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Llega la economía "versión Kicillof" en estado puro

Se fue Fábrega, llega la economía "versión Kicillof" en estado puro: qué se prevé para dólar y precios

La llegada de Alejandro Vanoli al BCRA genera expectativas de una fuerte lluvia de pesos, un intervencionismo más decidido sobre las tasas de interés y una mayor represión al mercado paralelo. Los inversores respondieron con nerviosismo



esta Argentina, en la que los tiempos se aceleran, se llega al punto en el que para analizar la actualidad política y económica hay que recurrir a los psicólogos.

Tras la salida de Juan Carlos Fábrega del Banco Central se plantean interrogantes que sólo pueden responder quienes entienden los mecanismos de funcionamiento del subconsciente:

¿Realmente renunció, o Cristina Kirchner -acaso inconscientemente- lo echó al retarlo en público? ¿O acaso pensaba la Presidenta que seguiría en su cargo, tras haberlo acusado de connivencia con los especuladores?

¿Busca la jefa de Estado llevar calma al mercado o, por el contrario, promueve involuntariamente una disparada del dólar, cada vez que amenaza con sanciones y persecuciones?
Las primeras opiniones apuntan a que hay cierta atracción por acelerar hacia una crisis

"El Gobierno conspira contra sí mismo. Profecía auto-cumplida, diría Sigmund", escribió Eduardo Levy Yeyati, titular de la consultora Elypsis y ex director de Barclays.

Más explícito en su pesimismo fue el economista Gabriel Rubinstein: "Se fue el único capaz de moderar la ‘locura cristi-kicillofista". Comprar algunos cascos no estaría mal..."

Esa sensación de que el Gobierno forzó la expulsión del único funcionario en quien el mercado depositaba confianza fue la tónica de la jornada de ayer.

"Kicillof nunca entendió que su supervivencia al frente del Ministerio de Economía sólo fue posible por la política monetaria conducida por Fabrega. ¡Lamentable!", agregó Guillermo Nielsen, conocedor de la negociación de deuda soberana.
Una renuncia anunciada

Lo cierto es que, a diferencia de lo que había ocurrido hace un año, cuando se conociera la noticia del alejamiento de Mercedes Marcó del Pont y la llegada de Fábrega, ahora no hubo prácticamente nadie que viera en este recambio de funcionarios un hecho positivo.

Primero, por la extendida percepción sobre que Fábrega representaba la última reserva de sensatez. A él se le atribuye haber convencido a la Presidenta sobre la necesidad de la corrección del tipo de cambio de enero y de la suba de tasas, que trajo algo de "pax cambiaria" que se extendió durante varios meses.

Pero, además, porque se interpreta que su salida implicará algo más que un mero cambio de nombres: se la ve como la antesala de una profundización de aquellas políticas que más temor generan entre los economistas y empresarios.

"El Gobierno perdió a su última línea de defensa", sintetizó Federico Sturzenegger, uno de los asesores económicos de Mauricio Macri.

En semanas previas habían proliferado las versiones de discusiones de Fábrega, no ya con Kicillof sino con la propia Presidenta.

Tal es así que hubo rumores de renuncia en varias ocasiones. Primero, provocados por la insistencia de Kicillof en bajar las tasas de interés; luego, por el abrupto final que tuvo la misión de bancos privados para comprar la deuda de los "fondos buitre".

Más control y represión

La posibilidad de un alejamiento de Fábrega -que finalmente ocurrió este miércoles- ya venía poniendo en alerta a empresarios, inversores y a los gerentes financieros de las compañías.

El hecho de que la Presidenta haya asociado a las operaciones de "contado con liqui" con una actividad ilegal (y que ayer hayan comenzado las inspecciones contra las entidades más activas) generó inquietud por la percepción de una actitud hostil hacia el sector financiero.

Los expertos del mercado cambiario dijeron que muchos actores habituales se habían retirado este miércoles, mientras la cotización perdía algunos centavos, para cerrar en $14,40.

Pero nadie parece muy convencido de que la situación fuera a quedar bajo control con el paso del tiempo.

Por el contrario, los antecedentes de intentos de "domesticar" al dólar paralelo, recurriendo a sanciones e inspecciones, siempre han dejado el mismo resultado: tras breves jornadas de calma, la cotización se dispara, incluso con más fuerza que antes.

Es por eso que hoy y durante los próximos días, todos los ojos estarán puestos sobre el dólar paralelo, ya convertido definitivamente en el termómetro del humor social.

"¿Alguien sigue pensando que el blue está caro?", se preguntaba ayer el economista Roberto Cachanosky, luego de conocida la noticia de la salida de Fábrega.

Por lo pronto, el mercado ya dio una señal con el desplome en la cotización de acciones y bonos.
Hay, además, otro riesgo en la actitud del Gobierno: al reprimir al "conta con liqui", regresa la presión sobre las reservas, que ya perforaron el piso psicológico de los u$s28.000 millones.

A fin de cuentas, esta operatoria hasta le resulta funcional a la administración K, dado que por ella se canaliza la demanda de divisas del sector privado.

Bajo este mecanismo, las empresas están dispuestas a pagar un sobreprecio del 80% respecto de la cotización oficial para hacerse de los dólares que necesitan sin tener que pedirle al Banco Central (por ser un acuerdo entre privados).

Si el "conta con liqui" es reprimido, entonces el Gobierno deberá elegir entre dos opciones desagradables: convalidar una baja de las reservas o permitir una caída aun mayor de la actividad económica.

Economía "versión Kicillof", en estado puro

Las dudas apuntan, sobre todo, a si la salida de Fábrega debe ser interpretada como un triunfo total de las posturas "heterodoxas" de Axel Kicillof y a una avanzada tendiente a "copar", con funcionarios de su confianza, las líneas intermedias del Banco Central.

Para los economistas, esto no puede traducirse en otra cosa que un agravamiento en la tensión inflacionaria y cambiaria.

A fin de cuentas, aun con los esfuerzos de Fábrega por retirar pesos del mercado y por cuidar las reservas, no pudo evitarse un empeoramiento de la inflación ni una salida de dólares.
De manera que el interrogante es qué ocurrirá si, bajo la conducción de Alejandro Vanoli, se adopta una política monetaria más relajada, tal como se prevé.

En las últimas semanas proliferaron las advertencias sobre un agravamiento general de los indicadores hacia fines de año.

Como la del economista Miguel Angel Broda, que se escandaliza por lo que consideró "un aluvión de pesos" en camino, luego de la modificación del presupuesto, que agregó $152.000 millones al gasto público.

Broda hace un pronóstico inquietante: la expansión de la cantidad de pesos, que a comienzos de año crecía a un ritmo del 16%, apunta a un 35% para fin de año, con lo cual, bajo su óptica, "vamos a añorar las tasas de inflación de poco más de 2% en julio y agosto".

Por lo pronto, Cristina ha defendido el incremento del gasto del 44% en el primer semestre, como elemento reactivante de la economía. De hecho, esta fórmula es a la que apeló en la crisis global de 2009, para apuntalar el consumo.

Pero ahora, a causa del creciente déficit fiscal, este remedio no hace más que empeorar la enfermedad.

¿Se abre la canilla de pesos?

En las semanas previas a la renuncia de Fábrega, la pregunta que circulaba entre los expertos era si el funcionario estaría dispuesto a violentar la Carta Orgánica, dado que ya se estaba al borde del límite legal para que el Banco Central asistiera financieramente al Gobierno.

De hecho, las estimaciones de consultoras privadas apuntan a que las necesidades del Tesoro duplicarán las posibilidades de asistencia por parte del Central.

Hablando en plata, la estimación es que deberá pedir unos $120.000 millones, cuando el límite legal no permitiría más de $50.000 millones.

La situación se alivió con la emisión de un bono por parte de Kicillof, con el cual captó $10.000 millones, que pagará a una tasa de Badlar más 3,8%.

Pero se estima que se necesitará más, y la llegada de Vanoli abona las sospechas sobre cambios regulatorios. Por lo pronto, los analistas apuestan a la creatividad oficial para sortear las trabas legales.

En definitiva, el punto sobre el cual parece haber consenso es que su arribo al Banco Central llevará a una política más laxa y, por lo tanto, con mayor riesgo de descontrol.

"Mientras el BCRA siga siendo el ‘chanchito' del Gobierno, creará más inflación y tensión cambiaria", pronostica Martín Redrado, uno de los ex titulares de la entidad monetaria.

José Luis Espert enfatiza en la proliferación de medidas represivas: "Tendremos más emisión monetaria y mucha policía para que las cuevas no volteen a Cristina".

Son frases que impresionan por su dureza, pero lo cierto es que los propios antecedentes de Vanoli parecen validarlas: como titular de la Comisión Nacional de Valores, había afirmado que opinar sobre la cotización del dólar blue era comparable con analizar el precio de la cocaína.
La agenda de Vanoli

La llegada de Vanoli puede abrir puertas para reformas que venían siendo reclamadas desde el propio kirchnerismo.

En especial las referidas a una acción más resuelta del Banco Central para fijar tasas de interés en la banca privada.

En la prensa oficialista se ha venido criticando en las últimas semanas el hecho de que se produjo una amplia brecha entre la tasa que los bancos le cobran al Central para comprarle títulos (Lebac) respecto de la que éstos pagan a los ahorristas por los plazos fijos.
Según esta visión, esa situación permite una mayor ganancia a las entidades y, eventualmente, una canalización de los ahorros de la sociedad hacia la dolarización.

En consecuencia, se está reclamando una suba de tasas pasivas (para colocaciones de depósitos bancarios) sin que ello se traslade a un mayor costo del crédito para consumo o inversión.
En otras palabras, se espera que el nuevo titular del Central impulse una política de intervención sobre los márgenes de ganancia de los bancos.

No le toca asumir en días fáciles a Vanoli, que tal vez sea uno de los funcionarios menos envidiados del momento.

Ayer, a modo de bienvenida, los ahorristas compraron u$s73 millones en la ventanilla oficial del dólar ahorro. Es decir, casi el doble de la cifra registrada al inicio del mes pasado.
Mientras, el grueso de los dólares del swap con el Banco Central de China, aún están lejos y sin miras de llegar pronto.
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