin razón de ser, tal expresó Sergio Abrevaya, de la Coalición Cívica. Santilli lo desmiente. Sostiene que transformará ese heterogéneo barrio y dice, en voz baja, que en poco tiempo los viajeros recorrerán algunas de las calles adoquinadas que serpentean las precarias casas, transformadas en senderos seguros custodiados por la Policía Metropolitana. Hay más: planea el funcionario una suerte de feria organizada donde se puedan degustar comidas típicas de Perú, Paraguay y Bolivia. ¿Podrá concretarlo? Se verá.
Por lo pronto, la intención de revalorizar esta villa que albergó desde 1930 a familias de obreros portuarios desempleados por las crisis del '29, fue mirada de reojo por los propios macristas. Al tiempo, los máximos referentes del Pro lo usaron -y lo usan- como valiosa plataforma política; como altar mediático desde donde acariciar cabelleras nunca antes vistas. Lo hizo el propio Macri, también Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. Esta claro, algún tesoro debe esconder la villa 31, el monumento a la ilegalidad que crece y crece en los terrenos más caros de la Capital. Y ahora, con ambiciones de abrir sus puertas a los turistas.


http://www3.lanacion.com.ar/1347287-llega-el-bus-turistico-a-la-villa-31
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