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Mariano Oberlín: Gran parte de los desaparecidos provenía.

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Mariano Oberlín: Gran parte de los desaparecidos provenía de grupos cristianos


Es cura y continúa con la labor social que realizaba su padre antes de ser secuestrado por el Comando Libertadores de América. Un caso que se analiza en la megacausa La Perla.






En el nombre del padre. Mariano Oberlín reconstruye la historia de su padre desaparecido y continúa con su labor social a través de talleres-oficio para jóvenes




Mariano Oberlín es cura desde hace 11 años y está a cargo de la parroquia Crucifixión del Señor, de barrio Müller. A través de su labor pastoral trabaja con jóvenes de la zona con talleres-oficio para intentar darles una oportunidad para salir de la marginalidad –tal como lo hizo su padre– y alejarlos del narcotráfico y las drogas.

Mariano es hijo de Héctor Guillermo Oberlín, aún desaparecido, víctima de las horas más oscuras en las que comenzó a tejerse la red de complicidades que devino luego en el trágico golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

Héctor fue secuestrado por miembros del Comando Libertadores de América (la versión local de la Triple A), junto a su cuñado Ángel Baudracco, la noche del 8 de enero de 1976, de su propia casa, durante un asado familiar.

Mariano –que por entonces tenía unos tres años– dormía en esos momentos. El último destino conocido de su padre: el excentro clandestino de detención y exterminio La Ribera
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Su derrotero final busca luz en el debate que se desarrolla en los Tribunales federales de Córdoba a través de la megacausa La Perla, que se tramita desde diciembre de 2012.

Mariano reconstruye la identidad de su padre a través de múltiples relatos. Una de las personas que lo acompañó y marcó su camino fue el fallecido padre Justo Irazábal, conocido como el “Cura Vasco”, referente de los curas obreros.

En los ‘70 una comunidad de seminaristas se instaló en la inserción barrial “y mi viejo trabajaba con ellos”, recuerda hoy el párroco.

“Los talleres-oficio eran su fuerte y se ve que un poquito de eso heredamos porque a mí también me apasiona. Todo su trabajo siempre tuvo que ver con lo cristiano, tanto en las luchas políticas y sindicales, como en el trabajo cotidiano en la parroquia, en lo que iban haciendo para transformar el barrio”, relata.

–¿Terminaste siendo párroco en el mismo barrio?

–Sí, eso para mí fue impactante porque mi deseo de entrar al Seminario siempre tuvo que ver con lo social. Siempre le pedí al Obispo que quería ir a una parroquia humilde para poder servir de lleno a la gente más excluida, que después lo haga bien o mal es otra cosa (bromea). A mi vieja investigando en dónde podía haber estado mi papá, un día, en una oficina, le dijeron que ‘o se deja de joder o la desaparecemos a usted y a sus seis chicos’, y ya no se animó a seguir. Por la modalidad y la fecha, aparentemente quedó preso en La Ribera, lo fusilaron ahí y lo enterraron en las fosas comunes del cementerio San Vicente. Todo eso me enteré ya estando ahí, en esa parroquia, lugar en el que tengo una parte importante de mi historia.

–¿Cómo fue el secuestro?

–Entran (a la casa) a lo bestia, preguntan quién es Oberlín y cuando lo empiezan a llevar, mi mamá le dice a Ángel (cuñado de mi papá) que por favor fuera a buscar el DNI de mi viejo para que vean que no era a él al que buscaban y ahí se lo llevan a Ángel también. Dicen que fue muy violento, bastante rápido. Y que estaban vestidos de civil, en un Falcon verde.

– ¿Sabés por qué lo buscaron?

–Ahí hay de todo. Mi vieja que por un lado creía que se confundieron con mi tío que estaba en Montoneros. Un tío, la noche anterior a que se lo lleven, estaba por viajar a Buenos Aires y en la Terminal vio una lista de personas que iban a desaparecer y entre ellas estaban mi viejo y Ángel. De hecho, mi tío dice que los llamó y les dijo ‘como sea váyanse porque los están buscando. Hay una lista’, y mi viejo le respondió: ‘Tengo a mi familia y plata para llevar a todos no tengo y solo no me voy’; se quedaron y al otro día desaparecieron. Puede haber sido el tema del sindicato (Suoem), también pasó muy corto plazo por una organización pero se dio cuenta que no era lo suyo. Básicamente el trabajo en la villa, todo el laburo de promoción siempre fue visto por la derecha en todo el mundo como subversivo, como peligroso. Bastaba con el trabajo que él hacía nomás con curas tercermundistas, porque de hecho, de mi barrio desaparecieron varias personas.

–¿Cómo fue crecer con esta historia al hombro?

–No sé cómo es crecer con otra historia, la he naturalizado. Pasamos por distintos momentos. Yo personalmente nunca tuve demasiado drama de contarlo. Algunas de mis hermanas tenían miedo, pasamos una época muy fea. Vos decías que eras hijo de un desaparecido y te caían con toda la artillería verborrágica y por ahí mis hermanos no querían pasar por todo eso y decían que se murió en un accidente o en lo que sea. Más allá de que yo no tenía tanto problema en contarlo tampoco es que lo decía tan abiertamente. La verdad es que padecimos por mucho tiempo el silencio de una sociedad que más bien acusaba a quienes habían desaparecido en lugar de a quienes los habían hecho desaparecer. Desde que empezaron los juicios ha sido como un aire fresco para todos nosotros. Después de lo de mi viejo, mi vieja siempre siguió con la bandera de trabajar por los más pobres.

–¿Vos tomaste la posta?

–Yo creo que en este momento lo que más daño está haciendo es el tema de la droga, sobre todo la venta; muchísimas familias que viven de eso y toda la delincuencia que un negocio clandestino genera. Es rentable y es plata fácil y la falta de alternativas reales, la falta de educación de calidad, la misma situación del barrio, todo se va retroalimentando.

–¿Los ayudó la cuestión religiosa?


–La fe me ayudó a mantener la esperanza de reencontrarme con mi viejo pero además de pensar que se puede cambiar el mundo. Después también uno va escuchando historias de todo tipo. Sin ir más lejos, en la marcha (del 24 de marzo) que cantaban ‘Iglesia, basura, vos sos la dictadura’. No sé si hay alguna organización de las que lucharon en ese tiempo que haya perdido tanta gente como la que perdió la Iglesia. Digo, que hubo una parte importantísima de la jerarquía que fue absolutamente cómplice, no significa que toda la Iglesia haya sido cómplice, porque gran parte de las personas que murieron o fueron desaparecidas provenían de grupos cristianos y con el deseo de cambiar el mundo desde la perspectiva del Evangelio. Dentro de la Iglesia también tenés a (Miguel) Hesayne, (Enrique) Angelelli, (Jaime) De Nevares… hay una lista de obispos que se jugaron la vida, algunos hasta encontrar la muerte. En algún momento me hizo mucho ruido y me afectó mucho esta dicotomía.

–¿Falta una autocrítica de la Iglesia respecto a su participación en esta época?


Yo creo que sí. Creo que ha habido una autocrítica que otras instituciones y corporaciones como Clarín no las han hecho. Creo que nos falta mucho todavía de autocrítica pero creo que es una de las pocas instituciones, que al menos, muy tímidamente, algo de autocrítica hizo. Mis viejos siempre estuvieron ligados a la Iglesia con los curas tercermundistas, ellos tenían acceso a (el exarzobispo de Córdoba Raúl Francisco) Primatesta. Cuando desapareció mi viejo, mi mamá le fue a pedir personalmente que intercediera y él no la quiso recibir. Después me entero hablando con curas, tipos santos que estuvieron comprometidos en esa época, no sé si es cierto o no, que cada vez que Primatesta intercedía por alguien le hacían desaparecer a otra gente cercana a él. He escuchado eso y he escuchado todo lo contrario que estaba metido o que era cómplice. Mi vieja estuvo muy peleada con Primatesta mucho tiempo, hasta que un día fue a mi barrio a celebrar confirmaciones, y él, personalmente, fue a la casa de mi vieja a pedirle disculpas por no haber hecho nada en ese momento y le dijo “yo realmente no podía hacer nada”. Bueno, para ella ese fue un gesto muy importante.

–¿Creés que la designación del papa Francisco va a generar algún cambio?

–Los gestos que ha tenido el Papa hasta ahora van apuntando hacia cuestiones más profundas. Yo creo que aunque algunos interpreten que son gestos cosméticos, está generando mucho revuelo y está dividiendo las aguas claramente.


Elección por los pobres

Mariano cuenta que su madre, Olga, quedó sola y con seis hijos que mantener tras el secuestro de su padre. Trabajó como enfermera en un dispensario municipal. Ella y algunos de sus compañeros iban a los cortaderos de ladrillos –sin autorización del municipio–, para atender a los trabajadores y a sus familias. Allí comenzó a dar asilo a niños con distintos problemas en su propio hogar.



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