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Los transportistas ponen condiciones para activar otro paro








Hugo Moyano y Luis Barrionuevo tal vez se apuraron en dar por hecho un nuevo paro naciona l en el corto plazo. Lo habían lanzado como amenaza antes de la medida de anteayer y lo ratificaron con insistencia después de comprobar el impacto y el alto acatamiento de lo que fue la huelga que originalmente se gestó entre los gremios del transporte.

Tal vez con la intención de disputarles el centro de la escena a los referentes de las CGT opositoras, Mario Calegari, vocero de Roberto Fernández, el jefe de los colectiveros, condicionó la participación de su organización a una nueva medida de fuerza. "Desde la UTA buscamos la unidad del movimiento obrero. Nuestra participación en una nueva protesta deberá tener el consenso de los tres sectores", fijó posición el colectivero.

De esta manera, pierde fuerzas la estrategia que blanquearon Moyano y Barrionuevo, que fantasean con un paro de 36 horas y una movilización a la Plaza de Mayo para la víspera del Día del Trabajador. Hasta anoche, con la huelga del 31 aún sin digerir ni analizar, gremialistas de diferentes centrales coincidían en que lo más probable es que se acuerde en una protesta en las narices de la Casa Rosada.

Otra opción, aunque manejada únicamente entre los transportistas, era volver a activar paros sectoriales y escalonados. "No sé cuál va a ser la protesta. Si tenemos que hacer un paro, tiene que ser de 24 o de 36 horas para darle volumen a la protesta. Y si no, hay otras maneras de protestar: no trabajar feriados y no hacer horas extras", sugirió el ferroviario Omar Maturano, uno de los impulsores del reclamo de anteayer.

Por el momento, la única certeza es que el 14 del actual se reunirán los 22 gremios del transporte que reflotaron la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT).

Atento a lo que puedan definir los transportistas, Moyano, que cuenta en la agrupación con hombres propios, resolverá si da curso al congreso confederal de la CGT que propuso Barrionuevo para avanzar en un plan de lucha, que contemplaría otro paro y una movilización. A esta movida le falta madurez. Mucho más tras la confesión de Moyano, que reconoció en la intimidad que no volvería a parar si no es con la adhesión del transporte público de pasajeros.

La UTA, como los ferroviarios, tiene sus paritarias en curso, con acuerdos temporales que están próximos a vencer. Ambos sindicatos acordaron sumas a cuenta para postergar la negociación y evitar cerrar un porcentaje de aumento ante la incertidumbre inflacionaria.

El Gobierno aprovecharía la negociación salarial para persuadir a los gremios y desalentar cualquier eventual protesta. Desde el kirchnerismo, además, volverán a enrostrarles a los huelguistas que su actividad se mantiene viva gracias a los subsidios que otorga el Estado. Un dato: de los 21.000 empleados que se reparten las empresas de transporte de pasajeros de media y larga distancia, 17.647 son beneficiados por los fondos de Recuperación Productiva (Repro), un plan de contingencia para sostener el empleo que consiste en un auxilio de $ 2000 por trabajador. Surge así de un informe del Ministerio de Trabajo de fines del año pasado.

El jefe de la CGT oficialista, Antonio Caló, evitó ayer explayarse sobre el impacto del paro. "Fue un paro del transporte y los demás sectores adhirieron", minimizó el metalúrgico. Otro jerárquico de la central cercana al Gobierno rechazó un acercamiento con el sindicalismo opositor. "La unidad no tiene quórum", dijo, seco y tajante.
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