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Macri trabaja : En la Villa 31 hay problemas de tránsito

Insólito: hasta en la Villa 31 hay problemas de tránsito










TUVIERON QUE COLOCAR SEMÁFOROS, REDUCTORES DE VELOCIDAD Y BOLARDOS



Una ciudad dentro de otra. Eso es la Villa 31, que con sus 40 mil habitantes no está exenta del caos de tránsito que martiriza a los porteños. Para paliar el tráfico que se genera dentro de la villa, el plan de urbanización ya contempló la puesta de semáforos, reductores de velocidad y bolardos para que los automovilistas transiten con más cautela.





Por ahora, hay tres semáforos en la calle 10 del sector Güemes, que conecta a la Villa 31 con la 31 bis. Pero la Secretaría de Hábitat del Gobierno de la Ciudad ya proyecta colocar dos más en el borde del asentamiento. Allí, donde la villa limita con la escuela Filii Dei, el tránsito es fatal.

Además, la sede operativa de los micros de larga distancia Flechabus se encuentra prácticamente dentro del barrio de emergencia, a metros de Retiro. Con estos micros que van y vienen, las combis escolares que entran y salen a las 12 y a las 16, y los 1.500 autos que se calcula transitan diariamente por el asentamiento, la zona se vuelve caótica.


"Más calles, más vehículos son consecuencia de la urbanización y requiere que trabajemos en los problemas cotidianos como la prevención y la educación vial", señaló Gonzalo Mórtola, coordinador general del Programa de Mejoras para la Villa 31 refiriéndose a la puesta de semáforos y reductores.


Con parte de las calles asfaltadas, y sin autoridades que controlen límites de velocidad, lugares de estacionamiento ni maniobras de los automovilistas, los delegados y consejeros de la 31 fueron los primeros en pedirle al Gobierno porteño soluciones para el tránsito. Algunos pocos reductores de velocidad ya comenzaron a instalarse, y se espera que una empresa de RSE done unos 40 más para los 8,3 km de villa que ya se urbanizaron, lo que representa el 50% del asentamiento. Una prueba piloto, incluyó lomas de burro, que no funcionaron porque se colocaron después de asfaltadas las calles y con el paso de los autos se corrían de lugar.


En la 31 no hay reglas. No hay límite de velocidad, no hay veredas y sus habitantes caminan en plena calle. Hay casas con cocheras propias, hay quienes estacionan los autos en la puerta, y muchos que zigzaguean los angostos pasillos para poder transitar. Hay niños andando en skate, un deporte prácticamente nuevo para un barrio que hasta hace poco tenía todas sus calles de tierra. Pero también hay motos. Y ése es otro de los problemas que quita el sueño allí dentro. "Se pueden ver familias enteras arriba de una moto o automóviles a alta velocidad", resaltó Mórtola. Por ahora, lo intentan combatir con talleres de concientización, a través de una ONG, pero en una villa donde no hay reglas, ni límites es una ardua tarea. Por eso, semáforos, reductores y bolardos, son los primeros pasos para intentar ordenar este insólito caos de tránsito dentro de la villa que más creció en los últimos años en la Ciudad de Buenos Aires.
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