Popular channels

Macri afronta su quinto año con signos de desgaste



Desde que me lancé a la aventura de presidir Boca participé de muchas campañas. Pero esta fue diferente a todas. Cuando apenas empezaba, Juliana (Awada) me dio la alegría inigualable de anunciarme que iba a convertirme en padre, por cuarta vez, a los 52 años. Durante semanas, mientras veía cómo Antonia crecía en su panza, el increíble amor y comprensión de Juliana se convertía en el otro combustible que me impulsaba a seguir adelante detrás del objetivo que me propuse cuando decidí dedicarme a la política: contribuir a hacer más feliz la vida de la gente.” La frase no es el mensaje de un spot, ni forma parte de un manifiesto, pero integra el prólogo de Juntos venimos bien. Crónica visual de una campaña, un libro virtual de 214 páginas que lleva la firma del jefe de gobierno Mauricio Macri y fue estrenado por el equipo de comunicación del PRO antes de la asunción del segundo mandato, que comenzó el 9 de diciembre de 2011. Dentro del macrismo ese recuerdo todavía está fresco, pero el paso del tiempo ha comenzado a dejar su marca desgastante: Antonia ya cumplió sus primeros seis meses de vida y el gobierno local de su padre acumula 53 meses de gestión. Son los días del quinto año de gobierno PRO en la Ciudad, un ciclo que, según dicen alrededor del magnate, comenzó a quitarle el buen humor que mantuvo durante esa campaña “diferente”, que le permitió ganar su reelección con el 64% de los votos en segunda vuelta.
De aquella algarabía, que también se vivió en diciembre, queda muy poco sobre el escritorio del alcalde. Ya no están los elogios para ese equipo que lo rodeaba, colmado de “mucha gente valiosa”; ni tampoco aparecen los planes para refundar la ciudad durante “el año cinco”. En su lugar, hay un intrincado mapa de estrategias para sacar a “al jefe” de un atolladero que empezó a principios de año, cuando las negociaciones con la Casa Rosada para la devolución del subte, se transformaron en una pelea judicial que podría terminar en la Corte Suprema de la Nación, con un fallo que, según los propios expertos del PRO, le ordenará a la Ciudad hacerse cargo de las seis líneas del subte y del Premetro. Ese punto, junto con la nueva pelea que mantiene la Ciudad con la provincia de Buenos Aires por el enterramiento de la basura porteña, son los nuevos límites de combate de la administración PRO. Para sus asesores, ambos temas son el anticipo de lo que vendrá: una larga batalla con la Casa Rosada, que deberá ser contrarrestada con el virtual adelantamiento de la campaña electoral. Esa nueva “fuga hacia adelante”, no sólo contará con los mismos timbreos barriales que el alcalde protagonizó hace un año, sino que estará acompañada de la intervención de todos los funcionarios y legisladores macristas. “Todos tenemos que salir a defenderlo a Macri, en todos los temas que diga y sin desautorizarlo”, confió un miembro del Gabinete PRO, que tampoco oculta su desacuerdo por la nueva estrategia que llevará adelante para confrontar con la Nación. Ese malestar es compartido por un sector mayoritario de ministros macristas, que desde que recibieron la directiva de rasgarse las vestiduras por su líder, hicieron todo lo contrario y se escudaron en un discreto silencio de radio. Esa actitud es nueva para el año 5º de gestión PRO, pero arrancó en Semana Santa, cuando el área metropolitana afrontó el temporal más grave de las últimas décadas. La tragedia dejó en evidencia que Macri estaba de viaje vacacional por la Patagonia con Juliana, que su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta había partido junto a su familia a Miami, y que su ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, había hecho lo propio, junto a su esposo, en Uruguay.
“Nadie le dijo a Macri que volviera a atender la crisis, o que hiciera volver a sus ministros a poner el cuerpo, pero lo peor es que cuando regresaron, no hubo mención del error, ni adentro, ni afuera”, se queja un funcionario que pide reserva para evitar ser castigado por hablar con Tiempo Argentino. Esa preocupación no le impide señalar al secretario general de gobierno, Marcos Peña, como uno de los principales responsables de esa nueva fuga hacia delante, y al creativo estrella del PRO, Juan Manuel Ricciarelli, dueño de la agencia boutique DON, que habría incluido en su staff a Agustina, la hija de 22 años del alcalde que estudia cine. “Papón”, como le dicen en el mundo publicitario, tuvo a su cargo el diseño de la última campaña electoral del macrismo junto a Miguel De Godoy, actual secretario de Medios del PRO, y dueño de la consultora MDG que tiene entre sus clientes a importantes amigos del gobierno PRO, como Farmacity y McDonald´s. La empresa podría dejar de ser un problema de incompatibilidades para De Godoy, si se concreta la posible venta a un comprador tan norteamericano como los amigos del gurú ecuatoriano Jaime Duran Barba, que llegó al equipo PRO, tras la venia “de Miguel”.
Sin embargo, el abanico de relaciones tirantes también roza al ministro de Ambiente Diego Santilli, que mantiene una dura relación con Rodríguez Larreta desde principios de año, cuando el premier intervino su cartera por la licitación de la basura para conocer sus conexiones con el líder de la CGT, Hugo Moyano. Esa lista se engrosa con Jorge Lemus, de Salud, y con Daniel Chain, de Desarrollo Urbano. Ambos ministros han soportado duras críticas por el enfriamiento de sus ministerios, dos herramientas que fueron consideradas cruciales para afrontar la extrema aridez del año 5º, una etapa donde la nueva fuga hacia delante todavía no demostró su eficacia, a pesar de los millones invertidos.



El desgaste del año cinco vino acompañado con una abrupta caída en la imagen positiva a nivel nacional del jefe de gobierno Mauricio Macri. Según una encuesta realizada en mayo, por la consultora Analogías, el alcalde tuvo una imagen positiva superior al 63% en agosto, poco después del ballottage. Sin embargo, desde entonces afrontó una caída que, en febrero, con el endurecimiento del conflicto por la transferencia del subte, lo llevó a registrar 37,9 puntos de imagen en febrero y 39,3 en mayo, con una merma superior al 50 por ciento. El dato forma parte del menú de encuestas que tiene el macrismo sobre el deterioro de la imagen de su candidato favorito, uno de los temas más discutidos dentro del PRO y del Ministerio de Gobierno conducido por Emilio Monzó que, ante la urgencia, aceptó lanzar ayer en Rosario la corriente del PRO-peronismo encabezada por su enemigo íntimo Cristian Ritondo, actual vice 1º de la Legislatura.




CLICK EN LA IMAGEN
0
0
0
0No comments yet