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Los titanes del ring tecnologico



"Utilizaré hasta mi último aliento si es necesario y gastaré hasta el último centavo de los 40 mil millones de dólares que tiene Apple para enmendar este error. Voy a destruir a Android porque es un producto robado. Estoy dispuesto a desatar una guerra nuclear”. Estas palabras de Steve Jobs, fundador de la empresa aparecen en su autobiografía póstuma y demuestran su obsesión por aniquilar el sistema operativo de celulares creado por Google y adoptado por uno de sus principales competidores: Samsung. El afán de Jobs originó una millonaria y feroz batalla legal que partió en 2011 y que sigue hasta hoy, convirtiéndose junto a otros combates entre empresas como Sony y Microsoft en una de las guerras más intensas del mundo tecnológico.

En el caso de Apple la trinchera está trazada en torno a las patentes generadas por el iPhone, un celular que rompió esquemas al incluir opciones como acceso fluido a internet y una pantalla táctil altamente sensible. El aparato fue lanzado en 2007 tras cuatro años de trabajo marcados por el secretismo impuesto por el mismo Jobs, quien instauró prácticas como el uso del nombre clave “proyecto púrpura” para ocultar el verdadero propósito de sus ingenieros.

Su recelo no terminó ahí: también ordenó instalar cámaras que grababan todo lo que hacían los diseñadores y cuatro puertas automatizadas que registraban el ingreso de las personas al laboratorio de diseño. Incluso, en la entrada principal colgaba un cartel que sólo decía “El club de la pelea”, en alusión a una frase de esa película que planteaba que nadie hablaba sobre el club o lo que ocurría en él.

El impacto del iPhone fue casi inmediato: en 2008 las ventas del primer modelo llegaron a 6,9 millones de unidades, superando al hasta entonces popular BlackBerrys lo que convirtió a Apple en el tercer mayor fabricante después de Nokia y Samsung. La compañía coreana tomó nota de la amenaza y en 2010 convocó una reunión de emergencia ante la progresiva caída en ventas de sus equipos estrella como el Galaxy i7500, el cual usaba Android. Los ejecutivos de Samsung le ordenaron a su equipo crear algo tan atractivo y sencillo de usar como el iPhone.

Un escuadrón de diseñadores se puso a trabajar y, según describe la revista Vanity Fair en su número de junio, el resultado fue un informe de 132 páginas que detallaba más de 100 ventajas del iPhone frente a los smartphone Samsung existentes y en desarrollo. Entre los puntos a favor de Apple estaba el calendario perfectamente legible, la facilidad para cortar llamadas y una conexión Wi-Fi que se activaba con un toque. Así, el nuevo equipo que preparaba Samsung comenzó a parecerse cada vez más al iPhone. Misteriosamente, sus iconos y anatomía se volvieron sumamente similares, tanto que al verlo un ejecutivo de Google, que provee el sistema operativo Android que usan esos móviles, se alarmó y sugirió que se hicieran cambios para evitar suspicacias.

En marzo de 2010, J.K. Shin, presidente de comunicaciones móviles de Samsung, anunció con bombos y platillos el celular Galaxy S y los ejecutivos de Apple entraron en shock al verlo. Según Vanity Fair, Christopher Stringer, uno de los diseñadores del iPhone, no podía creer que Samsung simplemente hubiera copiado sus ideas que les costaron años de trabajo y pruebas: “Nos plagiaron”, concluyó.

El paso siguiente fue la Corte de Justicia y una serie de demandas y contrademandas. En abril de 2011 Apple presentó la primera y acusó a Samsung de copiar la apariencia y funciones del iPhone, pero Jobs ya, con serios problemas de salud, había dejado su cargo de presidente en manos de Tim Cook: “Él no se tomó los litigios de forma tan personal y en varias ocasiones dio señales de ablandarse. En abril de 2012, tres meses antes de que la primera demanda llegara a juicio, Cook dijo en una conferencia que ‘prefería llegar a acuerdos en lugar de combatir’”, escribió Shara Tibken, analista del portal CNET.

En agosto de 2012 los tribunales de Estados Unidos le dieron la razón Apple y determinaron que Samsung pagara 1,05 mil millones de dólares por perjuicios, cifra que luego se redujo a 930 millones y que la empresa coreana sigue intentando reducir. En una segunda demanda, que fue a juicio en marzo de este año y que abarcaba el uso de opciones como deslizar el dedo para desbloquear la pantalla del teléfono, el jurado reconoció algunos de los alegatos de Apple, pero también dictaminó que la empresa había infringido una de las patentes de Samsung.

Hace algunas semanas, ambas empresas acordaron abandonar sus litigios fuera de Estados Unidos, pero los que ya se presentaron en ese país seguirán vigentes. “Aun cuando los juicios iniciales se acabaron, las partes no han recibido hasta ahora ningún dinero. Ni tampoco hay vencedor claro. Se estableció que Samsung no violó todas las patentes de Apple y esta empresa recibió mucho menos de lo que buscaba, especialmente en el juicio de este año. Quería 2,2 mil millones de dólares por la vulneración de cinco patentes y obtuvo menos del 6%. Aún queda mucho para ver como se resolverá todo”, escribe Tibken.

Amazon es la tienda con la mayor selección de productos del mundo y sólo en Estados Unidos ofrece más de 200 millones de cosas. Según la revista Forbes, dentro de sus ventas, los e-books aportan unos 530 millones de dólares en ganancias.

Tal vez no es mucho para una empresa que factura más de 74 mil millones de dólares al año, pero para Amazon los libros electrónicos son sumamente atractivos porque margina casi 30% por cada uno. Eso justifica incluso salir a pérdida con la fabricación de su lector de e-books Kindle, cuyo precio es más alto que el de venta. En un intento por elevar aún más las ganancias la empresa quiso igualar el precio de todos los e-books en 9,99 dólares, medida que no gustó a las grandes editoriales como Simon & Schuster, Penguin y Hachette, que consideran que cada libro tiene un valor distinto de acuerdo a su autor y contenido. Amazon, por su parte, argumenta que no se justifican precios superiores si se considera que los e-books no generan gastos como impresión o almacenaje. Y la disputa se ha ido agriando: Hachette, que reúne a autores best seller como Stephenie Meyer (Twilight) y Malcolm Gladwell (Outliers), se resistió a la medida y Amazon canceló la preventa de cinco mil títulos de la editorial, eliminó los descuentos o retrasó los despachos.

Los autores también reaccionaron: casi mil escritores, entre los que están Stephen King y J.K. Rowling, publicaron en el New York Times un inserto en el que criticaron duramente a Amazon. En el aviso, los autores instan a la empresa a que deje de “dañar el sustento de los autores sobre los que ha construido su negocio”.

“Si las editoriales pierden influencia, la literatura podría terminar siendo dominada por las fuerzas de la economía, reduciendo el número de libros interesantes o atrevidos. Amazon y Hachette pueden sostener una pelea larga, pero imaginemos el temor de algún autor recién publicado. Sigo usando Amazon, pero si quiero un título Hachette voy a Barnes & Noble”, escribió Steve Dent, del sitio de tecnología Engadget. La pelea seguirá.

Aunque no tiene la virulencia de las otras batallas, la disputa por los usuarios entre las redes sociales más populares sigue latente. Hace poco, tanto Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, como Dick Costolo, presidente de Twitter, declararon cada uno por separado, que el objetivo de sus empresas es conectar a todas las personas y operar como plazas globales de encuentro, y en ese objetivo no necesariamente actúan como complemento sino que se tropiezan.

Por ahora, aunque se ha hablado de que Facebook está perdiendo influencia entre los clientes, sigue siendo el vencedor: tiene 1,23 mil millones de usuarios activos versus los 232 millones de su rival y sus ganancias para 2014 podrían llegar a 10 mil millones de dólares, 10 veces más que las de Twitter. A pesar de esta clara ventaja, la guerrilla entre ambos sitios continúa y la red de Zuckerberg recientemente implementó una función llamada “tendencias” que claramente replica los “trending topics” que han hecho conocido a Twitter.

Twitter contraatacó y se metió en uno de los nichos fuertes de Facebook: las fotos. Los usuarios suben alrededor de cuatro mil por segundo y por eso activó la opción de crear collages con hasta cuatro imágenes por tuit y la opción de etiquetar a quienes aparecen en ellas, tal como en la red de Zuckerberg. Richelle Anderson, dueña de Lighthouse Web Designs, señaló a Nanoexpressnews.com que el “rediseño de la app de Twitter para celulares facilitará aún más que sus usuarios se conecten y compartan sus vidas”. Está por verse cómo va a responder Facebook.

A mediados de 2013, pocos meses antes de que se lanzara la nueva generación de consolas de videojuegos, Microsoft divulgó un estudio que revelaba lo que estaba en juego para esa compañía y su competidora Sony. En total, el mercado mundial de estas máquinas y sus juegos suma 27 mil millones de dólares, un botín enorme para el que logre convertir sus consolas en las preferidas.

Microsoft apostó por promover su Xbox One, que acaba de llegar a Chile, como un centro de entretenimiento, con funciones como películas en línea y chat vía Skype, mientras Sony perfiló su equipo Play Station 4 como una consola de juegos sumamente sofisticada, que se concentra en dar la mejor experiencia en juegos antes que sumar tantas funciones. Los resultados parecen darle la razón ya que PlayStation 4 ha vendido el doble que su competencia.

Lo peor para Microsoft es que, según cifras de la consultora Nielsen, el 31% de los nuevos dueños de PlayStation 4 ni siquiera tenían la versión anterior sino que poseían una Xbox 360 o una Wii de Nintendo. Pero al parecer el factor clave fue el precio: en un comienzo la máquina de Sony valía 399 dólares contra los 499 de la Xbox One. Desde entonces ha comenzado una batalla de precios y Microsoft igualó el precio de Sony, lo que la llevó a duplicar sus ventas. Hoy intenta recuperar terreno con distintas versiones de la consola.

Hace cinco años el empresario estadounidense Travis Kalanick estaba en París y no podía encontrar un taxi. Bromeando con sus amigos, dijo: “Me encantaría pedir un Mercedes presionando sólo un botón”. El resultado de esa inquietud fue Uber, un exitoso servicio que permite conseguir taxis premium con modelos de lujo que se ha expandido rápidamente a más de 30 países, incluido Chile a donde llegó en 2014.

Pero del mercado de traslado de pasajeros pasaron al del reparto inmediato de productos, que se está convirtiendo en un nuevo y lucrativo nicho en disputa que los tiene enfrentados con Google y Amazon. Esta última empresa fue la primera que se adentró en este terreno, al anunciar que usará drones para distribuir al instante los pedidos de sus clientes en áreas urbanas de Estados Unidos.

Luego, Google inauguró una opción similar llamada Shop Express y que gracias a convenios con varias tiendas permite comprar bienes como ropa o cámaras fotográficas y recibirlos en el transcurso del día vía courier. La plataforma que Uber puso a prueba en Washington se llama Corner Store y permite que sus usuarios ocupen la aplicación para comprar más de mil productos desde remedios hasta pañales, que luego son recogidos y repartidos por los choferes de la empresa en forma gratuita.

Harrison Weber, editor del portal de tecnología VentureBeat, explica que el experimento muestra cómo la logística del comercio electrónico, ese lado que casi nunca se ve, se está convirtiendo en su área más crítica. Todo apunta a conseguir que los usuarios ocupen un único servicio que compre, reparta y entregue. El premio es grande porque significa dominar toda la cadena de consumo. “Uber es un negocio de logística y desea adueñarse de la forma en que las personas, los productos y otras cosas se mueven del punto A al B”, explica.

Como es un mercado tan masivo y mueve tanto dinero -sólo el mercado de provisiones en Estados Unidos mueve 600 mil millones de dólares al año- seguramente controlar este mercado va a sacar chispas. “Uber no le tiene miedo a la competencia, especialmente luego de haber revolucionado el transporte público y desatar la ira de los servicios de taxis. Esas empresas han hecho un gran lobby para desterrar a su competencia y Uber ha sido prohibido en Australia y Alemania. Además, en respuesta a ofensivas similares en Estados Unidos, Uber contrató a David Plouffe, ex consejero del Presidente OBama, para pelear contra el llamado ‘cartel de los taxis’. Si Uber persiste con sus aspiraciones en el mercado del reparto, frente a pesos pesados como Amazon y Google, seguramente deberá enfrentar un combate similar”, escribe Rory Betteridge, del sitio especializado Powerretail.com.au.




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