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Los insurgentes de Ucrania, acorralados en Donetsk






Los insurgentes prorrusos, acorralados en Donetsk

Kiev ordena a los civiles que abandonen la región antes de lanzar una operación militar

La UE advierte a Moscú contra cualquier intervención unilateral en la zona e.e



Kiev quiere aplastar Donetsk bajo el puño de acero de su ejército. Y ya ha empezado la cuenta atrás para que los civiles que ahí residen abandonen el penúltimo bastión que les queda a los rebeldes prorrusos. Las autoridades ucranianas instaron a la población de esta ciudad de cerca de un millón de habitantes censados y también a la de Lugansk a abandonar esas ciudades antes de la ofensiva que las fuerzas gubernamentales piensan lanzar contra las posiciones de los insurgentes prorrusos.

Cuantos más civiles queden al margen, más lejos estarán dos escenarios que preocupan al presidente ucraniano, Petro Poroshenko: un baño de sangre documentado en televisión que lo retrate como un líder sanguinario y una guerra civil de ucranianos contra ucranianos que motive una intervención rusa bajo la excusa de la pacificación.

Las fuerzas gubernamentales intentan desde el pasado fin de semana romper la franja rebelde que une las regiones de Donetsk y Lugansk para aislar a los rebeldes antes de un ataque final en el que la postura de Moscú decidirá la balanza de un lado o del otro.

Peligro de invasión rusa



La OTAN veía ayer una "alta probabilidad" de una invasión rusa. Y Kiev dio la voz de alarma asegurando que los rusos ya han acumulado 45.000 soldados al otro lado de la frontera ucraniana. El presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso, advirtió ayer por teléfono al presidente Putin contra "cualquier acción militar unilateral en Ucrania, bajo cualquier pretexto, incluido el humanitario".

Moscú ha denunciado que hay cerca de medio millón de personas sin agua y un alto riesgo de epidemias en la zona. Por eso Rusia enviará un convoy de ayuda humanitaria en Ucrania, a pesar de las advertencias. El Kremlin dijo que la caravana de ayuda será "bajo el auspicio de la Cruz Roja".

Kiev ha negado que se proponga recurrir a la artillería pesada para atacar las principales plazas fuertes de los rebeldes. La artillería lleva días castigando la periferia de Donetsk. El Gobierno ucraniano quiere hacerse primero con este bastión rebelde -sin duda el de mayor importancia política e industrial- y después recuperar Lugansk.

Para que caigan estas fichas de dominó ha sido necesario cercar Donetsk, expulsando de ciudades menores con relativa facilidad a unos insurgentes que, al fin y al cabo, tenían otro sitio donde esconderse. Pero Donetsk será la batalla final para muchos creyentes en 'Nueva Rusia', dispuestos a resistir acorralados, con la espada en la pared y el fusil en ristre las acometidas de lo que ellos llaman "la junta fascista de Kiev".





"Nos dirigimos a la población civil para que abandone provisionalmente estas ciudades, ya que allí tendrá lugar una operación para su liberación", dijo ayer el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa ucraniano, Andrei Lisenko. Todavía hay posibilidad de un alto el fuego, pero sólo si los rebeldes "izan la bandera blanca y entregan sus armas", aclaró Lisenko, un estratega al que le quedan ya pocas fichas que cuadrar en el puzzle de la región de Donbás para lanzar la batalla final.

Las tropas leales a Kiev confían en tomar el control de Krasny Luch, un nudo ferroviario y de carreteras a través del cual los rebeldes estarían recibiendo suministros y material bélico ruso, según los ucranianos.




Putin, en la encrucijada

Moscú sugirió ayer a través del jefe de su diplomacia que Kiev está llevando a cabo una limpieza de rusoparlantes en un territorio que para muchos siempre mirará a Rusia. Por eso al Kremlin le toca mover ficha. El sábado se cumplieron 15 años del anuncio televisado en el que el entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, anunció el nombramiento de un hombre llamado Vladimir Putin como primer ministro.



El actual jefe del Kremlin está ante la que seguramente es la decisión más difícil de su carrera como gobernante. Su capital político se ha acumulado a lo largo de estos años en forma de la materia prima que más aprecian los rusos: la estabilidad. Pero al tiempo que ha roto sus récords de popularidad, la crisis ucraniana está desembocando en un torbellino que todavía nadie acierta a describir con exactitud: nueva guerra fría, guerra comercial o un incluso un conflicto internacional.

Putin ha colocado a sus peones -ex militares rusos y personas del entorno de los servicio secretos- en Ucrania porque cree que es Occidente el verdadero foco de desestabilización, "y las turbulencias externas siempre han preocupado a Putin porque evocan un desorden similar en Rusia", explica el analista ruso Fiodor Lukianov. El líder ruso está convencido de que cada vez que EEUU promueve un cambio político en un país de la órbita de Rusia en realidad está preparando un cambio en Moscú.



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