Más conflictividad: copan los delegados dos fábricas

• UNA IMPRENTA REABRIÓ SUS PUERTAS PERO SIN TRABAJO.
• CRÍTICAS OFICIALES A LA IZQUIERDA.



Delegados sindicales adentro, empresarios afuera. La escena se repitió ayer en dos establecimientos industriales del conurbano bonaerense que comparten la condición de estar en conflicto por despidos y contar con representantes de los trabajadores identificados con partidos de izquierda. Los operarios y delegados de la gráfica Donnelley, de Garín, pudieron volver a la fábrica luego del cierre del lunes y a instancias de la tregua impuesta por el Ministerio de Trabajo provincial, aunque sin presencia de autoridades de la compañía. Algo similar ocurrió con los representantes de la autopartista Lear, de Pacheco.

Los movimientos de ayer parecieron sincronizados. Y no sólo por la actitud de los ejecutivos de Donnelley y Lear, ambas de capitales estadounidenses y que amenazan con poner fin a sus actividades en la Argentina por una supuesta intransigencia sindical, sino por las declaraciones de funcionarios nacionales, que coincidieron en responsabilizar a los dirigentes de agrupaciones como el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) o del Partido Obrero (PO) por las crisis en algunos sectores industriales. En esos términos se manifestaron el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

"Hay una estrategia para radicalizar las protestas", denunció Capitanich, para quien el objetivo es "horadar la confianza en el Gobierno". El funcionario llamó "idiotas útiles" a los gremialistas alineados con el Partido Obrero y advirtió: "No nos vengan a correr por izquierda. La verdadera izquierda revolucionaria en este país ha sido el peronismo y sus sindicatos". A su turno, Randazzo planteó en radio América que "el camino no es el conflicto por el conflicto". En la misma línea, el jefe del gremio de mecánicos (SMATA) le había dicho a este diario que la izquierda buscaba generar "una tragedia" en sus protestas.

En la imprenta Donnelley, que edita varias publicaciones de la editorial Atlántida, entre otros clientes, ayer se produjo una situación insólita: luego del cierre del lunes y del aviso de la empresa del comienzo de un proceso de quiebra, las puertas se abrieron a primera mañana para cumplir con la conciliación obligatoria dispuesta por Trabajo bonaerense. Sin embargo, no había dentro de la planta autoridades ni tareas por desarrollar. El personal, entonces, avanzó en trabajos atrasados por su cuenta.

"Es una situación atípica", le dijo a este diario el ministro Oscar Cuartango. Pidió sin embargo no anticipar conclusiones a la espera de una audiencia de esta tarde en su cartera.

Algo parecido ocurrió en Lear, de Pacheco. Tras varias semanas de inactividad, el Ministerio de Trabajo nacional acompañó a los delegados a la puerta de la fábrica y permitió su reingreso. Pero las autoridades de la compañía habían otorgado un licenciamiento al personal que recién culminará el jueves de la semana que viene.

En ambos casos, los funcionarios intervinientes dijeron sospechar que por encima de las razones económicas existen argumentos políticos: brindar una señal, en nombre del grueso de la industria, de que no se aceptará más a delegados de izquierda que actúen a espaldas de los sindicatos tradicionales.