Mataron a mamá
Mi nombre es Salvador y les quiero contar una historia muy especial. Es la historia de Berta, activista ambiental. (En la foto de arriba soy el de abajo a la derecha con la remera a rayas manchada y Berta es la señora del medio).
Berta Cáceres Flores era una luchadora hondureña defensora de los derechos humanos y del medio ambiente. ¿Su causa? El movimiento por la protección del territorio del pueblo indígena Lenca. ¿Su enemigo? El proyecto hidroeléctrico Agua Zarca, que quería construir una mega represa en el río Gualcarque, un río sagrado para nuestro pueblo en Honduras.
Acá está Berta en su lugar sagrado, el río.
La lucha de Berta no era solitaria. Es la lucha ancestral de un pueblo que no está dispuesto a que el color verde de nuestras montañas, que el sonido puro y espiritual de nuestros ríos, que el canto armonizador de los pájaros desaparezca. Es la lucha de un pueblo entero. Y también, es la lucha de cualquiera que defienda la naturaleza.
Pero Berta no era sólo una activista por el planeta.
Además de todo eso, Berta era mi madre.
¿Por qué te cuento la historia de mi mamá?
Porque a mi madre la asesinaron. El último 2 de marzo entraron a su casa y la mataron a tiros. La asesinaron por defender el planeta para el pueblo Lenca, por defenderlo para mí y para mis hermanos. Por defenderlo para ti también.
Berta era parte del COPINH, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras.
A Berta la asesinaron por entender que esta lucha va mucho más lejos de toda frontera y represión, que este sistema atenta contra la vida de nuestro planeta, que atenta contra las cosmovisiones de este magnífico mundo, que nos llama a la indiferencia, a no sentir cada injusticia en este mundo como algo que es injusto para todos, a convencernos de que no estamos juntos, a pensar sólo en nosotros.
Pero mi mamá no murió en silencio.
El estruendo de las balas se escuchó en todo el mundo. Pensaron que al matarla, la lucha y esperanza terminaría. NO FUE ASÍ. Olvidaron que ella sembró ideas libertarias, que su espíritu de fortaleza está con nosotros, que los sueños no se apagan con balas.
Se olvidaron que la lucha de mi mamá era la lucha de la alegría. Recordar las alegrías se hace difícil por momentos, pero no llevar con alegría esta lucha y nuestras memorias es impensable.
Mi nombre es Salvador Zuñiga Cáceres. Soy el hijo de Berta, hijo de su alegría y de su lucha. (En la foto de arriba estoy pidiendo justicia por mi mamá, delante de un mural en homenaje).
No estoy solo. Me acompañan miles. Y vamos a ser miles más en esta lucha.
A pesar de las balas estamos firmes. Ese fuego de lucha crece, traspasa fronteras, nos incluye a todos y todas, en búsqueda de justicia. A mi madre no la mataron. Regresó en millones.
Ayudame a hacer justicia por la memoria de mi madre, por el pueblo Lenca, por los ríos, por el planeta, por ti y por mí. Para que no silencien a más ambientalistas. Para que no puedan frenar nuestra lucha en defensa del planeta. Pide conmigo #JusticiaParaBerta: https://sites.greenpeace.org.ar/berta/index.php?taringapost1
Gracias por leer mi historia. Quiero conocer y responder sus preguntas sobre la historia de mi madre. Aquí los leo. Hasta pronto.
Una última cosa. Quiero dejarles un recuerdo de mi madre. Una de las frases que siempre repetía y que hoy todavía me acompañan:
“Tú tienes la bala. Yo tengo la palabra.
La bala muere al dispararse. La palabra vive al replicarse”.
Berta VIVE.
0No comments yet