Popular channels

Lo discriminaron por trolo

“Para quien no sabe qué es ser transexual soy el puto o el travesaño”
Ella denunció el bullying que sufría en un colegio de San Rafael, contó cómo fue el proceso para asumir su identidad. Aseguró que hasta la hostigaron para que se prostituyera



Del otro lado del teléfono se escucha la voz de una mujer con quien la naturaleza pareció ensañarse y por antojo le asignó un cuerpo que no era el suyo. En este estuvo atrapada hasta los 18 años, cuando -hace ya un año- se maquilló y con su nuevo DNI en la mochila, se vistió de mujer y así llegó a su clase de matemáticas en una escuela técnica de San Rafael que desbordaba de testosterona. Dice que se perdió toda su adolescencia embretada en ese contenido extraño y hace unos días decidió no aguantar más el asedio de propios y extraños, que hasta le ofrecían prostituirse. Pateó el tablero y denunció el bullying que no la dejaba vivir.

Antonela Arenas gritó, pero su grito de denuncia no busca sólo liberarla, la trasciende: “Yo ya me voy del colegio, pero no puedo quedarme callada frente a la inercia de las autoridades que no hacen nada, porque detrás vendrán muchos chicos con distintas identidades sexuales y no quiero que sufran lo mismo que yo”, dice y hasta se permite criticar a la Directora General de Escuelas “que habla de inclusión y comparó mi caso con el de un discapacitado”, se queja.

En la niñez de otro
La imagen parece repetirse una y otra vez, como si se tratara de un film que no avanza y se trabó en la misma toma. Antonela es un pequeño niño que no se comunica, ni consigue relacionarse con sus compañeros de jardín. Esta sólo en un arenero construyendo una realidad en la que él es otra nena. “Si pienso en aquel momento me veo siempre sola, retraída, casi disfrutando de esa soledad. Recuerdo que aprovechaba cuando mis padres se iban con mi hermana -que es 3 años menor que ella-, y yo me liberaba para usarle la ropa y sacarle esmaltes a mi mamá. Desde ese momento tenía la sensación de que era algo extraño y me ocultaba, de todo y de todos”, recuerda y la voz resuelta que tenía hasta hace unos minutos se ahoga claramente.

Esa autorrepresión comenzó a descomprimirse en una etapa en la que todo detona: la pubertad.

En la misma soledad, y entendiendo que en su interior había algo a lo que debía ponerle nombre, juntó unos pocos pesos y con sólo 14 años buscó una psicóloga que la ayudara a aclarar algo de todo eso que sentía.
“Es que no podía hablarlo en mi casa, porque mis padres no lo hubieran entendido, pese a que seguramente veían mis actitudes, pero negaban todo. Ahora a la distancia siento que me perdí de disfrutar la adolescencia y cuando me di cuenta ya era una adulta que estudiaba y trabajaba. Eso se los voy a recriminar mucho, porque pude vivir lo que siento desde aquella edad, y sin embargo porque nadie me ayudó, viví hasta los 18 atrapada en un cuerpo que no era el mío. Ahí conseguí mi Documento Nacional de Identidad con la identidad que tengo y fui al colegio vestida de mujer”, repasa.

Las hormonas del proceso
El camino que Antonela emprendió en su adolescencia, fue fraguando silenciosamente en los últimos años. Mientras ella dejaba que su cabello creciera, lentamente avanzaba en el país de la implementación de la ley de Identidad de Género, que se sancionó en mayo del 2012 permitiéndoles a las personas trans (travestis, transexuales y transgéneros) inscribirse en sus documentos personales con el nombre y el sexo de elección, y ordenando que todos los tratamientos médicos de adecuación a la expresión de género sean incluidos en el Programa Médico Obligatorio, garantizando así una cobertura de las prácticas en todo el sistema de salud, tanto público como privado. De hecho el 6 de julio, cuando ella cumplía los 18 años se emitió su nuevo documento que la confirmaba mujer.

Con esa legalidad por delante, ella comenzó el proceso de tratamiento con hormonas, que es el camino previo a la operación del cambio de sexo.

“Sin que nadie de mi familia supiera consulté un endocrinólogo para que me acompañara en este proceso, porque entendí que la autohormonización es peligrosa y puede provocar alteraciones hepáticas. Así dí con los doctores Pablo Ferrada y Javier Bringa, que son referentes del Hospital Central y ellos siguen mi tratamiento. Las hormonas me permiten bajar la testosterona y abrir el paso a los receptores de estrógeno. Hace 10 meses que estoy en tratamiento y ya veo los resultados en mi piel, en el tejido adiposo y hasta en mi sensibilidad. Creo que reacciono de otra manera y me hago planteos que antes ni se me cruzaban”, admite, mientras recalca que todo aquel que pueda estar analizando comenzar este proceso, consulte primero a un profesional que le informe también sobre los efectos adversos de la hormonización.

Ser y parecer, sin padecer
Lucir un vestido, o enfundarse en un pantalón ajustado, le trajo a Antonela más de un rechazo -cuando sus padres se enteraron se lo ricriminaron de tal forma que terminó yéndose de su casa- y varios atropellos que enfrentó el pasado martes cuando denunció que era víctima de bulling en la Escuela Ejército de Los Andes, ex ENET de San Rafael.

“El desconocimiento es la base del bullying. Por un lado para los que desconocen lo que es ser transexual, soy el puto, el travesaño y así me tratan. Y por otro, las autoridades que no saben como tratar el tema hacen la vista gorda y todo pasa. Yo salía a correr con mi amiga, y tenía que soportar que me persiguieran con los autos ofreciéndome prostituirme, porque está el mito que todo el que se trasviste o es transexual tiene que caer en eso. Yo no, trabajo haciendo mantenimiento de PC y doy clases en materias técnicas. Además pienso seguir Ingeniería en electrónica en la UTN, porque la educación es un derecho que tenemos todos. Por eso denuncié el bulling, no por mí, sino por los que vienen para que se respeten sus derechos. A mí educarme e informarme me ayudó mucho”, dice terminante Antonela, y del otro lado del teléfono se hace un breve silencio, como el tiempo que suele tomarse quien piesa lo que acaba de decir y busca cómo reafirmarlo: “Una vez leí a Nietzsche que decía: El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”, reproduce, conforme.
0
0
0
0No comments yet