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Marion Cotillard: Estrella a su pesar



Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, cineastas belgas irredentos en su retrato de los desesperanzados, siempre se han resistido a trabajar con actores de relumbrón. Hasta ahora. Su último drama social, 'Dos días, una noche', que llega a los cines el próximo 24 de octubre, tiene como protagonista omnipresente a la oscarizada Marion Cotillard en el papel de una trabajadora aquejada de depresión cuyo puesto depende de la solidaridad de sus compañeros. No son los únicos directores que han hecho un esfuerzo por acomodar a la actriz francesa en su filmografía. En 2011, Christopher Nolan remodeló su esquema de trabajo en El caballero oscuro para sortear el embarazo de la intérprete y oponerla a Batman. El realizador ya había encomiado su prestancia en la gran pantalla cuando en 2010 la fichó para Origen: "Lo que veo en Marion, y resulta muy raro, es que su carisma, su presencia, combina lo exótico con lo accesible". No en vano, y a pesar de un suma y sigue de películas que ya supera el medio centenar, alabadas apariciones en la alfombra roja y su personificación de Lady Dior desde 2008, la actriz no se considera una estrella de cine. Si acaso, una antropóloga entregada al conocimiento de la 'psique' humana.

Cuando el año pasado presentaste en Cannes 'El sueño de Ellis' (James Gray, 2013), te manifestaste emocionada e incrédula por trabajar con los hermanos Dardenne. ¿Han cubierto tus expectativas?
Sí, ha sido una de las experiencias más extraordinarias que he vivido como actriz. Siempre quise sentir esta ósmosis con el director. En el pasado pensé que así iba a suceder, pero luego me sentí decepcionada. Sin embargo, con ellos he podido profundizar en los detalles tanto como he querido. Trabajan mucho para alcanzar la autenticidad.
Y tú, ¿cómo la has buscado para este papel, has investigado en los trances económicos y sociales que acucian a la clase trabajadora?
No tuve que hacer una investigación en profundidad, porque soy consciente del mundo que me rodea y de los problemas que nuestra sociedad ha creado al no ser capaz de situar al ser humano en el centro.
¿Hay algún trabajo anterior al de interpretación que te haya ayudado a conectar con el papel?
Sí, empecé a actuar muy pronto, pero no a ganar dinero, de modo que monté mi propia fábrica en casa para hacer llaveros que luego vendía en una tienda de chuches. ¡Y me permitía pagar mis impuestos! Me hubiera gustado tener fotos de esa etapa. Mi apartamento estaba tomado.
¿Cómo se te ocurrió?
Mi familia es muy creativa y cuando llegaba la Navidad utilizábamos Fimo, una marca de pasta moldeable que se metía en el horno. Así empecé a hacer llaveros.
¿Cómo estimularon tus padres esa creatividad?
Eran actores y su educación no se basó únicamente en la cultura que nos transmitieron, las películas que vimos, la música y la literatura, sino también en su aliento para ser espontáneos. Mi madre nos hacía la ropa. Y, por ejemplo, cuando éramos pequeños vivíamos en un apartamento en el que se decidió que todas las paredes nos pertenecían, así que podíamos dibujar lo que quisiéramos. Nuestros amigos venían para pintarlas. Recuerdo mi infancia como una etapa de gran libertad.
¿Qué hay de la depresión que sufre tu personaje, Sandra, cómo le das verosimilitud?
Hace un tiempo padecí el principio de esa enfermedad, pero soy bastante buena en cambiar la energía y tengo fuerza para sobreponerme. Me veo a mí misma como un campo de experimentación, así que de todas las experiencias que he vivido, incluso de las más duras, puedo extraer algo positivo.
¿Qué aprendiste de ese escarceo con la enfermedad?
En primer lugar, a no juzgar a los demás: si no sabes en qué consiste, no puedes hablar de ello y limitarte a decirle al afectado: "Venga, levántate de la cama, lávate los dientes, bebe un trago de agua y sal a la calle a sacudirte la tristeza". No es tan sencillo. Y en segundo lugar, corroboré una de las razones por las que adoro este trabajo: cuanto más exploro a los seres humanos y sus extremos, mi mente se abre más y más a la comprensión y el conocimiento del otro.
En el pasado te costaba sobreponerte a tus personajes. ¿Ya lo has superado?
Me sucedió con Edith Piaf en 'La vida en rosa' (Olivier Dahan, 2007), pero desde entonces he interpretado roles duros, como el de 'De óxido y hueso' (Jacques Audiard, 2012), de los que he conseguido sobreponerme. Ahora tengo claro que he de hallar la puerta de salida igual que he dado con la de entrada. Se ha convertido en una parte muy interesante del proceso, ya que no sé de qué manera me voy a meter en la piel de mis personajes, no tengo un método específico.
Fotograma de 'Dos días, una noche'. (Foto: Gtresonline) "Hace un tiempo padecí el principio de una depresión, pero soy bastante buena en cambiar la energía y tengo fuerza para sobreponerme"
Su encarnación de 'La Môme' le supuso un Oscar en 2007, y no cualquiera: el segundo otorgado a una actriz por un rol interpretado en lengua extranjera. Su antecesora fue Sofia Loren en 1961 por 'Dos mujeres' (Vittorio de Sicca). El papel de la célebre y atormentada cantante francesa le abriría las puertas de la cinematografía internacional. No por casualidad, su pequeño de tres años, concebido junto a su compañero, el actor y director Guillaume Canet, se llama Marcel, como el amado y llorado boxeador de Piaf, Marcel Cerdan, fallecido en un accidente de avión. Tras su metamorfosis física y gutural para interpretar al icono musical, le ha seguido todo un despliegue vocal que la acerca a la capacidad camaleónica de Meryl Streep. Por poner solo un ejemplo de los muchos ligados a su abnegación a los acentos, durante el rodaje de 'El viaje de Ellis', el director, James Gray, pidió a la actriz polaca Maja Wampuszyc que evaluara el deje eslavo de Cotillard en su papel de inmigrante arribada a EEUU. La única pega resultó cierta inflexión germana en su pronunciación. La respuesta de Marion fue que lo hacía a propósito, porque su personaje procedía de Silesia, situada entre Polonia y Alemania, según confesó a Variety.

En la rueda de prensa en Cannes de 'Dos días, una noche' declaraste que aspiras a interpretar a un hombre. ¿Qué reto te supondría este papel?
Hallar la forma de estar y la voz masculina. Conseguir la autenticidad suficiente para hacer creer a la gente que soy un varón. Parece imposible, pero lo quiero intentar.
¿Alguna vez has rechazado un trabajo por no sentirte segura de llevarlo adelante?
No, porque me encanta pensar que no soy capaz de hacer algo para ir a por ello. Aunque, claro, eso implica encontrarme en el set alguna vez pensando que un papel me viene grande.
Tu trayectoria se divide entre Hollywood y Europa, ¿te sientes mejor en producciones de presupuesto reducido?
Me adapto a todo. No siempre dispongo de un tráiler. Soy más de una cama y una buena cocina.
A tu pareja, Guillaume Canet, no le ha dejado buen sabor de boca su debut como director en Hollywood, con la cinta 'Blood Ties'. ¿De qué manera lo sobrelleváis?
Un director pasa dos, tres, cuatro años e incluso más tiempo de su vida con una película, y después, en una hora, el destino de su trabajo está vendido. Es superduro. Lo que le estoy transmitiendo es que, a pesar de ser su primer fracaso, yo la considero una de sus mejores cintas. Ahora necesita recuperarse de todos estos años, ha sido una experiencia muy ardua en tiempo y esfuerzo, pero lo importante es que el filme existe. Siempre soy muy honesta con los que quiero.
Al principio de tu carrera no te sentías cómoda cuando la gente se acercaba a ti. ¿Cómo lo llevas ahora?
Lo he superado y ya no salgo corriendo ni me pongo a llorar si alguien se aproxima a mí, pero en su momento fue todo muy embarazoso e incómodo. Lo que nunca voy a superar es verme en las revistas o reparar en mi cara en un cartel. Sé que forma parte del juego, pero va a resultarme raro de por vida.
¿Alguna vez soñaste con este nivel de proyección?
Quería ser actriz, contar historias y profundizar en la psicología humana, pero nunca pensé que pudiera explorar más allá de mi cultura.
¿A eso se limitaba tu interés por ser actriz, a la psicología humana, no había nada que te atrajera del oropel?
No quería glamour ni alfombras rojas, pero sí reconocimiento. Me resultaba muy duro lidiar con este deseo, porque pensaba que no era bueno necesitar luz y amor, que no era sensato por mi parte. Y, sobre todo, que era una contradicción con mi objetivo en la vida, que es la simplicidad. Pero después lo acepté.
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