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Los califas del terror

Los califas del terror

El Estado Islámico, agarrado al fundamentalismo religioso y aferrado al salvajismo de la limpieza étnica, emerge bajo el discurso de la guerra santa con la intención de instaurar un califato en el mundo que acabe con todos los infieles










EL laberíntico Oriente Medio, una región repleta de aristas, cruce de camino entre religiones, teocracias, sátrapas, etnias, intereses espurios y guerras bastardas, ha parido un monstruo: el Estado Islámico, la organización terrorista que al grito de la yihad (guerra santa) atemoriza y asesina a quienes no son como ellos: herejes o infieles en su lenguaje aniquilador. En su macabro discurso de limpieza étnica, en su objetivo por la consecución de un califato sin lugar para infieles, -lo mismo se incluyen chiíes, yazidíes, cristianos u otras minorías- el Estado Islámico extiende su cultura del horror. El degollamiento de dos periodistas norteamericanos, -Estado Islámico amenazó con “ahogar en sangre” a Estados Unidos-, grabado en vídeo y restregado al resto del mundo a través de las redes sociales, solo es una muestra de la barbarie con la que se expresan contra todos los que consideran sus enemigos. Las matanzas, las ejecuciones sumarísimas, las violaciones masivas o la venta de mujeres completan el currículum del horror que escribe con sangre el Estado Islámico.

Alimentado por el odio a Occidente y su política de ocupación, barnizado por el fanatismo religioso basado en una lectura literal e indeformable del islam suní, el Estado Islámico, grupúsculo independizado de la rama iraquí de Al Qaeda, auspiciada por el dinero saudí e impulsado entre las milicias que luchan en Siria contra el régimen de Bachard Al Asad, amenaza con desestabilizar aún más el avispero de Oriente Medio, un territorio donde los equilibrios son precarios y las alianzas un ejercicio constante de funambulismo que requerirían un doble mortal para contrarrestar al Estado Islámico, cuyo líder, Abu Bakr al Bagdadi, ha declarado califato las zonas bajo su control tanto en Siria como en Irak. Su lanzadera.

“Los antecedentes del Estado islámico se sitúan en Al Qaeda en Mesopotamia (AQM), constituida en 2004 y a partir de 2006 denominada Estado Islámico de Irak (EII). Cuando el EII amplió su ámbito de operaciones a Siria, en el contexto de la guerra civil que se desencadenó en este país después de 2011, pasó a llamarse Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL). Pero el líder del EIIL, Abu Bakr al Baghdadi desobedeció al líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, que le ordenó limitar a Irak las actividades de su organización, lo que provocó la ruptura entre ambas en abril de 2013. Zawahiri desposeyó al EIIL de su condición de extensión territorial de Al Qaeda en Irak. El EIIL reaccionó en junio de 2014 proclamando el califato y reduciendo su nombre al actual de Estado Islámico (EI)”, radiografía Fernando Reinares, Investigador Principal del Terrorismo Internacional del Real Instituto Elcano.

El impacto del Estado Islámico, organización a la que se han alistado cientos de ciudadanos occidentales dispuestos a librar la guerra santa, y su avance territorial ha alertado a todos tanto en Occidente como en Oriente. “El hecho de que las naciones europeas más afectadas por la movilización yihadista relacionada con el actual conflicto en Siria e Irak sean Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica o Países Bajos, por ejemplo, donde sus respectivas poblaciones musulmanas están principalmente compuestas por segundas y terceras generaciones que descienden de inmigrantes procedentes del mundo islámico, sugiere que a todo ello subyace una crisis de identidad que acucia en especial a personas de entre veinte y casi cuarenta años, independientemente de su nivel educativo, categoría ocupacional o posición social”, apunta el analista de terrorismo internacional sobre la capacidad de convocatoria del Estado Islámico. Esta como Al Qaeda y otras organizaciones yihadistas, “satisface ese problema ofreciendo a los jóvenes en situación de vulnerabilidad y expuestos a la acción de los agentes de radicalización una identidad diferente y universal, la de la nación islámica”.

alianzas contra el ei Mientras el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, jura que les perseguirá hasta las puerta del infierno para acabar con ellos, entre los países de Oriente se perfilan alianzas entre enemigos íntimos con la intención de combatir a los yihadistas. El combate contra el Estado Islámico ha encolado al Gobierno central de Irak y el regional kurdo. En esta lucha Estados Unidos y sus aliados se abrazan a antiguos enemigos, sean estos las milicias chiíes, el régimen de el Asad, que Obama pretendía derribar, o Irán, el icono del mal para la Casa Blanca. Cualquier compañero de viaje es aceptado si es para bajar al averno y enfrentarse al diabólico Estado Islámico. Si bien la tarea no es sencilla tal como sugiere Fernando Reinares. “La respuesta militar al Estado Islámico está muy por debajo del óptimo necesario y se encuentra condicionada por las fracturas y los conflictos que se viven en Siria e Irak. Por otra parte, numerosos países, dentro y fuera del mundo islámico, carecen de planes efectivos y capacidades suficientes para prevenir la generalización de procesos de radicalización yihadista en el seno de sus respectivas poblaciones, especialmente en las cohortes jóvenes de las mismas. En lo que atañe a la comunidad internacional, diferencias en la percepción del Estado Islámico como amenaza e intereses nacionales de índole geopolítica, entre otros factores, obstaculizan por el momento alianzas contra el Estado Islámico que tengan la debida legitimación y cuenten con las fuerzas imprescindibles”.

Las uniones contranatura que se han tejido para acabar con los yihadistas no pertenecen en exclusiva a Estados Unidos. La madeja es caprichosa. Irán, cuna de la revolución del islam chií, y Arabia Saudí, donde impera el sunismo, enemigos en la región -enfrentados en Siria, Líbano, Palestina, Bahrein y Yemen- parecen dispuestos a hacer causa común para frenar el avance de los yihadistas del Estado Islámico. Incluso Arabia Saudí, fuente principal de financiación de las milicias suníes que pugnaban en Siria para derrocar a el Asad, teme la deriva del Estado Islámico, que ha sobrepasado todos los límites. “El Estado Islámico está haciendo una limpieza étnica y eso sobrepasa los cálculos de muchos en Oriente Medio”, agrega Antoni Segura, catedrático de Historia de la Universidad de Barcelona y experto en el mundo árabe. “El Estado Islámico muestra que la violencia es no solo un deber religioso sino un instrumento eficaz para extender un dominio islámico fundamentalista, al tiempo que adoctrina a sus seguidores en un acendrado odio hacia los no musulmanes, especialmente cristianos y judíos, e incluso hacia musulmanes a quienes, como en el caso de los chiíes, niegan la condición de tales”, especifica Fernando Reinares.

amenaza global Ante semejante reto yihadista, la respuesta, opina el experto en terrorismo debe ser firme y colectiva. “Al Estado Islámico hay que combatirlo militarmente en los países donde ha conseguido imponer un control territorial o cuyas fronteras amenaza. En segundo lugar, es preciso que en los países donde, al igual que otras organizaciones yihadistas, consigue movilizar recursos humanos y materiales, las actuaciones propias de las agencias de seguridad y los tribunales se complementen con iniciativas de prevención de la radicalización para contener y mitigar en lo posible la reproducción del fenómeno. Pero las actuaciones del Estado Islámico y su proyección, también en términos de propaganda, tienen un alcance no sólo regional sino global, por lo que es necesaria una acción colectiva por parte de la comunidad internacional”.

El problema, por tanto, es de carácter global no solo regional. Además del horror de la limpieza étnica, el tablero de Oriente Próximo repleto de grietas, con multitud de intereses geoestratégicos en su órbita, corre el riesgo de saltar por los aires. “El Estado Islámico ha demostrado ser una muy grave amenaza no sólo para Irak y Siria, donde ha conseguido hacerse con el control de amplios territorios y someter a extensas poblaciones, sino para otros países de Oriente Medio como Jordania o Líbano, al igual que para un buen número de países del Magreb o de Europa Occidental, por ejemplo, donde la presentación que hace de sus procedimientos y de sus logros está fomentando una movilización yihadista hasta ahora sin precedentes, pese a que desagraden a la mayoría de los musulmanes de todo el mundo”, expone Fernando Reinares.

las cruzadas El sello del terror distingue más que ningún otro a los miembros del Estado Islámico, cuya narrativa se sostiene entre el odio a Estados Unidos como fuerza ocupadora de Irak y el fanatismo ultrarreligioso, su idea fuerza retrocede, sin embargo, hasta la Edad Media, cuando cristianos y musulmanes combatieron en las cruzadas entre los siglos XI y XIII por la tierra santa, por Jerusalén. De ese enfrentamiento entre dos civilizaciones hace ocho siglos pende también la bandera negra que enarbola el Estado Islámico. “Este tipo de cosas, como las cruzadas, a nosotros nos suenan muy raras. Sin embargo, para ellos la guerra santa es un elemento presente, no es parte de un pasado lejano. Para ellos todo eso de las cruzadas está muy vivo y forma parte de su acerbo de entender la historia y eso explica las barbaridades que acaban cometiendo”, diserta el profesor Segura. La conquista de Tikrit por el Estado Islámico se debe enmarcar dentro de esa secuencia ideológica. “Es un símbolo que nada tiene que ver con Sadam Husein, que también nació allí. En Tikrit nació saladino, un icono para los musulmanes”, establece Antoni Segura. Saladino fue el defensor del islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por el sunismo (a la que pertenece el EI), que unificó política y religiosamente Oriente Próximo. Saladino lideró a sus hombres en su lucha contra los cruzados en Tierra Santa.

Si bien las invocaciones a las glorias pasadas, a sus héroes y al profeta son parte del andamiaje que construyen las proclamas del Estado Islámico, no es menos cierto que existen varios motivos para que esa dialéctica prenda con inusitada virulencia. “El Estado Islámico se produce en unas zonas que han sido muy castigadas por la guerra, donde el estado ha sido prácticamente borrado, destruido, en la que Al Maliki (primer ministro de Irak) tampoco supo llevar una política menos sectaria que la que se llevó a cabo en Irak. En esta situación, con un país en guerra como Irak prácticamente desde los años ochenta, (desde la guerra Irán-Irak, en septiembre de 1980, con la ocupación Estados Unidos) se dan todas las circunstancias para que el fanatismo religioso prenda fácilmente. Hablamos de sociedades muy castigadas en lo económico, donde impera la precariedad, con un nivel cultural muy bajo”. De ese caldo de cultivo surgieron. La cuestión a resolver es saber hasta dónde se extenderán los califas del terror.



http://www.deia.com/2014/09/07/mundo/los-califas-del-terror
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