Los vínculos entre Macri y Rousselot



La firma del leonino contrato del Plan Cloacal Morón no fue el único vínculo entre Mauricio Macri y Juan Carlos Rousselot. Hay vasos comunicantes que se remontan a la mafia italiana, cruzan la última dictadura militar y desembocan en la fiesta menemista de los 90.

Rousselot se hizo conocido como locutor en los albores de la televisión argentina, allá por los años sesenta. De filiación justicialista, se arrimó en 1974, durante el gobierno de Isabel Perón, al por entonces todopoderoso José López Rega, Ministro de Bienestar Social y creador de la siniestra Alianza Anticomunista Argentina un grupo terrorista de ultraderecha que practicó atentados y asesinatos selectivos para exterminar a la izquierda del peronismo.

En septiembre 1974 fue designado director general en Canal 7. Luego secretario de Prensa del ministerio de López Rega y en noviembre, coordinador general de prensa y difusión del Ministerio. En un reportaje que le realizó la revista Las Bases, Rousselot definió a su jefe así: “López Rega es el hijo pródigo de Perón. Don José, en el mundo del caminante de todos los días, es una bellísima persona”.

Por entonces, Il Capo de la famiglia y padre de Mauricio, Franco Macri, solía visitar los despachos de Don José, convertido a partir de la muerte de Perón, en julio del 74 en una especie de Primer Ministro. Franco lo distraía hablando de esoterismo y no perdía el tiempo en lo que realmente le interesaba.

Por entonces el Grupo Macri se trasformó en un verdadero holding con la adquisición de empresas constructoras, paquetes accionarios del Banco de Italia y Río de la Plata, mientras participaba de proyectos de infraestructura energética y de distintas contrataciones con el Estado.

El otro punto de contacto entre los Macri, Rousselot y López Rega era la relación con uno de los hombres más influyentes de Italia de los 90: Licio Gelli, el líder de la Logia P-Due, una organización mafiosa involucrada en la quiebra del Banco del Vaticano y algunos atentados.

Entre los miembros de la siniestra organización tallaba curiosamente un marino que participaría años más tarde en el derrocamiento del gobierno de Isabel Perón: el Almirante Emilio Eduardo Massera, condenado por violaciones a los derechos humanos, asesinato, tortura y privación ilegal de la libertad, a la pena de prisión perpetua.

Ya en dictadura, Massera, a través del apoderado de su Partido para la Democracia Social, Carlos Cañón, le ofreció un trabajo en el diario El Atlántico de Mar del Plata, desde donde pudo reinsertarse en los medios.

Los Macri no la pasaron mal durante la dictadura. Mientras Massera secuestraba, torturaba y asesinaba y Martínez de Hoz abría las fronteras y destruía la industria nacional, el grupo continuaba con su meteórico crecimiento: entre 1973 a 1983, los Macri pasaron de siete firmas a un conglomerado de 50 empresas.

Horacio Verbitsky, en su libro “Hacer la Corte” sostiene que el acuerdo entre Macri y Rousselot fue precursor del modelo de relación con los grandes grupos económicos que impondría el menemismo en todo el país.

“La comisión investigadora probó que el contrato había sido elaborado íntegramente en las oficinas de Sideco, que la municipalidad garantizaba el negocio y pagaba durante veintidós años, el 20% de la totalidad del padrón de morosos, según tarifas que podían ajustarse hasta el doble del índice de precios al consumidor”, narra el libro.

Según Verbitsky, “el Concejo Deliberante no había votado partida alguna para ello. Si se hubiera negado, Rousselot habría debido incurrir en malversación, desviando fondos de otras partidas, o incumplir el contrato recién firmado”.

“En toda la tramitación no intervinieron funcionarios de la planta permanente de la municipalidad, ni el director de asuntos jurídicos, ni el secretario de Hacienda, ni el Contador municipal, ni el secretario de Obras Públicas, ni el Subsecretario de Planeamiento fueron consultados”, remata el libro.