Check the new version here

Popular channels

Los rostros técnicos de Lacalle Pou

Sus áreas de conocimiento han sido los temas de esta campaña electoral. Son los rostros técnicos que Lacalle Pou eligió para que lo acompañen en cargos políticos si resulta electo presidente. En ellos aspira a encarnar el mensaje de renovación.




"Estoy viviendo los días más intensos de los últimos 10 años", dice Álvaro Garcé en los minutos que tiene para conversar con El País antes de ir a buscar a su hija al colegio. Pablo da Silveira se ríe por no llorar: la noche anterior durmió cuatro horas porque volvió tarde de una charla en Mercedes y tuvo que estar en pie para dar clase a las 8 de la mañana. Azucena Arbeleche, madre de cuatro hijos, lo entiende así: ahora, que falta una semana para la elección, funcionan con el motor de la adrenalina. Cuando se apague, el cansancio será extremo.



Son días intensos para los asesores que Luis Lacalle Pou eligió en materia de seguridad (Garcé), educación (Da Silveira) y economía (Arbeleche), pero también coinciden en destacar que son momentos de disfrute y de mucha esperanza.

Les cuesta evaluar la campaña, se sienten demasiado involucrados. Arbeleche dice que tiene la "sensación de cambio", de que se viene algo "diferente", y enseguida lo lleva al plano personal. A esta economista de 44 años, que dejó su cargo en la Unidad de Deuda del Ministerio de Economía para incorporarse al equipo de Lacalle, le impactó la expresión que encontró en el rostro de Wilson Ferreira el día que subió por primera vez la escalera de la sede del Partido Nacional. Fue poco después de su presentación oficial, a mediados de agosto. La sonrisa del emblemático líder blanco le transmitió "alegría, tranquilidad y claridad". "Esa cara para mí fue un mensaje de les toca a ustedes", resumió.

Garcé todavía está en shock. Hace apenas unos días que se integró a filas blancas y lo que siente en este momento es ganas de agradecer a sus excompañeros como comisionado parlamentario para el sistema carcelario, tanto a funcionarios como legisladores, y de todos los partidos. Este abogado de 47 años recuerda hoy los momentos en los que estuvo en contacto directo con la muerte o que debió trabajar en medio de un motín de reclusos.

"He encontrado gente sensible y de bien en todos los partidos; y no es casualidad que ese núcleo haya reaccionado con mucho respeto a mi decisión de dejar el cargo y sumarme a la campaña", alega, y menciona como ejemplo conversaciones privadas que tuvo con el secretario de Presidencia, Homero Guerrero, y con el vicepresidente Danilo Astori.



Temas de campaña.
Garcé no perdió el tiempo: cuatro días después de su nombramiento (no se oficializó si como ministro o subsecretario del Interior en un gobierno blanco) invitó a Eduardo Bonomi a debatir. El actual ministro se negó, y apuntó que sería "forzado" debatir con quien tuvo "cuatro años y medio de coincidencias".

Para Garcé, más allá de la sintonía con el Frente Amplio (que evidenció en varias ocasiones durante el desempeño de su cargo), hubo momentos en que no tuvieron "apreciaciones similares", y por eso hubiera querido debatir.

"La invitación era tener un diálogo público, sobre todo porque no pensamos que el debate sea ir a la guerra. En la filosofía clásica, el diálogo es el gran instrumento para hallar la verdad", alegó.

Para él, en tanto que la seguridad es la primera preocupación de los uruguayos, el tratamiento que tuvo el tema en campaña no fue el mejor. "Faltó información", opinó. Sobre la intervención del candidato oficialista Tabaré Vázquez, que hace unos días se comprometió a bajar las rapiñas un 30%, consideró que "no es lo mismo hacer una propuesta así desde la fuerza de gobierno que desde la opción de recambio".

La carga impositiva ha sido, quizá, el tema económico más presente en la campaña. "Uruguay ha atravesado un contexto externo muy favorable, pero que para mucha gente es un cuento que no le ha llegado", explicó Arbeleche, que se ha esmerado en explicar una y mil veces las exoneraciones que planea instrumentar si es ministra de Economía. Más allá del rédito electoral que podría tener, no planea eliminarlo porque los impuestos progresivos, como este, son "correctos". Lo que sí se propone es revisar el mínimo imponible.

A diferencia de lo que se podía esperar hace un tiempo, la educación no estuvo en el centro de la discusión electoral. Sin embargo, Da Silveira considera que es preciso comparar con otras campañas para constatar un "avance" en cuanto a "propuestas" e "intercambios". En ese sentido, reconoció que si bien los técnicos de los distintos partidos han llegado a "amplios consensos", eso no se pudo volcar en un pacto sobre cómo superar el estado actual.

Ganen o no, "queda un nuevo estilo de política"
Ellos confían en que ganarán las elecciones —lo aclaran siempre— pero aunque eso no suceda, el balance que hacen de la campaña que realizaron es positivo. No solo porque el Partido Nacional ganó un nuevo líder evidente en Luis Laca-lle Pou, sino porque, a su juicio, lograron instalar "una nueva forma de hacer política", y eso es parte de lo que se propusieron. "Teníamos el objetivo ambicioso de traer aires de renovación a una forma de hacer política que nosotros veíamos envejecida, de aplicación automática de mayorías y perdiendo mucho atractivo", dijo a El País Pablo Da Silveira, coordinador programático y candidato a ministro de Educación de Luis Lacalle Pou.

En virtud del tiempo que lleva participando de la campaña, es mucho más lo que puede reflexionar Da Silveira, que está cerca de Lacalle desde hace un año y medio. La mirada de este filósofo de 52 años es la siguiente: ganen o pierdan, se consiguieron las cosas que se habían propuesto. "El objetivo no era simplemente preparar a un candidato para competir en unas elecciones, sino también instalar una manera distinta de hacer política" (ver nota aparte).



Lo que queda después de estas elecciones es, según Da Silveira, un cambio tanto a nivel generacional como de discurso. "Hicimos un sacudón que llevará aires de renovación generacional a todas partes. A nosotros nos molestaba mucho que se tomara con naturalidad un estilo de hacer política basado en la descalificación del otro y en el uso ofensivo del lenguaje, así como la idea de que solo uno está preparado para gobernar. Creo que como mínimo conseguimos convertir eso en un tema, que se hable de si eso es bueno o no para la democracia", consideró.

Tanto Da Silveira como Azucena Arbeleche, candidata a ministra de Economía de Lacalle, sienten el peso de la "responsabilidad" en las expresiones de confianza de quienes se dicen votantes blancos. En ese sentido, Da Silveira subrayó que ha recibido comentarios como "jamás pensé que votaría al Partido Nacional, y ahora lo voto", o "hace años que no voto a los blancos, y ahora los voto". También hay gente que le ha dicho "hace años que no votaba ilusionado o contento".

A Arbeleche le cayó la cuenta de esa "responsabilidad" en dos instancias claras. Una fue a la vuelta de una ida a Buenos Aires, cuando un joven la corrió en el aeropuerto y le pidió un autógrafo. A ella le impactó (está más acostumbrada a las fotos), y le preguntó si estaba seguro. "Sí, yo los voto y confío en el cambio", contó ella que le respondió. La economista quiso firmarle la agenda de gobierno que llevaba a cuestas para transmitirle así que su esperanza tenía detrás "compromisos concretos". También sintió el peso de la responsabilidad el sábado pasado, cuando en una caravana por Montevideo muchos la llamaban por su nombre y la miraban a los ojos.




0
0
0
0
0No comments yet
      GIF
      New