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Matias Botbol: Taringa vale 50 millones de USD

En el mercado se asegura que rechazaron una oferta de compra por u$s 30 millones y valúan a la compañía en cerca de u$s 50 M.




Periodista: ¿Por qué en la Argentina son más grandes incluso que otras redes sociales, como Twitter?

Taringa: Creo que en el ambiente social la gente identificó a las principales redes sociales como una herramienta para lograr diferentes objetivos. Facebook es la vida de la gente; Twitter es la plataforma de microcontenidos; LinkedIn es laboral; y Taringa es la red social del contenido, donde yo entro a consumir contenidos, a compartirlos, a expresar lo que pienso. Además lo interesante es que si tengo algo importante para decir, lo pongo público en el sitio y la misma comunidad lo valora y gana exposición.

P.: ¿Por qué, pese al gran crecimiento que tienen, la marca no está impuesta como otras?

T.: Estamos en un proceso de crecimiento y depurado de marca. En la Argentina, Taringa estuvo un poco indefinido unos años atrás. Vinculado a foros, no se sabía muy bien qué era. Hoy lo tenemos un poco más claro. Tenemos en el país más audiencia de lo que cualquiera se pueda imaginar. Sin embargo, muchos clientes no lo saben. Hoy 8 de cada 10 argentinos navegan en Taringa.

P.: En algún momento la imagen era de un sitio donde se podía conseguir todo sin pagar, aún violando los derechos de autor...


T.: Desde el arranque estábamos mucho más enfocados en el producto, en desarrollar la empresa y lo que nos pasó es que se empezó a tomar una referencia equivocada de lo que nosotros pensamos que es Taringa o cómo se usa. Eso fue lo que nos llevó a que nos hagan una demanda (ver recuadro). Cuando pasó esto no supimos bien cómo manejarlo, nos equivocamos y terminó generando una repercusión negativa. Ahí nos dimos cuenta que teníamos que cambiar.

P.: Tras la denuncia de violación de derecho de autor, ¿qué medidas tomaron para evitar que se repita?

T.: El problema que existe en la Argentina es que no hay una ley que deje claro cuál es el procedimiento que tiene que tener un sitio como el nuestro con los contenidos generados por los usuarios. Es un problema que no es sólo nuestro, sino de cualquier sitio en el que la gente pueda generar contenido. Nosotros lo que hicimos fue armar un canal de denuncias y siempre funcionó bien, pero no tiene un respaldo legal.

P.: ¿Cuánto les afectó la decisión de restringir contenidos considerados como violaciones a derechos de autor?

T.: A nivel tráfico casi no nos afectó, porque la cantidad de visitas que teníamos con respecto a ese contenido no era demasiada. Por eso la imagen de Taringa estaba desvirtuada.

P.: Pero hay una corriente fuerte en internet sobre que el contenido debe ser libre, ¿cómo se posicionan?

T.: La discusión del copyright va más allá de internet, y cada uno de nosotros tiene una opinión al respecto, pero tratamos de no mezclarla. Entendemos que tenemos que cumplir con la ley. Sobre si es justa o injusta, es otra discusión, pero pasa por encima de la compañía.

P.: Hoy son considerados un real caso de éxito, ¿qué no volverían a hacer si arrancaran de nuevo?

T.: Creo que sería todo distinto. Por ahí lo que costó 10 años hacer ahora lo haríamos en 2, porque aprendimos muchas cosas con las que quizás podríamos hacerlas más rápido y mejor. Fue mucho de prueba y error.

P.: ¿Cuándo se dieron cuenta de que la realidad los había superado?

T.: Nunca se nos fue de las manos. De lo que nos dimos cuenta es de que determinados escalones que queríamos subir, si no arreglábamos diferentes cuestiones, no lo íbamos a poder hacer. Cuando uno empieza hace todo, desde ir al banco, cambiar una lamparita, hasta programar... Hay una etapa en la startup donde vos podés sostenerlo hasta cierto punto, donde si no fijás procesos, profesionalizás, definís roles, le das una identidad, una cultura a la empresa, no escala.

P.: ¿Por qué tuvieron éxito y otros grandes emprendimientos bancados por grandes capitales fracasaron?

T.: Lo que nos hizo diferentes es que desde el inicio estuvimos muy focalizados al producto y no a la ambición económica que sentíamos que había en ese momento. Internet era como una nueva fiebre del oro donde todos iban a hacerse millonarios y no nos subimos a ese tren, sino que tratamos de ponerle foco al producto y en encontrar algo que funcione. Trabajamos en eso sin tener, en su momento, rédito económico. Y eso creo que funcionó.

P.: Muchos inversores critican que haya empresarios de internet que sólo crean una empresa para venderla lo antes posible...

T.: Eso es porque no tienen el foco en el producto. A mucha gente lo que le pasó es que empezó a trabajar con la idea, que uno lo sigue viendo en startups de ahora, que lo que quieren es armar una empresa para dentro de 2 años, venderla y llenarse de plata. La verdad es que es más esfuerzo, tenés que tener suerte para que eso pase, y cuando alguien ve que se le está complicando dice 'esto no está funcionando' y lo deja morir.

P.: Se ven cada vez más variantes en internet y parecería que siempre hay espacio para nuevos negocios... ¿es así?

T.: Todavía hay muchas oportunidades para hacer buenos negocios en internet, cada vez que sale un dispositivo nuevo, como con los celulares, por ejemplo, es una nueva era en la que está todo por hacerse.

P.: ¿No creen que también hay fallas en los mismos emprendedores?

T.: Sí, hay bastante desconocimiento de emprendedores que no son de internet hacia el negocio. No es algo que se estudie en la universidad, no hay carreras de negocios online.

P.: Hoy muchos empresarios tradicionales que antes los veían como bichos raros a ustedes, se están volcando al online. ¿Por qué?

T.: Creo que es porque la gente ahora está usando realmente internet y la empezó a entender. Porque cuando empezamos ni siquiera se sabía lo que era un e-mail, parecía un bicho raro. A un tipo en la computadora lo tildaban de nerd...

P.: Ya hubo un crack de las punto com, ¿eso puede volver a pasar?

T.: No va a haber otra burbuja en internet. Antes, cuando ocurrió, era pura promesa, las empresas ni siquiera ganaban plata ni vendían. Era sólo una idea la que se estaba comprando. Ahora ya hay resultados, hay compañías internacionales que facturan miles de millones de dólares, y eso amortigua el riesgo. Obviamente, que uno puede invertir en una empresa de internet y le puede ir mal, pero que haya una caída a nivel mundial, como pasó en su momento, no creo que pase.

P.: ¿Los inversores se están volcando bien a internet o están cometiendo los mismos errores que antes?

T.: Hay de todo. Hay casos exitosos, hay algunos que están innovando y hay otros que se suben a la rueda que ya existe. Una cosa es el e-commerce y otra cosa es lo social. Esto último es mucho más desafiante, porque primero la audiencia te tiene que elegir, no hay un servicio detrás, es un producto lo que marca si la gente te va a elegir o no. En e-commerce hay otras variables más de precios, de oportunidad.

P.: ¿Qué ventajas y desventajas tiene la Argentina para desarrollar un negocio de internet?

T.: Como ventaja hay mucho talento. Muchos de los proyectos exitosos de la región y de EE.UU. han nacido acá. A nivel regional, la Argentina está parada entre los líderes de Latinoamérica en lo que es desarrollo de proyectos y de cerebro. La gente que encontrás acá, no la encontrás en otros países de la región. Aunque sean caros, hay. En otros países no hay y tenés que contratarlos de afuera. Otra ventaja es que como no somos un país del primer mundo, muchas veces uno puede ver lo que está pasando allá y podés copiarlo acá. Casos como Mercado Libre, las cuponeras, y una gran cantidad de productos que crecieron y se desarrollaron acá, copiaron un modelo que estaba afuera.

P.: ¿Cómo están sus ideas de expansión fuera del país?

T.: Están más relacionadas a una expansión comercial, de acercarnos más a los anunciantes. Sin tener en cuenta dispositivos como tablets y mobiles, en desktop tenemos 75 millones de usuarios únicos por mes, que entran por lo menos una vez por mes a Taringa. Y en mobile, que está compuesto por tablets y celulares tenemos 37 millones, creciendo a un ritmo muy fuerte. Esta distribución está más o menos en términos de desktop en 16,5 millones en Argentina, 14 millones en México; 8,5 millones en España; 5,4 millones en EE.UU., y el resto en la región (según Google Analytics). Hay mucho más potencial de crecimiento en México que en la Argentina. El mercado english-spanish también es muy atractivo, de hecho tenemos varios clientes allá sobre todo en mobile, que es el único país donde el tráfico de celulares de Taringa pasó al de desktop.

P.: ¿Están pensando abrir en EE.UU.?

T.: Sí, estamos trabajando en el desarrollo de negocios. No tenemos una oficina con gente trabajando, pero tenemos como un embajador que está en eso (NdR: en EE.UU. está viviendo desde hace unos meses otro de los socios fundadores, Hernán Botbol).

P.: ¿Y se ve allá interés por la empresa?

T.: Sí. Buscamos desarrollar negocios y eso nos ayudaría a posicionarnos mejor.

P.: ¿Qué hubiese pasado si la empresa la fundaban en EE.UU. ?

T.: No lo sé. En EE.UU. hay cosas que son mucho más fáciles de lograr que acá. Quizás no hubiésemos podido desarrollarnos o tal vez tendríamos una empresa internacional. En tráfico estamos por encima de compañías que valen millones de dólares y son todas de EE.UU.. Estamos ahí en el medio, no es poca cosa, cada vez que lo veo me impacta. Creo que hubiese impactado igual, porque el fuerte de Taringa está en el producto, no en el lobby, en quién está detrás.

P.: ¿Buscaron inversionistas locales?

T.: No, preferimos hacerlo directamente afuera.

P.: ¿Por qué?

T.: El norteamericano tiene menos miedo al riesgo que un argentino, y una mirada más global. No sólo buscamos dinero. También queremos que quien invierta en nosotros nos dé un aporte que nos permita codearnos con otros negocios que nos ayuden a expandirnos. Sin duda, Silicon Valley es mucho más fuerte de lo que puede ser el mercado local.

P.: ¿Qué fin tienen?

T.: Comprar a Google (risas). No, en serio: el éxito de Taringa nace en que todo esfuerzo se enfocó en que el producto siga siendo un diferencial en audiencia, y no por dejarse seducir por lingotes de oro que se prometían allá arriba. La misión de Taringa es la de compartir información, que puede ser de todo tipo y con diferentes formas de hacerlo. Lo que vemos es que hay mucho para desarrollar en que lo mismo que pasó en Argentina y Latinoamérica lo podemos hacer en todo el mundo.
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