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Macri, igual que Kirchner: a todo o nada



Esto es a todo a nada”. Mauricio Macri repitió esa consigna, casi de guerra, ante cada funcionario que se le acercó para sugerirle una salida política a fin de superar el conflicto por las tarifas. El Gobierno hace más de un mes y medio que convive con ese martirio que lo condena a un desgaste popular.

El Presidente es en estas semanas un hombre diferente al que muchos conocieron en los primeros meses de ejercicio del poder. Ante el problema del tarifazo elude las conciliaciones. En el resto sigue más o menos igual. A un funcionario que lo escuchó hablar sobre la “madre de todas las batallas” se le erizó la piel y congeló la sangre. Quizás porque esa combinación de palabras remitió a otro ex presidente, a otro pleito traumático y a una derivación que terminó marcando toda una época. Néstor Kirchner bautizó de ese modo la pelea con el campo detonada en 2008 por la resolución 125. Esa batalla la perdió finalmente en el Congreso pero le sirvió para inaugurar un ciclo de hostilidades permanentes que se acentuaron con su muerte repentina. Con Cristina Fernández en la soledad del mando.

Esa historia no podría repetirse porque el pleito es de otra naturaleza. También las personalidades y la matriz política de Macri y de Kirchner, en demasiados sentidos, no encuentran ninguna equiparación. Sólo los emparentaría ahora el empecinamiento. El Presidente aguarda, antes que nada, un laudo favorable de la Corte Suprema. A partir de ese momento estaría dispuesto a abrir de nuevo sus brazos. El ex presidente empujó, en cambio, la dilucidación de la puja con el campo al Congreso. No vaciló ni cuando su propia tropa se fisuró. La derrota lo hizo aún más hosco.

Macri está convencido de que la política tarifaria es un atributo del Poder Ejecutivo. Es el reconocimiento que espera del máximo Tribunal. Allí las aguas todavía se dividen. Sin esa herramienta considera inviable la posibilidad de recuperar los servicios y concederle racionalidad al costo objetivo que ellos tienen. Sin esa herramienta se hipotecaría la meta de empezar a equilibrar el déficit fiscal. Las cifras blandidas desde el oficialismo asustan. Juan José Aranguren habló de un bache inmediato de $ 22 mil millones si no puede ejecutarse la refacturación con el tope del 400% que fijó el Gobierno, después de la mala praxis que disparó ese incremento por las nubes. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, proyecta una valoración global más aterradora. Habla de $ 80 mil millones que significarían un golpe letal para el Gobierno y su idea de reanimar la economía por medio de la obra pública.

El macrismo acopia antecedentes jurídicos para adjudicarse la razón. Remite en primer lugar a un fallo de la Corte Suprema votado por unanimidad a mediados de 2013, a raíz de amparos por cargos tarifarios en el gas que iban a ser destinados a la realización de obras de infraestructura. Eran tiempos de Julio De Vido en el Ministerio de Planificación. Dos de los cinco jueces (Elena Highton y Raúl Zaffaroni, ahora fuera del Tribunal) subrayaron en sus fallos que “esta Corte ha reconocido que la potestad tarifaria reside en el poder administrador”. Opinaron, a propósito, que “ninguna tarifa tiene validez legal sin una ley o decreto que la autorice, pero una vez establecida ella es obligatoria para el público y para el concesionario”. En ese punto los jueces repararon en un dictamen del 2010 de la Procuración General, a cargo entonces de Esteban Righi. Fue eyectado en el 2012 por Cristina con motivo del escándalo Ciccone que hoy mantiene procesado a Amado Boudou. El otro caso también posee como referencia al Ministerio Público. La fiscal ante la Corte Suprema, Irma García Netto, en una causa del 2014 planteada por Camuzzi Gas Pampeana, estableció a fines de abril de este año que el aumento de tarifas constituye una atribución del Gobierno que la Justicia no estaría en aptitud de impedir. Esa apreciación contó con la venia de Alejandra Gils Carbó, quien incluso realizó una serie de consultas entre especialistas. García Netto actuó siempre ligada a ella. Su ascenso como fiscal ante la Corte respondió a dicho vínculo.

El Gobierno se encargó de enviar señales a los jueces de la Corte. Como para asegurarles que su fallo no caería en un vacío. Nueve gobernadores respaldaron la reformulación tarifaria. Cinco son peronistas. También se sumó el socialista de Santa Fe, Miguel Lifschitz, valorado por Macri como el más opositor. El ministro de Energía aceptó reunirse con siete ex secretarios de su rubro que criticaron duramente la política energética del kirchnerismo. Pero que cuestionaron, además, la impericia macrista. Mensaje también destinado a distender el clima interno. El radicalismo objetó el comportamiento del Ejecutivo. Sin los ruidos que caracterizaron las críticas de Elisa Carrió.

La llamada “madre de todas las batallas” tuvo ciertos efectos colaterales para Macri. El oficialismo padeció en la Cámara de Diputados. Allí, por primera vez en siete meses, las oposiciones diversas se juntaron para conseguir quórum y amenazar con un proyecto de rechazo al aumento de las tarifas. Como no había existido dictamen previo el macrismo exigió la votación con los dos tercios. Una suma inalcanzable para aquellos.

¿Fue una jugada apresurada de la oposición? ¿O lo fue sólo para sacar rédito político? El Frente para la Victoria, el Frente Renovador y el PJ disidente difícilmente no supieran sobre la imposibilidad de consumar el objetivo. ¿Por qué motivo no se preocuparon antes por emitir un dictamen en la Comisión de Energía que domina con comodidad? Quizá para evitar el protagonismo de De Vido, que la comanda. En su ámbito figuran 22 proyectos de los 51 existentes sobre el rechazo tarifario. El ex ministro no sólo es la cara visible del desastre energético. Arrastra además procesamientos en causas de corrupción de la década K. Pocos desean mostrarlo como estandarte contra Macri en la pelea por el tarifazo.

El macrismo, con la conducción del titular de Diputados, Emilio Monzó, y del jefe del bloque radical, Mario Negri, descomprimió el panorama apelando a un recurso parlamentario en desuso desde la década del 90. Propuso que Aranguren sea interpelado el martes por el plenario de Comisiones. El último registro data de 1996 en una aquellas fogosas apariciones de Domingo Cavallo, poco antes de su renuncia.

El macrismo presume que el segundo semestre en el Congreso no resultará, a lo mejor, floreciente como el primero. Entre varias razones, por la crisis irresuelta que sigue atravesando a kirchneristas y peronistas. También, por el perfil nuevo que diseñaría Sergio Massa pensando en las legislativas del año que viene. El diputado de Tigre pretende mutar su papel de colaborador suave del Gobierno, como quedó estampado estos meses, en otro de sesgo más opositor. Aunque tal equilibrio no sería sencillo. Los extremos de la oposición siempre corren por cuenta de Cristina y los ultras que aún la rinden fidelidad.

La ex presidenta circunscribe las actividades a su secta. Participa escudada por militantes. Lo hizo así en la Villa 31. Comenzó la recorrida del Conurbano en los pocos distritos que controlan los K. Visitó a Hebe de Bonafini poniendo como excusa las 2 mil rondas que las Madres de Plaza de Mayo celebraron el jueves pasado. Y compartió un brindis belicoso contra Macri. Hubo otra lectura quizá subyacente: estuvo con la luchadora por los derechos humanos luego de su resistencia a la Justicia. Forzó al juez Marcelo Martínez de Giorgi a visitarla en la sede de las Madres para una declaración, que al final no sucedió, por el fraude de Sueños Compartidos. Un proyecto para la construcción de viviendas humildes que ni llegó a la mitad de su ejecución.

Tampoco pareció casual el convite que formuló a Daniel Scioli. El gobernador empezó a ser rozado también por denuncias sobre presunta corrupción. El ex gobernador es la segunda autoridad del PJ. Pero aquel gesto, en vez de acercar terminó distanciando a los dirigentes partidarios. De hecho Scioli resultó en ese ámbito blanco de fuertes críticas. ¿Qué estaría buscando el ex candidato a presidente? ¿La protección de Cristina? ¿O la renovada ilusión de ser bendecido por ella para las elecciones en Buenos Aires del 2017? Imposible explicarlo ahora. Porque el mismo Scioli suele ser inexplicable. El kirchnerismo carece hoy de postulantes en esa geografía clave.

El pejotismo catalizó aquel enojo adoptando determinaciones a disgusto del paladar de la ex presidenta. Formalizó la designación del ex diputado Oscar Lamberto como auditor general de la Nación (AGN). Forzó, en simultáneo, la renuncia de Ricardo Echegaray, procesado por Claudio Bonadio por falso testimonio. Se lo investiga por enriquecimiento ilícito. Resistió mientras pudo a pedido de Cristina. Pero había quedado aislado en la AGN y sin soportes en el PJ.

Cristina tiene razones más serias para su preocupación que aquel alejamiento de Echegaray. Lázaro Báez sigue amagando con hablar. Cada día tolera menos el encierro. José López asoma más expeditivo. Respondió un interrogante lanzado para enmarañar el escándalo de los bolsos en el monasterio. La ex presidenta había urgido investigar de dónde habían salido aquellos millones de dólares. De la política, la notificó su ex secretario de Obras Públicas.

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