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Mala Praxis

Luego de 22 meses de sufrir un lacerante dolor abdominal, Mabel Chevantón recibió una de las mejores noticias de su vida y el peor diagnóstico se transformó en un error médico. Con una tomografía mostrando una gruesa tumoración abdominal que interesaba intestino y anexos uterinos, los médicos pensaron que esta mujer de 44 años tenía en curso un cáncer que le dejaba muy pocas oportunidades de sobrevida.

Operada en 2004 en la Sala Auxiliar de Juan Lacaze(Colonia, Uruguay), un centro asistencial público, por un cuadro apendicular agudo, al abrir su abdomen el cirujano J.C.M. encontró que había un plastrón intestinal pegoteado a los anexos uterinos, e interesando al ovario derecho con adherencias derivadas del cuadro infeccioso. Con la cavidad abdominal a la vista, quedaba claro que la paciente padecía de una endometritis, enfermedad larvada si las hay, que lo obligó a quitarle la mayor parte del ovario derecho. Tras la intervención, Mabel Chevantón evolucionó bien, aunque nunca dejó de padecer dolores pertinaces en el vientre, que el médico tratante no pudo resolver.

En mayo de 2005, la paciente -aun con los dolores de la anterior operación sin resolver- debió volver a cirugía por un cuadro agudo que involucró al otro ovario, de seguro, debido a la misma causa que el año anterior la había llevado al quirófano.

La intervino de nuevo el mismo profesional, pero como en esta oportunidad no pudo eliminar completamente la causa de su patología, el galeno determinó que la mujer recibiera varias sesiones de radioterapia, que se aplicaron con éxito.

No obstante ello, la vieja dolencia del lado derecho persistía y el calvario de Chevantón se hizo insoportable, quedando sin respuestas ni farmacopea eficaz para el dolor.

Tras un largo peregrinar por el centro asistencial público, la mujer al final se trasladó a Montevideo a formular una consulta en las clínicas ginecológicas del hospital Pereira Rossell, donde fue ingresada en enero de este año. Allí fue estudiada de manera exhaustiva y su caso se presentó en el ateneo que realizan los docentes de los servicios ginecológicos del nosocomio, con un pronóstico que parecía muy sombrío, ya que una tomografía había revelado en la parte baja del abdomen la existencia de una gruesa tumoración interesando intestino y anexos uterinos.

Luego de sucesivas evaluaciones se resolvió llevar a la paciente al quirófano para resecar parte de esa tumoración, realizando una maniobra considerada paliativa ante un cuadro de evolución seguramente fatal, dado en peculiar compromiso que padecían los órganos nobles del abdomen bajo. El único hilito de esperanza era una punción que permitía descartar parcialmente la existencia de un cáncer. Así, trabajando contra toda esperanza, el cirujano esta vez encontró -para su grata sorpresa- que la tumoración supuestamente cancerosa, en realidad era un grueso encapsulamiento de una gasa que había quedado olvidada de la operación del año 2004.

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