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Lo que faltaba, el Día del Pene



¿Y vos te creías que lo de los ñoquis del 29 era una tradición rara?


A veces pienso que los japoneses hacen estas cosas sólo para desconcertarnos. Un día le dan al mundo una lección inigualada de solidaridad, cuando en medio de un terrible tsunami muestran que entre ellos no son posibles los saqueos, y al otro día te encontrás con que en el pueblo de Komaki, al norte de Nagoya, los vecinos pasean con revente devoción, un pene de 280 kilos de peso y 2,5 metros de largo.


link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Ei2-4OIHVO0


Si vos sos de los que tratan de disimular todas las cosas incómodas, te referirías al Día del Pene como el Día de la Fertilidad, o “Hōnen Matsuri”, pero no engañarías a nadie, pues hasta los monjes sintoístas se refieren al 15 de marzo de la manera procaz… aunque hay que hacer una aclaración.

Mientras las religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo e islamismo) tienen una postura exacerbada hacia todo lo sexual, hasta el punto de que la sola mención es pecaminosa, las religiones orientales y las indígenas, suelen considerar al sexo como lo que es, otra manifestación animal sacralizada por el amor. Porque no estamos hablando de promiscuidad o sexismo, solo traemos a consideración una curiosidad. Es muy posible que nuestro pudor bastante hipócrita, sea también una curiosidad para ellos.





¿Se le puede rezar a un pene? Uno diría que no… hasta que piensa en alguna gente que conoce.

En este punto no puedo resistir la tentación de colar una de las anécdotas a las que soy afecto. Estaba en Tokio, amablemente invitado por el gobierno de Japón, cuando concurrí al consulado uruguayo donde trabajaba un amigo. Me iba a llevar a una recorrida por el Tokio crepuscular; una belleza. Pero antes –me advirtió–, una pasadita por el mingitorio, pues como en casi todo el mundo menos en Uruguay, es difícil encontrar un baño cuando se lo necesita.

En eso estábamos, ensimismados, contra la pared y enfilando el instrumento, cuando se abre la puerta del baño y entra una señora (jamás se les puede adivinar la edad, digamos que estaba “dable”), pone el escobillón en cruz, se apoya en ´él y comienza a hablar en japonés con mi amigo. Confieso que se me cortó la inspiración: quedé congelado en medio del acto fisiológico vergonzante. Pero mi amigo me alentó a que continuara con toda comodidad, mientras la señora disimulaba una sonrisa de complicidad debida a mi pudor. Aclaro que no soy nada pudoroso, pero ellos no lo son en absoluto, ¿A qué se deberá esa perversa actitud occidental hacia la desnudez y hacia un acto tan cotidiano como el de orinar?










¡Ché! Hay maneras y maneras de llevar un pene, ¡un poco más de respeto por la fertilidad!

Hōnen Matsuri, enseña modosamente la Wikipedia, es un festival dedicado a la fertilidad que se celebra todos los años el 15 de marzo en Japón. El más conocido de estos festivales se lleva a cabo en el pueblo de Komaki, al norte de Nagoya. Hounen significa buena cosecha en japonés, y matsuri es un festival o feriado. El festival y la ceremonia de Hounen celebran la bendición de una cosecha abundante además de prosperidad y fertilidad.

Aceptemos que pese al gigantesco pene, realmente se celebre la fertilidad, en cuyo caso se comete un acto de injusticia con la mujer, que en lo que refiere a reproducción, lleva la parte más pesada y dolorosa, en tanto que lo del varón son apenas unos minutitos de placer.

Las características más interesantes del festival, continúa la Wikipedia, son los sacerdotes shinto tocando instrumentos musicales, un desfile de gente vestida en ropas ceremoniales, sake gratis y un pene de madera de 280 kg de peso y 2.5 metros de largo. Acompañan la procesión jovencitas como las de la foto de portada, llevando penes de madera de tamaño respetable, que ofrecen a la concurrencia para que lo toquen. La procesión recorre lentamente la distancia entre un templo llamado Shinmei Sha en un cerro a otro templo llamado Tagata Jinja.







El festival comienza a las 10:00 en Tagata Jinja, donde se venden todo tipo de comidas y souvenirs (la mayoría con forma fálica). También se ofrece sake gratis de unos grandes barriles de madera. Sobre las 14:00 toda la gente se reúne en Shinmei Sha para el comienzo de la procesión. Un sacerdote shintoreza y bendice tanto a los participantes como al mikoshi(capilla portátil) y al pene de madera que serán trasladados durante la procesión.

Cuando la procesión llega a Tagata Jinja el mikoshi y el pene de madera se hacen girar vigorosamente para luego dejarlos en el suelo y realizar algunos rezos más. Más tarde la gente se reúne en el exterior de Tagata Jinja y esperan al mochi nage (el significado de esto te lo debo, no lo encontré), donde pequeñas tartas de arroz son arrojadas a los participantes desde unas estructuras elevadas. El festival concluye sobre las 16:30.


link: https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=MK17fiJXrVc


Bué, ¿qué te puedo decir? Nada, a mi parecer, porque cualquier juicio queda invalidado por las diferencias culturales. La cuestión es que son miles de personas en las actitudes más diversas, salvo los occidentales que son minoría pero vienen a montones (30%): no hay nada con más rating que un falo gigantesco. Esos occidentales están muertos de risa, se sacan fotos con los penes, simulan felaciones y otras chanchadas… en fin, hacen todo aquello que su formación trató de evitar pero que solo logró ocultar en pecaminosa expectativa.

Los japoneses en cambio podrían dividirse en varias categorías, una de las cuales funciona en complicidad con los occidentales y otra en el extremo opuesto, con auténtica devoción. Si miran los videos no dejarán de sorprenderlos las señoras de edad tocando y manoseando el pene gigante sin la más mínima picardía. O las madres, que alzan a sus hijos para que lo vean de cerca y lo toquen, cosa que horroriza a más de un occidental.





En los puestos callejeros descollan las bananas y las salchichas, presentadas y ornamentadas para lucir como un falo. Sin el menor recato, bellísimas chicas japonesas los comen de la manera más insinuante que se les ocurre y la gente que las rodea, celebra a rabiar a las que lo hacen de manera más convincente. ¿Vos te imaginás algo así en la fiesta de San Cono? Los gritos de indignación se escucharían hasta en Montevideo. Así de hipócritas somos los occidentales, aunque también te digo que esto me parece que se pasa para el otro extremo.

Para sorpresa de gente como nosotros, no todos los recuerdos que se ofrecen en los puestitos son para la venta; algunos se los regalan a la gente y particularmente a los niños que los reciben como si fueran algo tan divertido como lo era un Pokemón antes que pasaran de moda. Es decir, que se tomarán muy en serio lo del falo, pero eso no les impide exhibir una sonrisa cómplice cuando el destinatario de su obsequio agarra para el lado de los tomates.

En fin, que en esas dos horas que dura la procesión y a lo largo de todo el día, no solo se asiste a un festival absolutamente insólito, también está el formidable espectáculo de la hipocresía un poco histérica de los occidentales, un jueguito de doble sentido que algunos japoneses no pueden ocultar, por allá algún apetito inconfeso, verguenzas simuladas…. y todo lo demás. Un psicólogo podría hacerse una fiesta en una procesión como esta y no quiero ni pensar en las teorías que hubiera podido elaborar Sigmund Freud.

Me pregunto por qué no hay un Día de la Vagina; uno respeta mucho a los japoneses, pero en esto parece que tienen tantos prejuicios y discriminación como los occidentales.





En otras ciudades el festival no es tan lucido, el ritual diferente y el falo tiene su propia personalidad. En algunos casos hasta se niega su significado relacionado con la fertilidad y se lo vincula a las prostitutas de 800 años atrás y en muchos otros casos menos promocionados, se aprovecha el día que siempre es el mismo, para promover la protección contra el Sida y hábitos sexuales saludables.
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