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Lo que el agua nos dejó

Lo que el agua nos dejó

noviembre 06
Por Juan Manuel Erazo. Hay quienes dicen que el agua purifica. Los que caminen por las calles anegadas de agua en los barrios periféricos de Lujan pueden no pensar lo mismo. No obstante, el agua hace que las cosas emerjan y que la desidia revele.
Si las inundaciones en La Plata dejaron en jaque la noción de “accidente” o imponderable acción de la naturaleza, las recientes inundaciones en más de veinte municipios bonaerenses dictaron el “jaque mate” a una lógica por demás perversa. Los límites estructurales del modelo urbano generan un cóctel donde la naturaleza, la negligencia, el lucro empresarial y la desidia conforman un crimen social del que el Estado es necesariamente un actor protagónico.
Los pobres sufren el asalto de sus viviendas por el agua, además de filtraciones en los techos, la pérdida de todas sus pertenencias y mobiliarios. Sin mencionar que no hay changas por varios días, ni la crisis sanitaria que supone la convivencia con flujos de agua contaminadas, produciendo brotes de diarrea, fiebre y vómitos, mas que nada en los más chicos. Por dar un ejemplo, el Riachuelo posee niveles de mercurio, zinc, plomo y cromo 50 veces por encima de los valores legalmente admitidos.
Pero en algún lugar de este mundo hay lugar para la justicia, y son también los poderosos los que sufren, aunque sea el desenmascaramiento. Del agua no se salva ni Espinoza, ni Scioli, ni Massa, ni el gobierno nacional. Lo que no se hizo queda al desnudo, la bronca también.
Ciudades para pocos
La privatización del espacio urbano produce reducción de espacios verdes y tierra absorbente. Edificación descontrolada, redes de servicios obsoletas, insuficiente mantenimiento y limpieza, aumento de los residuos y un método de recolección ineficaz. Falta de obras y la ausencia de un programa de información, acción y participación social, están entre las principales razones que explican las inundaciones urbanas y sus nefastas consecuencias.
Hay un problema central que nuclea todos los puntos recién citados: un modelo urbano excluyente de matriz capitalista. Sus caras más visibles son dos, el negocio inmobiliario y la desidia cómplice del Estado.
El área metropolitana de Buenos Aires ha crecido sin planificación ni previsión alguna, impulsada solo por la mano ahora bien visible del mercado. Los flujos de capitales producidos por el crecimiento económico de los últimos diez años encontraron un negocio brillante y redondo: hacer edificios y countries de manera desmedida.
Lo que esconde este sistema de “construir, construir y construir” potenciado en los últimos tiempos es la exclusión constante y un “que se joda el otro”. Los edificios que contienen dentro de si miles de espacios ociosos para aumentar la especulación, desmoronan la poca planificación urbana que contienen las ciudades del conurbano bonaerense. Los countries drenan sus aguas (contaminadas ya) hacia arroyos o barrios periféricos donde aquellos que no pueden acceder a la tierra y la vivienda montan sus asentamientos.
Ante este escenario el Estado es un testigo que deja hacer. Las respuestas siguen siendo obras que carecen de carácter resolutivo integral, cuyos efectos no se notan. Mientras Scioli responsabiliza a los municipios de la zona norte por el crecimiento desmedido de los countries, Massa contesta que el manejo hídrico es de la provincia. Oscar Luciani (intendente de Lujan) sólo se dedica a relatar por la tele el panorama catastrófico y no dice una palabra de las obras que nunca realizó. En honor a Poncio Pilatos, todos se lavan las manos.
La desidia
Es un error pensar que las inundaciones son provocadas sólo por las grandes precipitaciones. El riesgo de inundación se incrementa como consecuencia de las bajas cotas de los terrenos, la insuficiencia de desagües pluviales y la deficiente descarga de conductos troncales. En líneas generales, por falta de inversión pública de parte de los municipios para solucionar estos problemas.
“Comemos fideos todos los días, y nos dan un jabón de pan para las familias de toda el aula.” Comenta una vecina de González Catan, partido de La Matanza, mientras carga con sus dos hijos en una escuela del Km. 31 de la Ruta 3. El Estado sólo se encarga de evacuar, llevar a una escuela, y listo. Si poco hace antes de las inundaciones, lo que pasa después poco le interesa.
Los vecinos (centralmente los de los asentamientos) sufren el traslado de una escuela a la otra, el maltrato, la falta de comida, la falta de atención primaria. La respuestas pueden variar de un “no deberías haberte metido en ese terreno”, a un infinito silencio. Ante tanta injusticia salta la bronca, y al cortar una calle, las fuerzas de seguridad reprimen, como sucedió en el corte de la Ruta 23 en el Barrio Las Catonas del partido de Moreno.
Después vienen los subsidios, los prestamos, las cámaras, las fotos. Es vital que las autoridades (municipales, provinciales y nacionales) presenten un plan técnicamente sólido de saneamiento y control de las cuencas, los arroyos, las napas. Pero eso nunca sucede.
Pasan algunos meses, vuelve a llover, y la historia se repite. La precarización de la vida, la desigualdad social, la pobreza, todo eso va más allá de un poco de tierra en las calles, un zanjeo, una chapa.
Un pueblo solidario
Ante la ausencia del estado, muchas veces los vecinos no piden permiso y comienzan a organizarse. Mientras los medios masivos se esfuerzan por mostrar alguna escena de saqueo a alguna casa o comercio (que posiblemente exista), las sociedades de fomento, los centros sociales y culturales se transforman en centros de donaciones que reciben cosas constantemente.
Se arman cuadrillas, se ayuda a evacuar vecinos, y cuando el agua baja, se ayuda a limpiar las casas. Las organizaciones políticas y sociales de los barrios cumplen un rol vital en todo esto, organizando a los vecinos también para el reclamo, para exigir una respuesta.
Es que en este país, y especialmente en esta provincia, ya varias veces pasada por agua, faltan cosas, pero otras sobran. Falta algo, las respuestas. Sobra mucho, la esperanza. Sobra poco, la paciencia.
 
@juanchivasco
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